Música de Ayesha Radh / Por Umberto Senegal

Hay motivos obligándome a no prestar la música de la intérprete Ayesha Radh. Fue necesario, durante un tiempo, silenciarme sobre su desconcertante discografía circulando entre determinadas personas.

Hoy por hoy, algo es tolerado escribir para manifestar fascinaciones. Su música, parte de lo prodigioso que ha ocurrido en mi vida, es conciencia órfico-espiritual que impregna las mántricas metáforas de sus canciones. Ningún tipo de música que he escuchado, se parece al Nada-yoga de Ayesha. Con ninguna experimento la beatitud y percepción alerta del mundo que con ella enaltezco mi alma. No soy su discípulo. Ningún gurú está interesado en mí, irredento lobo estepario,  y yo no soportaría a ninguno interponiéndose en mi antigregario sendero.

Ni Ayesha, aunque su hija perturbe mi poesía y mi libídine. Es heterogénea la música devocional que conservo: bhajans, mantras, ragas, música sufí de Nusrat Fateh, ghazales de Nashenas, la obra musical de Zul-Funun (Bada-i guya). ¿Cómo no extasiarme con dicha música y sus funciones emocionales? Subyugante sonido de las tablas, en combinaciones que ni a Ravi Shankar le conocía. Luego de escucharla, acompañándose con la voz de su hija Aishwarya Devdas, la cual en una finca de Circasia me solicita sensual que continúe leyéndole rubaiyat de Omar Khayyam, Ayesha es viento suave de las montañas quindianas revelando secretos del Nada-yoga. No son iguales los susurros de la lluvia ni el balbuceo del río Roble entre su voz. La lluvia compone música con el agua que no alcanza a caer.

El agua ejecuta música con la lluvia que Ayesha y su hija no alcanzan a lloviznar. Al escucharla, salmos de hojas soltándose de los árboles, otros son los verdores de Circasia y otras las cigarras y los amaneceres, otro el concierto del tulipán africano con cuyas flores acicalé la cabellera de Aishwarya. No vuelven a ser los mismos Bach o Mozart cuando escucho la voz de esta nad yogini. Si algunas de las técnicas de meditación que conozco son eficaces en la medida que las practico, la relacionada con música de Ayesha y el ritual de Maithuna con su hija, ha sido la más efectiva en mis realizaciones. Con Radh no sucede lo afirmado por Gandhi: «La música de la vida corre el riesgo de perderse en la música de la voz». 

En esta, la música de la vida se encuentra en su voz. Su música oscila en espacios donde solo debía existir la respiración de Dios, el vuelo del pequeño insecto multicolor. ¿Cuáles metáforas emplear para dar una idea del efecto de su música? Suspiro de los quartz. Oración de los leptones. La luz expresándole su amor a la especie humana mediante ecuaciones religiosas. Computador de décima generación canalizando los cantos de Orfeo.

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