Para: Revista Digital Arrierías
“Sostenemos como evidentes por sí mismas dichas verdades: que todos los hombres son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables, que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”. 1
La explosión social en Estados Unidos como consecuencia del asesinato alevoso por parte de un policía en la persona de George Floyd, un afro Americano desarmado y sin aparente reacción negativa frente a los policiales, es apenas una parte de los sucesivos linchamientos, apaleamientos y abusos racistas de algunos civiles con poder político aunados a fuerzas armadas estatales a lo largo de la historia en el poderoso país del norte.

Esta situación no es nueva. El racismo, la xenofobia, la exclusión y la explotación de unos seres humanos por otros ha sido una constante histórica y son los negros africanos quienes más han sufrido de esa esclavitud que se disparó con el descubrimiento de América. Lo cierto es que la gran riqueza americana del oro, la producción agrícola y la carga de mercancías desde y para América, necesitaba de una mano de obra que resistiera las inclemencias del clima. No mano de obra paga sino a través de esclavos, tragedia que azoto al gran continente negro desde el siglo xv.
Esclavistas europeos, árabes y algunos negros se prestaron para la ignominia, para traer desde aquellas lejanas tierras miles y miles de seres humanos a quienes cazaron como animales, especialmente desde zonas costeras. Capturados, amarrados y luego hacinados en barracas esperaban alelados, absortos y tristes la llegada de poderosos hombres blancos, al comprador europeo que los transportaban en barcos de vela y tras meses de cruzar el océano atlántico, eran negociados, posteriormente, por grandes dueños de tierras o minas para explotación económica en aquellas aquellos sitios extraños, lejos de sus familias, de sus clanes, de su entorna natural y familiar.
La historia oficial siempre nos ha mentido respecto de este indigno tráfico de seres humanos. Los españoles, grandes traficantes negreros, enviaban sus tropas para domeñar a los aborígenes americanos -a quienes les robaron su inocencia, les impusieron un nuevo dios, una nueva religión- y ante el arrasamiento poblacional y muerte por millones de estos seres, no tuvieron otra alternativa que recurrir al tráfico de humanos con el visto bueno de curas o sacerdotes. Ahí aparece la gran mentira del cura Bartolomé de las Casas como “defensor de los indígenas”, sacerdote que fue uno de los que propició el esclavismo ante las enfermedades y poca resistencia de los indígenas.
Luego de siglos de explotación inmisericorde, se inicia un débil proceso de liberación de esclavos, hecho que originó en Estados Unidos una violenta reacción de los dueños de grandes explotaciones agrícolas y mineras para terminar en una guerra civil, la Guerra de secesión (1861-1865) que si bien alcanzó esa liberación, los negros nacidos en la gran potencia del norte fueron arrinconados a vivir en situaciones de miseria, sin derechos. Una especie de apartheid como el de Suráfrica donde los nativos eran extraños y esclavos de los blancos que poco a poco invadieron al mapa africano.
En ese continente, forma interesada trazaron límites, partieron sociedades de comunidades que convivían por siglos. Fue la época del ominoso Pacto de Berlín. Ingleses, belgas, alemanes, portugueses y españoles hicieron fiesta con el inmenso territorio, se robaron sus recursos naturales mientras los verdaderos dueños de la tierra, la infinidad de etnias y clanes eran confinados a servir como esclavos, como trabajadores personales de “los blancos”. 2.
Después de trescientos años de comercio infame con seres humanos, los países potencia que dividieron eso rico mapa generaron una especie de lavado de cerebro entre la comunidad negra. “el blanco es el incuestionable amo, enviado por dios para gobernar a los negros porque es superior y más fuerte que el negro”, es la teoría supremacista blanca que dio origen a las dos grandes guerras mundiales del siglo 20 y es el origen lógico del actual levantamiento de resistencia social que en la actualidad le ha dado la vuelta al mundo.
Sacralizaron al blanco y satanizaron al negro, Esta supremacía, como teoría de dominio de una supuesta superioridad humana pura sobre otros seres, prácticamente origino otro movimiento infame, el alevoso, criminal y terrorista grupo del Ku Klus Klan quienes en principio buscaban atemorizar a los negros utilizando vestimentas blancas y un gorro, el capirote, que termina en punta y sólo tiene abertura para los ojos de quienes lo usaban. Comienzan atemorizando y luego azotando, secuestrando, lesionando, ahorcando y quemando casas de familias negras. Es más, en la actualidad todavía hay rezagos de esa ignominia en algunos Estados de derecha recalcitrante.
Hay una historia poco conocida. Un colonizador que llegó al extremo sur de África, Cecil Rhodes, a través de la violencia, la esclavitud se apoderó del comercio de los diamantes -riqueza que estaba a flor de tierra en aquella bella e inmensa región-, posando como benefactor y humanista, creo las becas que llevaban su nombre a las cuales sólo podían acceder hombres blancos, de ojos azules y/o verdes para formarse en las grandes universidades de Europa, especialmente Inglaterra y, por supuesto, norteamericanas. Los negros, completamente excluidos. La ignominia se hace más lesiva cuando los ingleses, en honor a este explotador colonial, le dan al extenso territorio donde cometía sus tropelías el nombre de Rhodesia. Después del proceso de independencia colonial de África, a partir de 1960, desaparece ese nombre y hoy se conoce como Zimbabue.
Podríamos escribir muchas páginas haciendo referencia a esta ignominia de exclusión, racismo y violencia contra los seres humanos, pero la limitación por la síntesis obligatoria, so pena de volvernos demasiado pesados en determinados temas que abordamos en Arrierías, obligan a limitar un poco la temática.
Sólo terminamos diciendo que la humanidad entera tiene una deuda inmensa con África, como territorio, en razón de las riquezas que desarrollaron la economía europea producto de la expoliación de su territorio y que jamás los “blancos” colonizadores y explotadores invirtieron en la misma fuente territorial de los inmensos ingresos personales o estatales de la culta Europa. Otra deuda, más grande aún, es con los seres humanos, con esos negros vigorosos y de bellas culturas ancestrales sobre quienes cayó la infortuna de trabajar hasta la muerte por generar esa riqueza en Europa y en Norteamérica. Sin embargo, hoy por hoy son víctimas del rechazo y la violencia en un mundo que habla de libertades, derechos e igualdades.
POST SCRIPTUM: En Colombia, durante la época colonial, hubo un ejemplo de desprendimiento, respeto y amor por los negros que trajeron a nuestro país para la explotación de las minas, especialmente en Antioquia. Doña Javiera Londoño, viuda de Castañeda, repartió mucha parte de su herencia entre los negros que tenía bajo su tutela. No sólo les dio la libertad, sino que asignó minas y pequeñas parcelas para que sus trabajadores, que no esclavos para ella –a pesar de la oposición de sectores radicales de la Antioquia grande, de la iglesia y el odio del patriarcalismo latente- pudieran vivir con dignidad. Creo que no hay registro histórico que antecediera, al menos en América latina, de esta acción humanista y respetuosa de doña Javiera, (1766). La historia, los negros y Colombia entera, debemos un homenaje inmenso a ser tan maravilloso.
- Declaración de Independencia de los Estados Unidos, 4 de julio de 1776
- EBANO, Ryszard Kapuscinski, página 32.
- Quienes deseen profundizar en el conocimiento de doña Javiera, pueden hacerlo en un muy bien documentado libro de un genuino Rionegrero, el profesor, docente y escritor Jesús Gonzalo Martínez Cardona. Pedazos de la Historia de mi Pueblo. Grafoprint Litografía. Rionegro 2013.