Educación presencial y virtual / Por Jairo Sánchez

Es posible que la comunicación interpersonal entre docentes y alumnos se traslade, cada vez más, del aula a un dispositivo personal. El tiempo, el temor, el autocuidado y las condiciones a futuro serán las rectoras de esta nueva escuela.

La presencia del maestro en el aula, frente a su grupo numeroso o reducido de alumnos, en todos los niveles de la escolaridad, aprendiendo, enseñando, confrontando, induciendo, deduciendo, planteando, retroalimentando, examinando, logrando y cosechando frutos, tiene su fundamento histórico en los grandes pensadores griegos: Sócrates, Platón y Aristóteles, quienes confrontaron la educación que recibía el pueblo con la de las clases altas y, mediante el método socrático que hoy conocemos, se creó la figura del maestro rodeado de alumnos, primero en grutas escondidas, y así, sucesivamente, en salones, talleres, laboratorios, aulas magistrales, aulas inteligentes, pero siempre con un maestro al frente.

La presencialidad, no es llenar a un alumno de saberes, conocimientos, datos, fechas y referencias que bien puede extraer de los libros. Es encauzar esa mente hacia metas precisas de madurez, socialización e inclusión en el mundo que lo espera.

Al hablar de «método socrático» no se alude tanto a unas técnicas y procedimientos concretos que respondan a una idea unívoca y rigurosa (de hecho, no existe un acuerdo unánime sobre qué significa y en qué consiste) sino más bien a una actitud, a una manera de ver el mundo y de comprender la realidad. La ironía –el reconocimiento de la propia ignorancia– y la mayéutica –el arte de ayudar a dar a luz– serían los dos momentos fundamentales de esta disposición existencial que lleva al profesor a comprometerse con la educación moral de sus alumnos, fomentando su madurez intelectual mediante el diálogo, el autoanálisis y la reflexión.1

Las principales dificultades para implantar el método socrático en las aulas residen en el elevado número de alumnos, la escasa cercanía y confianza que existe entre el profesor y los estudiantes, el supuesto estatuto del docente como autoridad en plena posesión del conocimiento, las exigencias curriculares y la necesidad de evaluación de unos contenidos y de un temario concreto. Sin embargo, los profesores deben esforzarse por llevar a las aulas el afán de examinarse a sí mismo y a los demás, la búsqueda de la definición universal y la finalidad pedagógica de conformar buenas personas. El propósito último debe ser fomentar el pensamiento autónomo y crítico entre sus alumnos, así como propiciar su madurez intelectual y moral.1

La enseñanza, cualesquiera sean los contenidos, va acompañada del respeto, confianza, comprensión, conocimiento del alumno. La actitud del maestro hacia los alumnos hace que éstos lleguen a idealizar una figura de ejemplo y se creen lazos mentales que se asemejan a los “zapatos viejos” del tuerto López.

La pro, la seño, el pro, el ticher, la señorita, el maestro, la maestra, la profesora, el profesor, son denominaciones comunes en el lenguaje estudiantil de la infancia que se proyecta en las diferentes edades y se valora o rechaza.

El maestro en el aula de clase es artesano de procesos cuando enseña a coger un lápiz, a trazar una recta, medir un ángulo, definir un trazo de las primeras letras, elaborar un proyecto, crear una maqueta, diseccionar un insecto, elaborar un plano, identificar una patología, o dirigir un estudiante de medicina en su primera cirugía.

Es un identificador de maltratos, hambre, necesidades, enfermedades y buenos momentos de sus alumnos. Es un padre, sicólogo, médico, policía, mediador, sacerdote, humorista, payaso, innovador, amigo y comunicador de saberes. Todo esto se hace en un salón de clase. Quien siendo maestro no lo haya hecho, debería bajarse de ese bus.

Esto es presencialidad y se siente tanta felicidad al oír a un alumno encadenar las letras aprendiendo a leer, como saber que la tesis o proyecto de grado de su alumno fue exitosa.

Los lazos de amistad y gratitud se forman en todos los niveles. Casi todos recordamos un maestro o maestra de nuestra niñez, del bachillerato y nuestros docentes amigos de la universidad. Lazos nacidos del contacto, casi familiar, con ellos, por la presencialidad.

