
Para: Revista Digital Arrierías
Siempre ha existido en ellos la pasión, además de la ternura. Desfogan toda su capacidad amatoria en forma constante. Se miran a los ojos. Su mirada, la de ella, refleja ansiedad, deseo. El, está próximo a desbordar toda su fuerza varonil producto de tantos años de ejercicio, de trotar, de bicicleta recorriendo la parte agreste de nuestro pueblo. También la desea. Siempre la ha deseado pero esta noche es muy especial. Aunque llueve y ventea fuertemente, el momento es especial.
Caricias, besos y miradas lascivas van despertando en los dos ese deseo íntimo de entrega total. Ya desnudos, empieza su rítmica cabalgata sobre el cuerpo de ella. Sus cuerpos se estremecen. Todo es felicidad.
El ritmo acezante de los dos se interrumpe cuando sienten que una puerta se abre y luego se cierra en forma brusca, violenta. Se corta la acción, el deseo. En forma ágil su cuerpo de atleta salta al piso y grita:
- ¡Mi esposa!
Como Dios lo trajo al mundo se mete en forma inmediata en el amplio armario de la alcoba. Ella, en actitud felina, se tira al piso y, completamente desnuda, se mete bajo la cama. Tirita de frío y terror
Pasan unos eternos segundos. Silencio total. Carlos Alberto sale de su escondite y ella hace lo propio del suyo. Parados, se miran a los ojos. No atinan a expresar ninguna palabra, una frase. El silencio continua. ¿Qué pasó?
Llevan 30 años de……. ¡Casados!
Paranoia de la pandemia.
Fin del acto.