Historias de vida / Por Héctor Fabio Valencia Aguirre

A mi padre.

Por estos días a raíz del nuevo viaje del hombre al espacio, empecé a recordar a mi padre, que, para información de muchos, se llamaba, José Ramón Valencia Sánchez y como anuncian en los tiempos de ahora, en los parlantes de la Basílica de San Luis Gonzaga de Sevilla, cuando alguien se marcha hacia la otra vida: lamentamos informar que el señor, fulano de tal, a quien sus amigos le llamaban cariñosamente Trompe Vaca, descanso en la paz del Señor.

Toda esta retahíla para decir que a mi padre le apodaban, como dice chucho, el locutor de radio vaticano, que llamaban cariñosamente al finadito. Bueno, vamos entonces a lo que vinimos, corría el año 69 del siglo pasado, y a través de los medios de comunicación, de la época, la radio y la T.V. en blanco y negro, emitían la noticia de la llegada del hombre a la luna, como uno de los acontecimientos más importantes de la historia de la humanidad. Mi padre, se sentó al lado del radio, y empezó a escuchar con mucha atención, la noticia del siglo. De un momento a otro, se paró de la silla y musito con cierto aire de incredulidad y la picaresca que lo distinguía:” UMMMH”, no me crean tan pendejo, si no han venido los de la luna, que es bajando, ahora menos, van a llegar los de la tierra, que es subiendo.

Foto de la web – Llegada del hombre a la luna…

Aquel 20 de Julio, de1969, la llegada del hombre a la luna, le había generado a Ramón, grandes dudas. Su malicia indígena no le permitió aceptar jamás aquella “realidad” y durante toda su vida, nada ni nadie logro hacerle cambiar de idea, los argumentos más consistentes, se quedaban siempre en la misma respuesta: UMMMH.

Desde hace muchos años han surgido numerosas teorías y documentales que consideran que la llegada del hombre a la luna fue todo un engaño, una farsa. Y es entonces cuando, con más cariño, recuerdo a mi padre, que se atrevió, desde el primer momento a poner en tela de juicio, aquella gran epopeya humana. No necesito mucho de tener grandes conocimientos sobre astronáutica, le basto con un poco de sentido común y una gran dosis de esa malicia, que caracterizo a toda esa generación a la que el perteneció.

Muchos años después, Arturo Zapata, “Arturo lo viste”, habría de reafirmar la teoría de Ramón, cuando le preguntaron su opinión, alrededor de la llegada del hombre a la luna y respondió con un IS, que, en la jerga de aquel entonces, traducía: No me crea tan pendejo. IS, era la negación de todo en el lenguaje de turito, como también llamaban cariñosamente sus amigos a Arturo Zapata.  

Mi padre y Arturo, descansan, hace ya un tiempo, primero mi padre y luego Arturo, muy cerca de la luna, con la esperanza de que, a ese mismo lugar, llegue cualquier día o noche, uno de los tripulantes de la Apolo 11, para confirmar su teoría.


Héctor Favio Valencia Aguirre.

Biografía de un desconocido amante de la vida:

Nació en Sevilla valle a mediados del siglo pasado

Todero por naturaleza

Periodista y locutor en varios medios y de otros periodistas en Colombia

Ex miembro de la asociación colombiana de locutores

Tecnólogo en formación de líderes en recreación y programas recreativos

Director del programa de recreación de Cafam

Amante de mi pueblo, es tal vez  el título más importante que me ha dado la vida.

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