Foto por Avelino López

La Educación Virtual.

Nace como una hija de la Educación a distancia que ya, hace años, está implantada e implementada en el mundo y Colombia. Muchos maestros se capacitaron y titularon con la opción de ir a la Universidad una vez por semana, recibir los módulos, intercambiar opiniones, presentar exámenes y reforzar contenidos.

Con la llegada de Internet, los módulos fueron reemplazados, en buena parte, por las instrucciones llegadas en los correos electrónicos y más tarde usando plataformas de comunicación donde la educación se volvió instruccional. Aparece con esta metodología el Sena, La Universidad abierta y a distancia (UNAD), los cursos de extensión, los cursos gratuitos, la actualización permanente en casi todas las universidades del país, y, por supuesto, a nivel mundial, el ofrecimiento de cursos, capacitaciones, carreras, especializaciones e, inclusive, maestrías están disponibles. WWW.COURSERA.ORG, por ejemplo.

En este tipo de educación el maestro es el receptor.

Con las medidas para prevenir la diseminación del COVID-19, los maestros de todos los niveles, sin la preparación en el manejo de plataformas, utilidades, apps, e inclusive con un celular solo para llamar y atender, tuvieron que adaptarse, al igual que los alumnos, a una nueva educación, la virtual. Y, sin pensarlo se convirtieron en emisores del mensaje educativo.

Por fortuna para muchos estudiantes de preescolar y primaria, principalmente, sus padres y hermanos mayores se convirtieron, de la noche a la mañana, en receptores del mensaje por WhatsApp, por correo electrónico u otro medio y fueron introduciendo a los niños en este mundo sin contacto físico con su maestro, solo visual, en algunos casos.

El maestro, cogido desarmado, y para responder a las exigencias proclamadas por televisión, haciendo uso de su recursividad, tampoco se quedó atrás. Sobre la marcha, muchos estudiaron, preguntaron, se autocapacitaron y alfabetizaron en el manejo del computador y plataformas.

Muchas horas de trabajo, de organizar guías para hacerlas llegar, de adecuar el trabajo al entorno del estudiante. De razonar el qué hacer con el alumno sin esos dispositivos, retomó su creatividad, ingenio e innovación y ahora, transcurridos varios meses de virtualidad, la ven como una opción razonable que muchas veces ni siquiera pensaron pudiera hacerse.

El maestro extraña sus cinco alumnos de la escuela nueva o los 45 de la escuela, colegio y universidad, pero reclama y exige, con justa razón, condiciones para volver a los salones a interactuar y socializar con los estudiantes.

El trabajo, para el docente comprometido, se ha duplicado en tiempo y labor y reconoce que, a pesar de esta transición, la educación presencial la necesita el niño, el impúber, el púber y el adolescente, pues su desarrollo emocional, físico y cerebral, el entorno social y la socialización no se logran frente a la pantalla de un celular o un computador.

La pelota está en manos de quienes deben proporcionar las condiciones. El maestro, como buen maestro, se adaptará a lo que sea. Pues la educación es su vocación, así sea en condiciones miserables como hemos visto a muchos rurales.

Educación virtual

  1. Segura Peraita, C. (Ed.) (2017). El método socrático hoy.

Un comentario

  1. Excelente reflexión y se apunta la violacion de la intimida del hogar, donde el tiempo ya no es para la familia sino 18 horas para el ejercicio docente sin chistar
    Formatos, evidencias, llamadas de padres y estudiantes a la madrugada porque no tienen señal sino a esas horas, justificando con angustia sus deshoras y nosotros acumulamos estrés pero somos sensibles, pacientes
    Y tenemos amor por la vocación del maestro que no podemos reusarnos atenderlos.
    Ahora el gobierno pretende
    Calmar la fatiga el cansancio físico y mental con charlas y conferencias para el manejo del estrés
    Que se suma a más horas de nuestro tiempo.
    Las cuentas crecen con esta pandemia. Internet, plan de datos, equipos informáticos actualizados para cumplir con el trabajo de nuestra profesión docente.

    Te felicito JAIRO excelente reflexión.

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