El festivalito Ruitoqueño: un pedacito de cielo en la tierra / Por Mauricio Ortiz

10.-Festivalito-Ruitoqueño-2000Inmensa e inefable NOSTALGIA. Sí. Éste es el sentimiento que nos embarga y nos seguirá afligiendo, no sabemos por cuánto tiempo más, después de dejar Bucaramanga y su hermosa Área Metropolitana, y haber compartido durante varios días la magia y el encanto del Festivalito Ruitoqueño de Música Colombiana, en Floridablanca, Santander, en su vigésimo aniversario, en el 2010.

Sentimos NOSTALGIA porque tenemos la pena de vernos ausentes de Santander, hermosa porción de patria, cuna de la libertad. Sentimos NOSTALGIA porque perdimos la dicha de compartir (momentáneamente, por fortuna) con nuestros amigos (artistas, organizadores y público) del Festivalito, y eso nos reboza el alma, inexorablemente, de tristeza melancólica.

Fueron 10 días de felicidad absoluta, llenos de abrazos, palabras cálidas y afectuosas, música, aplausos, frases de encomio, lindas y amorosas bromas, inmejorables atenciones, y demostraciones sinceras de consideración, admiración y amor que intercambiamos unos con otros (participantes y espectadores) todo el tiempo y en todo lugar.

Fuimos testigos de las gestas que, a favor del arte, y en este caso de la música, realizan los titanes organizadores de uno de los mejores festivales de Colombia. Sí. Estos héroes (hombres y mujeres) que en gran parte son los responsables de propiciar e impulsar las arduas y constantes actividades, y que con mística y disciplina realizan muchas instituciones de educación musical con niños y jóvenes. Nos dimos cuenta, además, y con gran regocijo, de cómo estos últimos – muchos de ellos ya con reconocimiento nacional – viven, respiran y disfrutan de nuestra idiosincrasia musical hasta la saciedad, al mismo tiempo que la abordan con la reverencia y el respeto que merece.

Señores: ¡ESTO SÍ ES HACER PATRIA!

Triste es decirlo. Pero, mientras que vemos cómo languidecen varios certámenes (festivales y concursos) musicales en Colombia por falta de apoyo oficial y privado, y/o por malos manejos administrativos, otros, como el Festivalito, se erigen con orgullo y siguen evolucionando, logrando su cometido principal: convertirse en verdaderos ejes de cultura, convivencia, y apoyo práctico y real para los artistas.

El Festivalito Ruitoqueño es todo un estandarte. Es un arquetipo por excelencia. Es un patrimonio nuestro que tenemos que apoyar y defender desde todas las aristas sociales. Es un certamen que contribuye inmensamente al sano esparcimiento, a la educación, a la convivencia pacífica, a la formación de públicos, y a la construcción de tejido social.

Por esto y mucho más, ¡QUE VIVA EL FESTIVALITO RUITOQUEÑO!

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