
Por Manuel Tiberio Bermúdez
Aquí estamos, orillados, arrinconados en el recelo de un posible contagio del llamado COVID 19. Ya la casa que en ocasiones nos comprimía contra sus paredes, se ha vuelto refugio protector y apreciado por la mayoría de nosotros.
Y el tiempo; el que antes gastábamos en largas charlas, en visitas de café, en caminatas por la ciudad, en noches de tertulia regadas por generosas copas de licor, ahora son añoranza, de momentos que quisiéramos repetir.
Y entonces, como un escape a este aislamiento, se han disparado los medios alternativos con los que exorcizamos este obligado y ya asfixiante encierro protector.
Video conferencias por Zoom; aplicación que se ha convertido en alternativa para realizar visitas y reuniones con los amigos para hablar de todos los temas: de la corrupción que se ha extendido más que la pandemia, de los tiempos idos hace solo tres meses, de ese futuro incierto que nos aguarda, de las prácticas que hoy realizamos en nuestra cotidianidad y de las muchas que se quedaran para siempre como parte de nuestro diario vivir en el futuro.
Estamos utilizando las más diversas aplicaciones para comunicarnos, para no quedarnos aislados, para que la vida que vivimos ahora se parezca un poco a la que antes vivíamos, para engañar el tedio del encierro.
Como siempre, están los libros, amigos constantes, compañeros de vida, irremplazables como parte de nuestra existencia. Y la televisión, que con Netflix nos ayuda a la evasión a disiparnos, casi que nos estamos convirtiendo en nocheros de tiempo completo debido a las “series” que antes menospreciábamos y que hoy hacen parte de nuestra “desagitada” agenda diaria.
Ahí vamos, visitando museos virtualmente, escuchando conferencias de todo tipo, participando de convocatorias a leer un poemas, a compartir la lectura de un fragmento de un libro; a cantar con pistas, y hasta de varios cursos hacemos ya parte como aventajados alumnos virtuales.
Somos adaptables, eso es innegable. Nos doblega la realidad de un virus que nos cambió el esquema de vida que llevábamos y nos ha obligado a otra rutina, a prácticas nuevas que se han vuelto nuestra realidad de hoy.
Pero, perdónenme que les deje: llegó la hora de mi clase virtual: Cómo hacer fuego sin fósforos durante la pandemia.
Hasta pronto
El Director