Extremismos culturales (II) /Por Mario Ramírez Monard

Para: Revista Digital Arrierías.

Como inicialmente argumentábamos en el escrito anterior, el Islam, es una secta religiosa que tiene severas limitaciones para la mujer sobre el derecho o la libertad de ejercer su propia sexualidad. Parten de la premisa de su “exposición” permanente al pecado o que inducen al pecado si no visten de formas determinadas, si no pasan desapercibidas ante los demás hombres de su comunidad. En muchas sociedades islámicas fundamentalistas, la mujer no puede acceder a sitios públicos sino es en compañía de un pariente directo; en otras no se les permite conducir autos; no tienen derecho a ser elegidas en cargos públicos, en fin, una serie de restricciones que a la luz de los derechos de otras organizaciones sociales, viola exclusivamente para ellas el derecho a la igualdad, de allí el postulado: “Dios misericordioso creo el deseo sexual dividido en diez partes; después dio nueve partes a la mujer y una al hombre”.

Con todas esas limitaciones, extrañamente abren una compuerta a disposición legal, el Sigheh,que es un acuerdo entre un hombre y una mujer, una especie de contrato de matrimonio temporal en el cual el hombre paga determinada suma de dinero a la mujer para tener una convivencia temporal que puede darse por unos minutos o por décadas. (1) Esta aparente libertad contrasta con otras determinaciones aberrantes que se aplica, generalmente en sociedades tribales supremamente atrasadas como es la ablación, esto es, una manera brutal de cercenar el clítoris a niñas en pubertad para que no puedan tener “goce” en su relación de pareja.

La clitoridectomía (cercenar el clítoris) y la infibulación (la extirpación de los labios y el sellado de la herida para dejar sólo una pequeña abertura para la orina y la menstruación), son prácticas que han costado la vida a cientos de miles de niñas africanas donde aún se practica semejante aberración en contra de la mujer. (2).

Además de lo anterior, el sexo extramatrimonial y la homosexualidad están prohibidos y los castigos, establecidos en el código islámico, son extremos: “En la ley islámica, la pena de muerte es opcional para el asesinato, pero obligatoria para adúlteros que hubieran podido satisfacer su apetito sexual legalmente con su cónyuge. Se conmuta la sentencia por cien latigazos si el adúltero no está casado, o si la esposa o esposo estaban enfermos o ausentes cuando se cometió el adulterio. En Irán todavía se llevan a cabo lapidaciones en caso de adúlteros” (3).

Hace varios años se dio a conocer al mundo la situación en Afganistán, país asiático donde la mujer era obligada a vestir ropas que tapaban todo su cuerpo, cabeza incluida, y sólo podían mirar a través de una rejilla situada a la altura de los ojos. No podían ir a la escuela, salir a la calle y en los hogares no había televisión y ninguna posibilidad de medios de comunicación que pudieran llevar a la mujer al “pecado”. Las mujeres no podían o asistir a deportes colectivos. Recorren las calles ciertos policías religiosos que con bastón en mano pueden castigar a golpes a hombres y, especialmente mujeres, que pudieran dañar la pureza religiosa del Islam. Es, en este país fundamentalista, donde más se ha aplicado la lapidación, esto es, la muerte de “pecadores” por apedreamiento.

Otra de las prácticas aberrantes es la referente a niñas que, antes de su pubertad, son dadas en matrimonio con hombres adultos aunque, es bueno aclararlo, hay casos dónde sólo le permiten a estas niñas “complacer a sus maridos” cuando ya han alcanzado algunos años más en su desarrollo femenino. Mientras tanto, ya casadas, permanecen en sus hogares bajo la custodia permanente de padre, tíos y hermanos quienes, a su vez, limitan todos los derechos para que la niña “casada” pueda cumplir los sueños de una niñez feliz con sus juegos, sus muñecas, sus intereses para luego ser entregada a su marido, generalmente un adulto mayor.

