
No Soy de Aquí, ni Soy de Allá, dice la canción del reconocido cantautor Facundo Cabrales.
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La nostalgia del terruño extiende su tejido, para abrazar a los hermanos de una misma patria. Soy como la raíz que oculta, rompe las capas de la tierra, en busca de la fuente de agua viva.
– Una infancia feliz en la tierra que poblaron los Pijaos. Soy de donde estoy, del tiempo que me envuelve, de la inmigración de árabes, franceses, colonos y españoles. Jugué las rondas infantiles en la Ciudad Musical, las cuerdas y los coros del Tolima, sensibilizaron mis sentidos. Conocí la abuela, de la que mi madre calarqueña heredó la vos mezzosoprano, no escuché los cuentos ni las historietas, narradas por los otros abuelos, pero en la piel de mis padres, intuí la sabiduría y la nostalgia.
Soy de barro negro de la chamba del Guamo, como negro es el café de las montañas, de frutales con aroma de guayaba sin fronteras, del arriero tengo remembranzas, recuerdos campesinos, olor a mulas, cinchas, jáquimas, enjalmas, angarillas y zurriagos. Reminiscencias, de San Juanes, San Pedros y alboradas, de las ferias ganaderas en la tierra de algodón, arroz y platanales. Festejos familiares, donde nos bañaron los ríos: Cucuana, Luisa y el Saldaña.
Entallada en las formas que presienten el aroma de cedro, olivo y ahuahuete, enraizada de palma de cera y guaduales, enramada con los abedules que inspiran mi alma inquieta.
Cuando transito los rincones de mi patria, sé que tengo composición de atardecer llanero y fuego. Me despertó el frio de la sabana de Cundinamarca y el calor del compañero que también amo las letras, la ópera, los pasillos, los bambucos y las zarzuelas.
Mis hijos se levantaron con el alimento que da la Tierra del Milagro. Cuyabra por adopción, por herencia la honradez de mis padres y legado de libros que por mis manos van dejando huellas indelebles, amigos con piel de papel y voz en el silencio, transforman y reciclan la envoltura de mis pensamientos.
Los caminos transitados, me han revelado raíces conectadas con: la savia y la sangre, diferentes credos, libres pensadores, artesanos, redentores de la palabra, pinceles, recetas, tertulias, compañeros de andanzas y personas que en momentos fugaces he reconocido con el mismo código de hermanos.
Los años agradecen las estaciones, puertos que guardan una historia, cada metro de hogar tiene memoria. Mi cuerpo es la casa que se remodela con abrazos, me detienen los niños que necesitan ser amados y comparto el silbato de un barranquero enamorado.
De sancocho y frijolada, mamona y ajiaco, quibes y tahini, trigo y maíz, lechona y amasijos, subidos y tamales, avena, cubana y sirope. Festejo con una copa vacía o una copa llena, de maíz mis venas, de arepa con tragos de “chaqueta”.
Mis raíces son viajeras y se subliman en la distancia, entre la tierra y las nubes.
Soy ciudadana del Planeta Tierra, con pasaporte al día, vivo sin fronteras.
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Lo que Soy
Un poquito de nube y de sol
Estrella y lucero soy cuando duermo
Un poquito de mango y guayaba
Café yerbabuena y limón
De agua y pez
También alada
De ilusión la aurora
De aroma suspiro un jardín
Soy un reflejo del arco iris
Del amor soy lo que soy.