La Calle del Muerto y el mito urbano / Por Ernesto Díaz Ruiz

Más conocida como El muerto, la escultura del artista Caleño, Jaime Piedrahita Rivera llamada originalmente «Guerrero En Reposo», ubicada en la ciudad de Santiago de Cali, en Colombia.

HISTORIA DE LA ESCULTURA, ANTES DEL MITO

La obra fue realizada por el artista Jaime Piedrahita Rivera para un festival de arte realizado en la ciudad en 1964. El modelo para esta obra fue el actor y dramaturgo, Iván Barlaham Montoya Montenegro* – (Quindío, septiembre 30 de 1929 – Cali, agosto 24 de 2017)


La escultura como fue ubicada recién llegada al barrio Miraflores

LA CALLE DEL MUERTO, LA CALLE DEL MITO

En 1952, 17 años antes del mito, en la calle donde actualmente está la escultura «Guerrero En Reposo», apareció en la madrugada el cadáver de un hombre que, según las autoridades, habría sido asesinado en el barrio Guayaquil y dejado en el sitio donde fue encontrado, al no poder sus asesinos seguir el viaje a Jamundí, donde arrojarían el cadáver, ante la proximidad del amanecer. Desde entonces la calle que se llamaba, como la parroquia del barrio: “Calle de la Santa Infancia”, comenzó a llamarse “La Calle del Muerto”. Posteriormente con la llegada de la escultura al barrio, ésta se adhirió a la leyenda popular que empezó a relacionar el monumento con el primer muerto aparecido allí, por la violencia en la ciudad.


La escultura como fue ubicada recién llegada al barrio Miraflores


LA HISTORIA DEL CHISME – EL GIRO DEL MITO
Investigación hecha por mí de lo contado en varios medios y en largo tiempo por Iván Barlaham Montoya,
quien modeló para la escultura original y luego fue su propietario.

Al comienzo de los años sesenta, la actriz y promotora de las artes Fanny Mickey, realizó los Festivales Internacionales de Arte de Cali. Las artes rodaban por las calles y parques de la ciudad, como turistas. La ciudadanía pudo apreciar estos eventos de las artes plásticas, música, danza, teatro, poesía y belleza.
En uno de esos festivales, en 1964, aparecen las estatuas o esculturas, como manifestación.
Una de esas esculturas era Iván Barlaham Montoya Montenegro quien en esos tiempos hacía de modelo desnudo en el Instituto de Bellas Artes de Cali. Durante muchos años esa fue su profesión y financió su pasión: el teatro. Iván tuvo oportunidad de modelar en Rennes, Francia, Puerto Rico, Guatemala y en Cali, sucursal del cielo. Entre los profesores de Bellas Artes estaban: Ernesto Buzzi, Héctor Fabio Oviedo y Jaime Piedrahita, escultor del “Guerrero en Reposo”, la estatua que hoy reposa en un andén en la “Calle del muerto” y para la que fuera modelo Montoya. Un tiempo después Jaime se la vendió a Iván por $1.800.
Jaime llegó a tener varias esculturas y obras de artistas locales y grandes maestros, pero las dificultades propias de la vida de un artista lo llevaron a “feriarlas”. Esa suerte no la corrió la poco agraciada “Guerrero en Reposo” y se la regaló a su sobrina Fanny Martínez.
La escultura, en cemento armado, estuvo un tiempo en el barrio Colseguros. Allí empezó una extraña situación: empezaron a aparecer flores, ofrendas y papelitos con mandas y ruegos por sanidad, prosperidad y otros milagros, a lo “José Gregorio Hernández” el médico “virtual” venezolano.
Algunas señoras, hasta le rezaban pidiendo la pronta recuperación de un enfermo o la liberación de un hijo, preso por cualquiera de las causas que se llevaron un montón de jóvenes de la época: el delito común, la rebelión o el narcotráfico.
Doña Fanny, la sobrina de Jaime, se pasó en 1969 a vivir al barrio Miraflores, ceca al club Noel y la escultura hizo parte del trasteo. Tal vez porque no cupo dentro de la casa ella la puso en el antejardín y luego, cuando Doña Fanny se fue de esa casa, las monjas que la compraron pusieron el monumento en el andén. Tal vez querían que se la llevaran en el camión de los escombros. El camión nunca se la llevó.
Al igual que en su anterior ubicación, la escultura empezó a recibir ofrendas florales y oraciones por parte de la comunidad. Esa práctica ya se extinguió.
Alrededor de esta simpática escultura se han construido un millar de fantasías y retorcidas historias, desde una que dice que la dueña de casa, hastiada de las infidelidades de su esposo, lo asesinó y mandó esculpir la efigie para burlarse del fallecido y de las autoridades que nunca pudieron comprobar el homicidio (el tipo desapreció sin dejar huellas), hasta otra que dice que un indigente falleció allí y el escultor lo “embalsamó” en cemento. Así que dentro estrían los macabros restos del anónimo cadáver, aunque nadie pueda explicar cómo cupo un cuerpo adulto en tan pequeño recipiente. Ese dato no importa.
Así se construyó este mito urbano.

Todas esas historias son más atractivas que la sencilla verdad: esa es una modesta obra de un más modesto artista, posada por un no muy modesto modelo y tirada en un andén donde, en vez de ser escombro que rellenó algún ejidal, ahora es el símbolo y nombre superpuesto de una calle de esta pintoresca comarca, la Cali ancestral que está desapareciendo arrollada por esta modernidad sin memoria y, si se descuida, sin pasado.
Hoy yo vivo en el barrio Miraflores, arriba de otro mítico lugar: “Miracali” un estadero-bailadero, desde donde podías ver todo Cali mientras te tomabas una “fría” y donde, a finales de los ochentas, invité por primera vez a la madre de mi cuarto hijo, pero es otra historia.
Cuando voy para mi casa, en taxi, digo: “Ve, llevame a Miraflores, por la Calle del Muerto, pa arriba. Todos me entienden y algunos hasta me dicen: ¿por Miracali? Yo contesto que sí, aunque Miracali hace más de 20 años que no existe.

*»Iván Montoya encarnó como muy pocos creadores del arte y la cultura, en Colombia y en nuestro tiempo, el ideal legendario del hombre de teatro integral: actor, director y dramaturgo a la vez. Se radicó en Cali procedente de Sevilla, Valle, su terruño de crianza, a mediados de los años 50. Recibió sus bases como actor en el Teatro Escuela de Cali (1960), convertido más tarde en el Teatro Experimental de Cali-TEC (1969), bajo la dirección de Enrique Buenaventura.
Tras su paso por el Teatro Popular de Bogotá-TPB, en la época de Fanny Mickey, retornó al TEC (1971) y durante los últimos 30 años formó parte de la Escuela Departamental de Bellas Artes (donde se pensionó), Titirindeba, Barco Ebrio del Teatro Salamandra y Teatro La Concha, además de varios grupos de su creación, con actuaciones memorables en escenarios de América, Europa y Asia. Durante 16 años consecutivos representó a Jovita Feijoo, en el desfile de Cali Viejo, en el marco de la Feria de Cali.
Como dramaturgo ganó con El brindis, el Premio Jorge Isaacs de Autores Vallecaucanos 2003, y con Elogio a la locura, el Premio Nacional de Dramaturgia del Festival de Teatro de Cali 2006.
Deja más de 100 obras de teatro inéditas, así como varios libros de poesía, cuento, ensayo y memoria».

Fuente: https://escritoresvallecaucanos.com

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