
Son las 5:30 pm y el Blues de Etta James me acompaña. Salgo de casa y entre humos camino hacia el centro de la ciudad, a un parque, en el que se puede ver el atardecer y también el amanecer.
Mientras voy por la calle sexta me encuentro con Ema, como era de esperarse, ella también iba rumbo al parque, así que caminamos unas cuadras y paramos en una esquina para comprar dos tintos, ya en el parque nos dirigimos a la banca de la derecha donde están jugando ajedrez y por el ambiente, la partida estaba compleja, había casi 7 personas observando, aun así, todas y todos se detienen a saludar.
Entonces, Ana comienza a recitar un poema de Salinas y son las 6: 15 pm. El tinto como el humo han desaparecido, la partida de ajedrez se ha terminado y el poema ha expirado; se encienden las lámparas y el parque como el atardecer se tornan de un naranja intenso.
Un poema más, dice Juna. ¡libertad, igualdad y sororidad!, levanta la mirada, sonríe y toma un poco de café, luego son las 12:00 am y la guitarra comienza a sonar, luego la armónica y la voz de Lucia que canta, nos queremos vivas.
Las voces comenzaron a escucharse como un gran murmullo a la 1:00 am, el sonido era una mezcla, una fusión como esta ciudad; así, en la banca de la derecha, Lucia seguía cantando y la guitarra sonando, ahora un saxofón se sumaba al fiestón, pero llega el momento más complejo, dice Ana, cogiendo su mochila y bufanda, el de regresar a casa, finalmente todas nos abrazamos y nos despedimos para siempre de Ana.