En una edición anterior se escribió sobre el lenguaje en general, en esta ocasión dejamos a un lado el lenguaje de señas, el simbólico, el escrito, y nos centraremos en el proceso cerebral y anatómico de la producción de ese magnífico instrumento, que nos distingue de otras especies, el lenguaje oral.

Desde la facilidad oratoria, la locuacidad y la verborrea, hasta la amplia gama de trastornos en la producción y articulación de las palabras, todas, tienen que ver con un mecanismo que recorre un circuito cerebral que, si por alguna razón, se interrumpe, el lenguaje oral no se manifiesta correctamente.
Existen varias palabras con significación propia que designan y especifican diferentes disfunciones del habla: Dislalia, Disfemia, Ecolalia, Afasia del desarrollo; Disfasia del desarrollo; Retraso en el lenguaje; Trastorno específico del desarrollo del lenguaje; Trastorno del lenguaje y la comunicación, Disartria, entre otros.
Los maestros de preescolar y primaria son quienes primero captan, además de los padres, si existe alguna dificultad en el lenguaje oral del niño. La ruta de atención la puede iniciar la institución, siempre y cuando el docente visualice la disfunción, cosa que no siempre hace por falta de elementos pedagógicos en su formación magisterial.
Como un sistema computacional el software del lenguaje son las palabras que son producidas por todos los seres humanos sin importar el idioma, en tanto que el hardware es el procesamiento de esas palabras que se produce, en su gran mayoría, en el cerebro.
La lingüística, ciencia que estudia el lenguaje en los humanos, tiene dos subdisciplinas que estudian el lenguaje y el proceso cerebral. La Psicolingüística, estudia el lenguaje y el cerebro mirando el comportamiento de la gente. Es decir, desde afuera del cerebro. La neurolingüística, hace lo mismo, pero mirando dentro del cerebro los fenómenos que producen el habla.
La más antigua es la psicolingüística. Se remonta al Siglo XIX con médicos interesados en problemas del habla haciendo experimentos con pacientes bien fuera haciéndoles decir frases complicadas y observando su pronunciación, o leyendo documentos, como diarios maternos, que narraban el desarrollo del lenguaje en los niños desde sus primeras palabras. Entonces, el desarrollo, la comprensión y la producción del lenguaje son el objeto de la psicolingüística.
Todos los aspectos anteriores también los estudia la neurolingüística, pero desde adentro del cerebro. Mediante imágenes de resonancia magnéticas, (MRI)o scanner, miran lo que sucede cuando una persona ejecuta una tarea relativa al lenguaje. Y, de esta manera, los científicos tratan de hallar en que partes del cerebro se produce y como se transmite el proceso del lenguaje.
Aunque estas dos disciplinas no tienen una línea limitante precisa, lo que se conoce, hoy día, es que el cerebro de todas las personas trabaja de igual manera cuando producen y usan el lenguaje.
El mayor problema del lenguaje hablado es la incapacidad de expresarse y comprender lo que otra persona comunica, así como la lectura y la escritura. Es un síndrome denominado Afasia, por lo general, la afasia ocurre de repente. A menudo es resultado de una lesión en la cabeza o un ataque al cerebro. También puede desarrollarse poco a poco, como en el caso de un tumor en el cerebro o una enfermedad neurológica progresiva.
No existe edad, ni condición para perder el habla, desde la más temprana edad, hasta la madurez pueden, las personas, padecer afasia.
El cerebro humano se divide en dos hemisferios, izquierdo y derecho. En el izquierdo se desarrolla todo el proceso del habla en dos áreas y un vínculo o unión de conexión entre ellas. El área de Wernicke, llamada así por su descubridor quien la relacionó con la producción del lenguaje. El área de Broca, en honor a Paul Broca, responsable de establecer su relación con el habla. La interconexión entre ambas áreas no lleva el nombre de ningún investigador, se denomina arcuate fasciculus, o fascículo arqueado o arcuato, y, en neuroanatomía se identifica como trabecula septomarginalis.
No son exclusivas del lenguaje estas áreas, es más, el lenguaje parece estar distribuido a través de todo el cerebro en diferentes áreas, e inversamente, estas áreas tienen otras funciones, además del proceso del lenguaje.
Se han identificado dos tipos de evidencias con respecto a lesiones en esas áreas, ambas denominadas afasias. La afasia de Wernicke, o, Afasia fluida, las personas con afasia de Wernicke con frecuencia pueden producir un habla que suena normal y gramaticalmente correcta, pero el contenido real de su discurso tiene poco sentido. Palabras inexistentes e irrelevantes aparecen a menudo en las oraciones que producen, pues en realidad está vacío de contenido. Se caracteriza por circunloquios, con una alta incidencia de palabras vagas, neologismos y en general una «ensalada de palabras» sin sentido. Es fluente porque hay expresión, pero la oración, que puede ser completa, carece de lógica y significado entendible. Pueden saber que el libro está sobre la mesa, pero no pueden decirlo porque no identifican en su cerebro la palabra libro.
La Afasia de Broca, llamada no fluida, porque a pesar de hablar, lo hacen con dudas, pausas, o resumido. Pueden decir que el libro está sobre la mesa, porque lo entienden, pero dirán algo como “la mesa sobre libro”. Tienden a expresarse con una sola palabra.
Los problemas y trastornos del lenguaje son muchos, variados y tienden a mezclarse. De ahí la importancia de que la sicopedagogía y los maestros visualizadores de comportamientos y actitudes de sus estudiantes, hagan un seguimiento, control y tratamiento de estas manifestaciones anormales en el habla del niño que lo pueden conducir a un matoneo fatal, a la deserción o aislamiento social.