Para. Arrierías 33

“Oyendo los gritos de alegría que subían de la ciudad, Rieux, tenía presente que esta alegría está siempre amenazada. Pues él sabía que esta muchedumbre dichosa ignoraba lo que puede leer en los libros, que el bacilo de la peste no muere ni desaparece jamás, que puede permanecer durante3 decenios dormido en los muebles, en la ropa, que espera pacientemente en las alcobas, en las bodegas, en las maletas, los pañuelos y los papeles, y que puede llegar un día en que la peste, para desgracia y enseñanza de los hombres, despierte a sus ratas y las mande a morir en una ciudad dichosa”. 1
El anterior es el último párrafo de la novela del gran escritor, Albert Camus (1913-1960) donde, descarnadamente, relata la forma en que un virus letal destruyó miles de vida ante la impotencia de la humanidad. Lo había leído décadas atrás cuando culminaba mi licenciatura en Ciencias Sociales en mi muy recordada Universidad del Quindío.
Entre brumas, manes de la edad, recordaba nebulosamente algunos apartes de la magna obra. El nuevo corana virus, o (Covid -19), la pandemia que aterroriza al desarrollado mundo actual, ha generado inquietudes personales, razón por la cual decidí releerla y, oh, gran sorpresa, es casi como si el autor viviera en este siglo 21 (murió muy joven en Francia víctima de un accidente de automovilístico un 4 se enero de 1960).
La trágica historia del relato novelístico es en un ataque viral en Marruecos 1849, pero el gran literato la desarrolla como si fuera en la década del 40 del siglo 20. Si leemos el texto al dedillo, podemos deducir que está narrando el virus atacante en la actualidad a este mundo súper desarrollado pero completamente deshumanizado. Citaré algunas reflexiones y párrafos del libro y usted, amigo lector, podrá comparar las épocas con la seguridad de estar viviendo hoy, ese ayer descrito por Camus, premio Nobel a la temprana edad de 44 años. Empezamos:
- “La treintena de pestes que la historia ha conocido había causado cerca de cien millones de muertos”. Página 38
- “Se creían libres y nadie será libre mientras haya plagas”. Ibídem.
- “Las salas estaban equipadas para cuidar a los enfermos en un mínimum de tiempo posible y con el máximum de probabilidades de curación. Algunos artículos suplementarios sometían a la desinfección obligatoria el cuarto del enfermo y el vehículo de transporte. En cuanto al resto se limitaban a recomendar a los que rodeaban al enfermo que se sometieran a una vigilancia sanitaria”. P. 49.
- “Pero si esto era el exilio, para la mayoría era el exilio en su casa”. P. 64
- “La declaración obligatoria y el aislamiento fueron mantenidos. Las casas de los enfermos debían ser cerradas y desinfectadas, los familiares sometidos a una cuarentena de seguridad. Los entierros organizados por la ciudad en las condiciones que veremos”. P.58
- Por las noches, la multitud llenaba las calles y crecían las colas a las puertas de los cines. La epidemia parecía retroceder…..Después, de golpe, subió como una flecha. El día en que el número de muertos alcanzó otra vez la treintena, Rieux se quedó mirando el parte oficial…..”tienen miedo”. El parte oficial establecía: “declaren el Estado de peste. Cierren la ciudad”. P. 58.
- “Mientras unos continuaron su vida insignificante adaptándose a la reclusión, otros, por el contrario, no tuvieron más idea desde aquel momento que la de evadirse”. P.83
- “Los periódicos publicaron decretos que renovaban la prohibición de salir y amenazaban con penas de prisión a los contraventores. Había patrullas que recorrían la ciudad”. P.92
- “Esta peste era la ruina del turismo”. P. 95.
- “Se tuvo la idea de aislar, en el interior mismo de la ciudad, ciertos barrios particularmente castigados y de no dejar salir de ellos más que a los hombres cuyos servicios eran indispensables”. P. 138
- “La única medida que pareció impresionar a todos los habitantes fue la institución del toque de queda. A partir de las once, la ciudad hundida en la oscuridad más completa, era de piedra”. P. 140
- “A partir del momento en que la peste se apoderó realmente de la ciudad, entonces su exceso mismo arrastró consecuencias muy cómodas porque desorganizó toda la vida económica y produjo un gran número de desocupados”. P.144
En fin, inevitablemente pude concluir que esa peste, en ese contexto de más de 160 años de acontecimiento, es muy poco difiere en comparación con lo que estamos viviendo en la actualidad. Esta pandemia desnudó al ser humano en su forma de ser, en su egoísmo, en tratar de obtener una vida de lujos y comodidades en el exceso mientras millones de seres humanos padecen el hambre, la miseria sin un Dios que resuelva el problema que unos humanos han creado. No en vano Camus, en una frase inolvidable dentro del mismo texto decía: “seguramente Dios no existe, si existiese, los curas no serían necesarios”. P. 97.
POST SCRIPTUM : En el prólogo del libro, el editor del mismo resalta una frase que desvela el sentimiento humanista de Camus: “Salvar el hombre a través del amor y la razón; protegerlo contra el mal natural y la opresión social; confiar en su naturaleza, que es buena, luchando contra su destino, que es adverso; y no recurrir jamás sino a sus solas fuerzas humanas: Tal es, aclarado por la conciencia de un absurdo que ha estrechado singularmente su campo, el humanismo de Camus. Reivindicando lo mejor del espíritu humano”.
- CAMUS, Albert. LA PESTE. Segunda edición Editado por Comcosur. Bogotá 2019