Mirando al horizonte  / Del director

manuel-tiberio-foto_peqLlevamos ya muchos días de encierro  en nuestra viviendas  a causa del bicho ese que está cambiando por completo nuestras vidas.

De un momento a otro, se terminó eso que llamamos vida en sociedad, o mejor, la posibilidad que teníamos de ser rebaños humanos  sueltos en las calles de las ciudades, corriendo, gritando, haciendo alarde de nuestras maneras  de “ser sociable”, o importunando a los demás  con nuestras actitudes egoístas.

Se acabó esa pasarela social en las calles  en las que la vanidad se exhibía para presumir marcas, estilos y modas y que quedó reducida, por si mucho, a una pantaloneta desgastada para estar en casa.

Se empezaron a valorar oficios que antes se desdeñaban: el repartidor de domicilios, los auxiliares de salud en los hospitales y clínicas, los encargados de recoger las basuras que producimos por montones en nuestras viviendas, los médicos que atienden sin descanso a los enfermos,  y otro sinnúmero de personas que su labor es indispensable para que otros podamos permanecer refugiados.

Aparecieron los gobiernos con presunciones de generosidad y se disparó la solidaridad para llevar ayuda a quienes más lo necesitan. A la par con estas gestiones,  se magnificó el  apetito  de la corrupción que no respeta ninguna situación para llenar su nunca insaciables panzas de rapaces hambrientas.

Un virus invisible nos arrinconó a los más de 7.787.800.705 millones de seres humanos que andamos esparcidos por el planeta y nos ha hecho cambiar todos nuestros comportamientos y hábitos, pero lo más impactante, se llevó nuestra confianza y nos llenó de  temor  hacia el otro, hacia los demás que una vez canto Alberto Cortes. Miramos recelosos  a quien que pasa por nuestro lado, o a quien  se atreve a dirigirnos la palabra asordinada por una mascarilla que lo protege también de nosotros.

Nuestro lugar de residencia se transformó en una trinchera a la que no permitimos el acceso, ni de los más cercanos por temor, a que agazapado en sus ropas o en sus palabras, venga escondida la nueva plaga y de repente salte sobre nuestra humanidad para convertirnos en un número más de las estadísticas de contagiados que ya alcanza varios millones en el planeta.

Pero ahí estamos con la mirada puesta en el  horizonte a la espera de una nueva normalidad aún lejana; rumiando la impotencia, inventando cada día para aminorar el tedio de este encierro obligado que aún no sabemos cuándo terminará.

El Director

Deja un comentario