El virus vino para salvarnos por Kevin Estiver Marín Martínez

pandemia_yepez

No soy de los que justifican las muertes o el sufrimiento de los afectados en cualquier tipo de crisis, por la consecución o aceptación de un fin mayor, por altruista que sea este; pero después de una buena reflexión gracias al tiempo que el miedo a este virus nos ha dado, he concluido que el virus nos ha salvado.

Todo tiene un final y la especie humana, me atrevo a asegurar, no es la excepción. La cuestión fundamental aquí es el tiempo ¿cuánto nos queda aquí en este pedacito de paraíso cósmico? Las teorías científicas de las ultimas décadas que especulan sobre el pasado que quizá fue y el futuro que nos espera, nos hace querer vivir el presente al máximo porque el mañana es cada vez más difuso y asmático, lo peor es que esa filosofía moderna de vivir al máximo porque la vida se acaba, nos legó a vivir corriendo, a ir a la par con el consumismo capitalista que se alimenta de los cimientos de esta gran casa en la que todos vivimos conocida en este lado del mundo como Pacha mama, Gea, Tellus o Tierra, entre otras.

Extrañamente, esta carrera hacia el vacío que iniciaron nuestros antepasados hace siglos, se ha hecho más reñida cuando la meta ya no es un misterio sino que deja ver el borde rocalloso de un profundo abismo, cuando el fin, es casi que una certeza. El corredor (nosotros) vislumbra la nada más allá de la meta y no sabe qué hacer, va tan rápido que no puede parar, no sabe cómo actuar si se detiene o camina lento porque lo único que sabe es correr, devorar, alabar la velocidad, ganar sin saber para qué.

El Covid-19, como una lección de un padre o una madre para su hijo más rebelde en la naturaleza (el ser humano) apareció para detenernos, para darnos tiempo, para observar, para reflexionar, para mitigar la aglomeración de la sobrepoblación y prepararnos para un gran abrazo colectivo hacia un mejor mañana, para decidir si cuando volvamos a ponernos en marcha iremos tan rápido como antes o no, si vamos hacia la misma dirección o, ahora que vemos detenidamente el camino, elegimos otra. Esta vez no hizo falta ningún diluvio, terremoto o lluvia de sangre para hacernos entender que por donde íbamos no había vía, que nos han vendido un falso progreso y que ningún alcalde gobernador o presidente tiene la verdad acerca de lo que es el progreso o la misma evolución, que la respuesta solo está en cada uno de nosotros y que hay que detenernos para hallarla.

Gea: madre dioses y de hombres ha entendido nuevamente las miopes mentes de nosotros sus hijos y nos ha mandado una escarmentada cápsula de tiempo para que el hombre, vuelva a pensarse, vuelva a reformarse y a reconstruir su forma de vida y si quiere, se salve (al menos por esta vez).

Deja un comentario