Mi Ventana / Por Sara Ospina Fayad

ventana

Una ventana del tamaño de una sala, para empezar el día y cerrarlo con la penumbra de la noche. Mientras… los grillos distantes en el guadual y entre las sombras dejan presentir otro mundo, con seres vivos compartiendo el aire el espacio y el tiempo colapsado por el confinamiento.

Cada tarde, después de terminar las rutinas diarias… convertidas en tareas redentoras, ocupaciones domesticas ritualizadas al extremo elástico del miedo, oficios que se encargan de despistar el enemigo que se instala en la mente con sus habituales ruidos, me siento en la silla cada tarde. He configurado una amistad con el astro luminoso, he creído que responde mis mensajes en un idioma que antes no había interpretado, me he obstinado de tal manera que nuestros encuentros a la hora (entre la tarde y la despedida al día) ha cobrado tanta vida, que con la disciplina del observador de astrología admiro: sus nuevos tonos, sus danzas, sus mensajes inscritos en las sombras del lente de la cámara. El, en su diaria disciplina de hacer presente su salida a la función que depara el tiempo y el espacio, monta nuevas coreografías desafiando el tedio de la rutina. Algunos días antes de “quédate en casa” ya veníamos presagiando nuestros encuentros.  Mirar el cielo, de manera expectante un poco, ansiosa en un principio, descubrir cualquier señal apocalíptica, astronómica, metafísica, redentora: “Venga del cielo tú reino”

Ante el agobiante desfile de noticias que pronuncian un drama, confundida ante el desafío de conservar la salud física y mental, ya hice mía la ventana trinchera entre el cielo y la tierra. Multiformes figuras arcanas proporcionando alivio, han hecho de cada noticia desgarradora, un pasatiempo mágico, la sensibilidad humana al rescate de la supervivencia, pasarán los días del confinamiento con resultados no cifrados, olvidando probablemente la oportunidad de ser mejores seres humanos.  Creo que de otros mundos nos envían códigos secretos que restablecen a los humanos la condición necesaria para asumir el deber sagrado de respetar la vida. Codificar las nubes, la lluvia, los truenos, los rayos, los vientos, el sol, la luna y el lucero para re-significar la vida en tiempos, donde desde mi ventana solo puedo abrazar nuevos secretos de supervivencia, desde la gratitud y la celebración del milagro de la vida.

¡La indiferencia no tiene cabida teniendo de por medio una ventana!

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