Los castigos que llevan a la muerte por lanzamiento de piedra de airados extremistas religiosos y hasta familiares que aplican a “violadores de los códigos del Corán”, se extreman en caso de homosexualidad. La investigación de la periodista Brooks lo describe en forma cruda y contundente: “Es difícil imaginar una forma peor de morir. Aunque los castigos establecidos para la sodomía homosexual, están descritos como más crueles todavía. Si los implicados son hombres casados, se les quema o se les arroja desde una altura hasta morir. Si no están casados, el sodomizado, aunque sea un menor, es ejecutado y el sodomizador recibe cien latigazos. La variación de las penas refleja la repugnancia musulmana ante la  idea de un hombre que toma el papel femenino de ser penetrado. El sexo lésbico, si las mujeres son solteras, acarrea cien latigazos. Las lesbianas casadas son lapidadas”. (4)

Es preciso aclarar que hay muchos países islámicos donde la mujer ha ido alcanzando derechos de participación en la vida pública; pueden lograr estudios superiores y ejercer sus profesiones en forma directa aunque con ciertas restricciones en sus actividades. Algunas pueden optar libremente por usar el chador, cubrirse o no hacerlo. No se permiten las exhibiciones sexuales en público y el pudor es la base del comportamiento de estas sociedades un poco más avanzadas dentro de la estructura religión-poder.

Las sociedades occidentales han desbordado -según juicioso criterio de algunos practicantes islámicos respetuosos de otras culturas-, sus derechos. No sé explican por qué la mujer es simplemente utilizada como objeto sexual, hecho que ejemplifican con la siguiente pregunta: “¿cuál es la razón que existe en sus países para promocionar un tarro de pintura, un coche, unas galletas, una comida y demás objetos de uso comercial, con mujeres desnudas o casi desnudas?

Hay una verdad insoslayable: La mujer en la historia de la humanidad, ha vivido en desigualdad con respecto a los derechos masculinos y son, especialmente, las organizaciones religiosas, las estructuras tribales anquilosadas en el pasado y el dominio total del hombre dentro de las familias patriarcales absolutas, quienes han impuesto esa supuesta superioridad. La aberrante muerte por lapidación viene desde tiempos bíblicos. Recuerdo los sermones de curas cuando se referían a un pasaje donde supuestamente a una mujer se le iba a lapidar y Jesús claramente dijo “quien esté libre de pecado, que lance la primera piedra”. Este pasaje comprueba la violencia que se ejercía sobre la mujer desde tiempos inmemoriales.

Terminamos este escrito planteando que sólo las mujeres, dentro de un marco de participación democrática, deben escoger su modo de vida sin que sea el hombre quien imponga sus necesidades, sus deseos y neutralice sus ideales(las de ellas, por supuesto), sus pretensiones. Son las mujeres quienes deben participar en las decisiones que competen a su condición de seres especiales por ser, precisamente, mujeres.

Las sociedades patriarcales, machistas y muchas veces misóginas, deben quedar atrás si pretendemos alcanzar la felicidad y la paz familiar, social y comunitaria.

POST SCRIPTUM: Los medios masivos de información actuales-para comprobar lo expuesto con anterioridad-, han dado a conocer la disposición del sátrapa en un pequeño reino ubicado en la costa norte de la inmensa isla de Borneo, un reino monárquico absoluto, que ha sacado una ley determinando la muerte por lapidación para homosexuales y la infidelidad para aplicar “las leyes del Islam”. Inimaginable esta aberración en pleno siglo 21.

  • Brooks, Geraldine. Un mundo bajo el velo. Editorial Grijalbo. Página 70.
  • Ibídem, página 58.
  • Ibíd. Página 73.
  • Ibíd. Página 74.


Mario Ramírez Monard

Un comentario

  1. Me encantan los escritos que he podido leer hasta ahora. Con Mario somos de la misma generación y mucho de lo que escribe, también lo he vivido. Gracias por dejarme recorrer en mi mente un pasado inolvidable.

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