Benjamín Baena y Cormac Mccarthy / Por Umberto Senegal

En este texto, donde por su extensión no incluiré párrafos comparativos de las novelas que cotejo y los novelistas a quienes me refiero, colombiano el uno y norteamericano el otro, no es mi empeño enjuiciar ni interpretar eventos pretéritos ni perspectivas históricas de la novela El río corre hacia atrás, del narrador y poeta pereirano Benjamín Baena Hoyos. Intelectual enraizado, por su obra y su vida, a los intereses culturales del departamento del Quindío. En particular con las imputaciones y testimonios, desde el ámbito narrativo, abundantes en la fiscalizadora bibliografía relacionada con la colonización de la Hoya del Quindío y las evidenciadas tropelías y arbitrariedades cometidas por la Concesión Burila y sus cuatreros reclamos de tierras que no le pertenecían, aprovechando todo tipo de artimañas avaladas por el estado, como bien lo plasmó Álvaro Hernando Camargo: “Patronos mercaderes de tierras baldías, despojaron a cincuenta mil colonos pobres, cuya única riqueza y poderío eran su trabajo y deseos de establecer su núcleo familiar lejos de la influencia de las guerras de fin de siglo XIX, para poder vivir en paz”.

Dicho tema, no distante de cuanto en nuestra época continúan haciendo quienes han desplazado millares de familias campesinas de diversas regiones colombianas, en la historia de nuestra región se ha debatido e ilustrado con abundancia e indignación, desde diversos puntos de vista. La pretérita novela quindiana, con los deficientes recursos literarios de que disponían sus autores y la irrisoria información que estos lograban obtener y difundir no fue, sin embargo, indiferente a las exigencias históricas de sus compromisos políticos, sociales y estéticos, para articular y testimoniar lo sucedido acudiendo a la ficción fusionada con la historia, o a esta bordada poéticamente entre la ficción, como sucede con Baena Hoyos y su novela. Numerosos críticos y expertos lo indagaron e investigan aún, denunciando y certificando con sus dictámenes el rol que despliega esta trascendente, encantadora y feraz novela que además de sus particularidades poéticas, lingüísticas y narrativas, con el transcurso de los años extiende sus categorías sociohistóricas. Para Héctor Ocampo Marín es “la más vigorosa y técnicamente hilada novela sobre la colonización de la Hoya del Quindío.  Benjamín Baena nació en Pereira el 29 de abril de 1907 y falleció el 15 de julio de 1987. Además de su novela, publicó Relatos del abuelo y el poemario Otoño de tu ausencia. Apunta su hija, María Cristina Baena Restrepo: “No volvió a escribir, a pesar de la insistencia de su familia y amigos ya que consideraba que su estilo no tenía cabida en la época actual”.

Baena no lo supo: su estructura narrativa no era anacrónica sino adelantada a su época. La formal arquitectura de El río corre hacia atrás, es idéntica a la empleada por el escritor norteamericano Cormac McCarthy en sus novelas. ¿Fue influido el pereirano por tal perfil narrativo del autor a quien el riguroso crítico Harold Bloom considera entre los cuatro mayores de la narrativa norteamericana contemporánea junto a Roth, Pynchon y DeLillo? Bloom dogmatiza que las opiniones y actitudes críticas deben sustentarse en un tipo de pasión real por la lectura capaz de concluir, al finalizar, qué tan buena es la obra leída. A lo largo de 22 capítulos donde una tras otra florecen, perfuman y cantan deslumbrantes, las observaciones organolépticas junto con las metáforas, apuntalándose en un coherente y vigoroso relato donde hombres y paisajes se ensamblan hasta extremos lírico- novelísticos nunca narrados por tal literatura en este contorno del país, El río corre hacia atrás presenta idéntica disposición que para los diálogos y secuencia de las conversaciones utiliza Cormac desde su primera obra, El guardián del vergel (1965), hasta su más reciente trabajo, La carretera (2006), pasando por novelas como No es país para viejos (2005), donde la verticalidad de dichos diálogos llega a su máxima manifestación literaria. Aquí enfatizo lo innovador de Baena: su colocación de los diálogos. Narrador magistral que, lamentablemente para las letras regionales y nacionales, renunció a seguir escribiendo por considerar anacrónicos sus temas y su estilo. Afirma el escritor Carlos Alberto Castrillón, en uno de los ensayos más aclaradores que en torno a tal obra se pueden consultar: La evidente capacidad narrativa del autor, su dominio del lenguaje y el uso de diversos procedimientos para el desarrollo del argumento, hacen que todo el simbolismo alrededor de la tierra se consolide”.  De Baena Hoyos, su familia conserva un profuso epistolario inédito, cuya publicación contribuiría para que los estudiosos de su obra y los críticos que quieran asomarse a ella, conocieran más a fondo las lecturas, influencias literarias, vida, obra y época de Benjamín, con las corrientes políticas, artísticas y literarias que discurren por su obra.

