Historias de vida.
Un pasaje de la vida, inolvidable
Por allá, entre los 60 y los 70, Las máximas atracciones y quizá las únicas que había en el pueblo, eran el matiné, el social y la vespertina y noche, que presentaban en los teatros Real y Alcázar.

La matiné, era generalmente los sábados y domingos, por la mañana. Para los más pequeños, era algo así como un premio, que le daban, si se manejaba bien en la casa, durante la semana, y si era aplicado en el colegio, las dos cosas iban de la mano. Cuando uno, hacía por hay una travesura, se le volaba a la mama, generalmente , para ir a jugar, el diez, bolas, o trompo, y de acuerdo, a cómo , regresara, con los pantalones y los zapatos embarraos, o el roto que le había hecho, al pantalón o la camisa, con el alambre de púas, que había intentado superar, casi arrastrándose, para rescatar el trompo puchador, que el ganador de la cuadra, le había mandado lejos, al potrero, con el trompo barrigón después de haberle dado, dos o tres miretes. Venia el regaño correspondiente y de acuerdo, con el tamaño de los rotos, y lo sucio que llegaba, venia el sermón y luego la pela: “culicagao, donde andabas, mira como volviste la ropa, y yo, pensando que te habías ido, a hacer las tareas, con fulano, espérate y veras, ahora que llegue tu papa, pa que arregles con él, y de una vez, le advierto, que el domingo, no habrá matiné, pa vos, culicagao, desconsiderao”. Y cuando llegaba el papa, la mama, le ponía la queja, con el cuerpo del delito en la mano, y uno, ya se había cambiao, y se había puesto la piyama y estaba agachado, en la mesa, haciéndose el que estaba estudiando, y llegaba el papa, con la pretina en la mano y primero, le completaba el regaño, y entonces, lo tomaba del brazo y procedía, a darle la pela correspondiente. Todo esto para contarles, sintéticamente, que, si uno quería ir a matiné, tenía que ser muy juicioso.
La ida a social, dependía de dos factores, primero, a usted ya lo dejaban ir solo, porque ya estaba, en el colegio, y estaba más grandecito, pero si la plática, para la entrada, salía del bolsillo del papa, entonces, todo dependía, sobre todo, de cómo le estaba yendo en el colegio, si era juiciecito y cumplía además con la hora, del regreso, cuando le daban permiso, para salir a la calle, a jugar, O a lo que fuera, y si uste se manejaba mal, pues no había ida a social, así de sencillo. El otro factor, que empezaba a jugar, para ir a social, era cuando usted, se había decidido a trabajar, los sábados, todo el día y el domingo por la mañana, en cualquiera de los graneros del pueblo, por ejemplo, donde Nabor, o con Belisario Vásquez, donde los Carvajal, en fin, y usted se ganaba la plática, que, ya no solamente, era para pagar, la entrada a social, sino que tenía que alcanzar , pa comprar el pan caliente, los tiples, y las quesadillas o el pastel, que vendían al frente del teatro real, en la Española, de don Honorio Salazar, y para el fresco, después de social. Ya por esas calendas, se convenía, con la pretendida, desde la noche anterior, sábado, tomándose un fresco, en la fuente o en el pepito, o mandándole razón, con la que le hacía, el cuarto, cuando, en la casa, no le aceptaban el noviazgo, con ese “muchacho”, la guardada del puesto. El teatro, tenía dos espacios, palco, que era la parte alta, en el segundo piso, y la sentada, era en unas frías graderías, de cemento, donde por supuesto la entrada era más barata. Entrabamos generalmente, a luneta, en la parte baja, y allí nos acomodábamos, el grupo de amigos, cada uno con su novia, apagaban la luz, y empezaba la película. Comenzaba entonces, el dulce sonar de los besos, o como decía marulo, el saboreo de la chupada de piña, tan anhelado, por todos, ya que las niñas de ese entonces, eran muy recatadas, y el social, era la oportunidad de la vida, para comenzar a disfrutar los placeres del amor.
La vespertina y noche, estaba reservada, para los adultos. Por ahí en épocas de vacaciones, se veían algunas parejas de novios, ya más grandecitos, y jóvenes que iban solas con sus papas.
Eran tiempos de vida, que jamás olvidaremos y que harán parte de la historia de un pueblo, que, a pesar de violencia, tuvo la fortuna, de ver crecer a sus hijos, como ciudadanos de bien.
VALENCIAGUIRRE 2020