Una pandemia del tercer mundo / Por Luis Alfredo Clement


pandemia_yepezPor allá en Enero (2020), en la ciudad de Wuhan, China, con ocho millones de habitantes, decidió construir de manera relámpago un hospítal para 1000 camas, el “Hospital Leishenshan” para cuidado de los infectados con el coronavirus COVIC19. Y en las dos semanas siguientes y ante el embate mortífero del virus, se apresuraron a construír un segundo hospital, el “Hospital Woushenshan” para 1600 camas adicionales. Es decir, en 30 días aproximadamente, tenían 2600 camas con todo el equipo médico y de equipos tecnológicos necesarios para atender la emergencia. Los diferentes medios le dieron al mundo los primeros reportes chinos sobre la aparición del virus en Diciembre y en dos meses los chinos tenían un ejército de hombres, equipos e instalaciones listos.

Nada de extrañar, China ya había capoteado el SARS en 2003 y para entonces se construyó en tiempo record de 7 días, un hospital, el “Xiaotangshan” de Beijing, para atención de 1600 camas, con todos los juguetes.

El mundo occidental y el resto del mundo estábamos distraídos. Las potencias europeas y Estados Unidos, principalmente, o nó visualizaron, o no creyeron y no se prepararon. Nosotros en América Latina, pues ni qué decir, somos un tornillo que aprieta el patrón del norte a su antojo. Cuando el tsunami coronavirus llegó a otras playas asiáticas y tocó tierra en Europa, tampoco se prendieron las alarmas. Hubo algo así como aspaviento, muecas de desconcierto e incredulidad. Los más serios de Europa empezaron a tomar ciertas medidas. Pero los alegres e indisciplinados españoles e italianos arrancaron de último. No creyeron en serio hasta no ver que los infectados gritaban de dolor y por falta de un respirador ó de atención oportuna, empezaron a desfilar hacia los cementerios en la más absurda de las soledades.

Don Trump, siguió no creyendo. Hizo mofa y sacó la capa que muestran los superhéroes y mando a seguir la fiesta. Pero también el señor virus, viajó por avión y barco y se le trepó en la megalópolis niuyorquina. Don Trump con un maquillaje entre pasta de chocolate y betún marrón, le tocó aceptar que los muertos en niuyork, también hablan. Y ya están contando muertos sin intenciones de hacer lo que hicieron los chinos para paliar la tragedia. Y entonces América Latina copió el mensaje, tarde igualmente y empezaron los arreglos de la situación, es decir empezó para nosotros (Colombia) la tragedia. Que muy probablemente se replicará de forma muy similar por toda la América, desde Méjico hasta Chile.

Un presidente encargado (Don Duque) y las marionetas de turno que manejan las instituciones que deben dar rumbo al barco, empezaron a aprovechar el momento para empezar a salir en T.V. y en entregas diarias, tratar de disimular el desorden y el caos. Un sistema de salud paupérrimo para manejar la crisis. Hospitales cerrados, los abiertos sin camas ni equipos para recibir los infectados. Haciendo cuentas se la pasaron los primeros quince días. La aritmética no les daba. Personal de la salud, médicos y personal auxiliar sin herramientas y sin protección. Sin salarios al día. Ha habido huelgas y paros. Entonces se desnudan las desgracias, médicos en una gran mayoría víctimas de bajos salarios y horas de trabajo inhumanas, una gran mayoría de nuestros médicos y personal de la salud, trabajan bajo modalidad de contratos por prestación de servicios, es decir, sin beneficios laborales de ley. Presos de la necesidad trabajan para las famosas cooperativas médicas, que les esquilman un gran porcentaje de sus ingresos y no les ofrecen beneficio alguno. Y por el mismo estilo todo el personal de la salud.

Las estadísticas de infectados por el virus, van a resultar “mentirosas” y eso lo sabremos los que sobrevivamos. El “presidente encargado” por ejemplo, no dió la orden de cerrar los aeropuertos cuando se prendieron las alarmas. Claro no podía tocar a los poderosos. Cuántos que venían de fuera del país, entraron y sin ser examinados convivieron en sus círculos familiares y de trabajo. Estoy seguro que Cartagena y el Eje Cafetero, grandes centros turísticos, por decir dos de los más conocidos, van a dar unas cifras que no tuvieron en su momento el control debido y adecuado.

Para no alargar mucho este primer ensayo pandémico, ni hablar de un país con un 70% de economía informal (digamos que 50% para que los más no se molesten), tratando de sobrevivir en el día a día, que no han cumplido, porque no pueden, la cuarentena, los que han salido a cobrar sus “ayudas económicas”, en el desorden más infame. Y eso que las ayudan básicamente van a los que están “empadronados” para el voto de las elecciones. Digamos que estos son la mitad de los “desarraigados”, la otra mitad va a salir y se va a tomar pueblos y ciudades para sobrevivir. Entonces, la maquinaria armada del estado, saldrá a defender a ese 20% de los estratos económicos más altos, 5, 6 y más altos, que insisten en que nos quedemos en casa. Con la nevera llena, cualquiera aguanta, aunque no mucho.

Apocalíptico? Sí. Ya veremos que nos queda. Después de unos cuantos millares de muertos, después de los infames comparendos por desobediencia, después de salvar la economía en medio del silencio infame de la banca, después de ver un senado y una cámara mudos, después de ver una alcaldesa con los pantalones puestos y un presidente encargado con los pantalones abajo, después de ver cárceles que vienen hacinadas por muchos años empezar su contagio apenas obvio (con 23 muertos en una cárcel producto de un motín anti-corononavirus) y nadie hace juicios, claro los medios están muy ocupados en hacerle la segunda al gobierno del presidente encargado y después de ver en un pueblo antioqueño el funeral de un capo con su séquito de cientos de admiradores haciendo disparos al aire, sin tapabocas pero con revólveres, que lo acompañaban hasta el cementerio y la policía haciendo honor a su ausencia del hecho.

Un país fallido? Bueno, suena muy duro pero a eso huele. Amanecerá y veremos.



Luis Clement
Luis Alfredo Clement

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