Mi regreso entusiasta a esta novela, que leí superficialmente por la década de los años 80, lo debo a los intereses históricos de Jorge Hernán Velásquez Restrepo, quien con sus indagaciones históricas se empeña, hoy por hoy, en revaluar la obra de Baena Hoyos. Esta significativa relectura me proporciona nuevas y más amplias contemplaciones literarias del lenguaje y el estilo, en particular de la estructura narrativa de los diálogos, en El río corre hacia atrás, induciéndome a relacionar dos novelistas con características semejantes, distantes entre ellos, pero iguales en el tratamiento de los diálogos: Baena Hoyos y Cormac McCarthy. Gustavo Páez Escobar, admite que Baena en su novela es “maestro de la metáfora, como buen poeta, y utiliza un lenguaje rumoroso, rico y ajustado”. Particularidades del estilo que se encuentran en este y en aquel. Ninguno de los dos, hasta donde he consultado, conoció la existencia del otro. En vida de Baena, no se habían traducido al español algunas novelas de McCarthy. ¿O tal vez el pereirano conoció y leyó en inglés, o traducidas, algunas de las primeras novelas del norteamericano?  La oscuridad exterior, en 1968. Hijo de Dios, en 1973, durante el proceso de pulimento de su novela después de presentarla al anotado concurso? Baena comenzó a escribir su novela a finales de los años 50 usando, según lo demuestra Cecilia Caicedo, “el lenguaje literario y la capacidad creadora del artista para transformar un episodio real –parte de un proceso histórico- en una composición literaria”. Ya estructurada su obra y considerándola terminada, la envía al acreditado concurso de novela ESSO, a comienzos de los años 60. Al no ser premiada, su autor continúa haciéndole ajustes de estilo y contenido hasta cuando, en 1980, la publica.

Estudioso de la narrativa norteamericana, el escritor Nodier Botero señala que la obra de Baena “es de gran categoría estructural”. Si este no leyó ninguna de las novelas de Cormac ni fue influido por la manera  del rodhense presentar los diálogos de sus personajes, sin guiones, sin comillas, sin acotaciones, sin los tradicionales procedimientos novelísticos de entrada para estos, como versificados y de manera directa en el renglón, sin condescendencias con lectores nada acostumbrados a ver y leer diálogos adoptando tal alineación en el espacio de la página, entonces el narrador colombiano, sin saberlo, introdujo en su novela renovadores y dinámicos elementos expresivos que desde los años 60 empleaban en Norteamérica autores como McCarthy, adelantándose en Colombia en la aplicación de formas narrativas aprovechadas  por innumerables narradores foráneos y nacionales de finales del siglo XX y principios del XXI. Pero si Baena leyó a Cormac, se valió entonces de  la misma forma que McCarthy aprovecha en La oscuridad exterior y en Hijo de Dios, novelas que cronológicamente pudo haber leído Baena, con  lo cual  se reconocería en él a un escritor de amplia cultura literaria capaz de asimilar y aprovechar, de modo original en su libro, detalles de la gran narrativa norteamericana gestándose por la década de los años 60 y 70 en las obras del autor de El guardián del vergel.  De igual manera, esta disposición tipográfica de los diálogos se observa también en los cuentos del brasileño Rubem Fonseca, entre otros escritores iberoamericanos por los años 60. Si Baena Hoyos, por el contrario, no leyó nada del norteamericano, con mayor razón su novela adquiere entonces sobresalientes cualidades narrativas y estructurales modernas, visión literaria formal como no se había visto en la novela colombiana de su época ni mucho menos en las obras publicadas en provincia. Me agrada imaginar ambos autores, el norteamericano en Tennesse escribiendo sus novelas, mientras en Pereira el colombiano también escribía la suya, afrontando juntos en el tiempo aquellas técnicas narrativas con las cuales deseaban enriquecer sus obras. Ubicando renglones de manera semejante. Estilando párrafos similares.

Cada uno paralelo al otro, pero sincrónicos en la historia. El uno, con El guardián del vergel. El otro, con El río corre hacia atrás. Cuanto podía sucederle emocionalmente al escritor en Norteamérica, subvirtiendo signos y estableciendo otra manera de componer los párrafos y darle continuidad de interlocución a los diálogos, también estaba experimentándolo Baena en Armenia y Pereira. Inapreciable ejemplo de vidas paralelas donde Baena posiblemente nunca supo nada de Cormac y este, si alguien le mostrara el libro de Benjamín Baena, podría verificar en un novelista colombiano a lo largo de toda la novela un tratamiento de diálogos igual al suyo. Borges decía que su poética consistía en “mirar el río”. El narrador y poeta quindiano-risaraldense, supo observar y transfigurar en palabras, en dramas campesinos y épica de montaña, todos los ríos. Ríos de la memoria y la historia. Ríos del hombre y de los pueblos. Ríos del paisaje, como en  su antológica e inigualable descripción del río Quindío: “cuando pasaba jadeando la turbonada, entre aguas de cinabrio, viento duro y cielo terroso, se podía presentir el destino de los viejos árboles”. El destino de los seres humanos violentados por el poder económico, político y religioso de su época. A Cormac también le fascinaba el río, como puede leerse en su voluminosa novela  Suttree , (1979) , donde desarrolla al máximo el empleo de la forma conversacional en referencia.

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