¡Qué tan complicada y difícil se ha convertido la situación generada por la aparición del coronavirus!

Entre más pequeño y desconocido es nuestro enemigo, más complicado será el derrotarlo.
Mucho he alertado sobre la aparición, dimensión, consecuencias y posibles métodos para buscar el apaciguamiento de la pandemia. Sin embargo, y como cada día trae su afán, con cada nuevo amanecer, aparecen nuevas y sorprendentes revelaciones acerca del devastador paso del COVID-19 por el planeta y por nuestro país.
Cuando pensábamos que el pico de la pandemia para Colombia estaría calculado para los últimos días de Julio y el primero de agosto del presente año, vemos con desilusión que el gobierno anuncia que según proyecciones de los expertos el pico de infestación seria hacia el mes de septiembre o de octubre, aumentando los problemas de salud física, mental, económica y social.
Y vemos el efecto devastador que para nuestro país representa las repercusiones, especialmente, en el tema de atención a los gravemente infectados, debido a la carencia de suficientes unidades de cuidados intensivos UCIs y respiradores. Pero también sorprende, gratamente, que para estos días en el departamento del QUINDIO el desempeño de los niveles de contagio y atención a los infectados por este virus sean extraordinarios buenos, aun, cuando sus fronteras estén abiertas y este rodeado por departamentos que si están en niveles críticos.
Y en la tarea de averiguar qué está pasando en esta hermosa región del país, averigüe sobre el tema con la primera autoridad del departamento el gobernador, doctor ROBERTO JAIRO JARAMILLO CARDENAS, quien muy amablemente me dijo con mucha claridad y sinceridad: “hemos acatado todas las normas y recomendaciones del gobierno central, hemos invitado a todos los habitantes del departamento a que se cuiden y respeten las recomendaciones generales para evitar el contagio y hemos instruido a todos nuestros funcionarios para hacer nuestro mejor esfuerzo para enfrentar este mal”. Sin embargo, hay algo que al burgomaestre lo llena de satisfacción y admiración: “he invitado a todos los sacerdotes y pastores de iglesias para que juiciosamente hagan jornadas de oración y ayuno constante y así lograr que la gracia divina nos cubra y proteja especialmente de este virus”.
¡Qué lección de humildad frente a quien es todopoderoso! (para nosotros los creyentes).
Sé que en alguna causa escepticismo estas afirmaciones, pero lo que sí creo con toda convicción es que “la palabra tiene poder” y que “la oración sana y cura todos nuestros males”.
Como lo he manifestado en mis anteriores escritos, el control efectivo del COVID-19 se logra con nuestras propias prácticas: uso permanente de tapabocas, lavado continuo de manos, distanciamiento social, inhalaciones de vapores de eucalipto, gárgaras de agua caliente acompañada de sal, toma de bebidas calientes que alcalinicen el cuerpo y tomar tinto de manera permanente entre muchas otras acciones. Pero si estas prácticas la acompañamos de la oración y ayuno…podemos derrotar el poder devastador del coronavirus.
Tenemos las personas que vivimos en el campo el privilegio y la oportunidad permanente de respirar aire puro y vivir aislados de las conglomeraciones humanas. Pero la verdadera vacuna contra el coronavirus está en nuestra responsabilidad para prevenir el contagio.
“la oración tiene poder para derrotar el coronavirus”.