ÓSCAR PIEDRAHÍTA GONZÁLEZ

Licenciado en lingüística y literatura es también periodista y asesor conyugal.
Creador y director de la sección lengua y habla, del programa cultural Monitor de Caracol, poeta, cuentista y crítico literario
Libros: “Cantos del torturado”; “El poeta le canta a su pueblo”; “Memorias del mestizaje”; “Dinastía poética”; “Cantos de Dioneo”; “Donde es cauce la luz”, “Vigencia de la angustia”.
Ha colaborado en el espectador, Magazín Dominical y casi todos los suplementos literarios del país, revistas, etc., con publicaciones de cuentos, poesías, artículos y ensayos de crítica literaria.
Perteneció al Nadaísmo en su última etapa, por invitación de Gonzalo Arango, después de ser finalista en el último concurso nadaísta de poesía con el libro “Cantos de Dioneo”. aparece firmando el último manifiesto en la revista del movimiento, “nadaísmo 70”.
Rememorar nombres de algunos de los más insignes escritores Caicedonitas es un propósito cuyo objetivo principal es que nuestros lectores se deleiten con tres tipos de alusiones a nuestro querido pueblo y su entorno.
Uno de los poetas enaltece la gesta de los colonos fundadores con un canto poético con visos de epopeya. Otro poeta se embriaga con la descripción de lo que, para él, representa este pueblo en todas sus dimensiones. En tanto que nuestro último invitado nos deleita paseándonos por los aromas y vivencias del café, cultivo de las entrañas caicedonitas. Tres enfoques, tres piezas maestras.
Posiblemente por ingenuidad, uno de los participantes del concurso municipal de poesía para celebrar el día del caicedonismo, en abril, próximo pasado, presentó y ganó el primer puesto en categoría adultos, con una poesía de Jairo Serna, uno de nuestros insignes poetas.
La revista Arrierías se abstuvo de publicarla porque, ya se había publicado en la edición número 1, con el debido crédito de autor y, además, por política del cuerpo editorial, de evitar, mientras se pueda, el plagiarismo.
Tal vez si contáramos con un espacio en La Casa de La Cultura, y/o en La Biblioteca Municipal donde estén recopilados los artistas de Caicedonia, sus obras, fotos, libros, poesías, canciones, pinturas, premios y reconocimientos, donde el público pudiera conocerlos y estudiarlos, los proyectaríamos a la ciudadanía de tal manera que, los valoren y los hagan trascender generacionalmente.
Son muchas las personas y, hasta grupos, que le han dado proyección cultural al municipio. La pintura, entre otras, no cuenta con una pinacoteca permanente de artistas Caicedonitas, ni un salón ocasional de exhibición de las muchas obras que hay dispersas en el municipio.
Recoger las obras escritas, las musicales, fotográficas y demás, es estructurar la memoria académica de Caicedonia. Situarlas en un lugar de consulta, estudio y observación, es valorar lo nuestro y mostrarlos a propios y visitantes como patrimonio cultural que existe en todo municipio.
Hablando de compilar la obra de nuestros escritores, existe un texto de Oscar Piedrahita González, posiblemente obsequiado al sacerdote, académico, sociólogo y político, Federico Arroyabe, con ocasión del septuagésimo sexto aniversario de la fundación de Caicedonia.
Es un canto poético que narra la epopeya de los colonos antioqueños abriéndose camino por entre el bosque para cimentar nuestro pueblo.
El texto fue adaptado para ser presentado por el grupo de teatro del Colegio Bolivariano, en 1985, con la dirección del Padre Federico, Excivel Ortiz y Jairo Sánchez.
Se hizo el montaje de la obra y se presentó, exitosamente y por única vez en el tablado del parque principal. Su desarrollo escénico incluía luces, rugidos, tambores y voces corales y narrativas. Los actores, estudiantes pertenecían a los grados 9, 10 y 11 de ese entonces.
La composición en homenaje a Caicedonia se llama: CAICEDONIA DONCELLA DE LUZ, la cual se adjunta para su difusión.

CAICEDONIA DONCELLA DE LUZ.
Viento de 1900, se esparce sobre el suelo húmedo de la selva indómita un augurio de hachas. Augurio perceptible apenas al oído de la fiera que puebla la maraña.
Un rumor de pasos va creciendo lentamente, con esa lentitud de la savia prolífera que ata lianas y revienta orquídeas en el torso atlético del roble milenario.
Un puñado de hombres es el origen de ese murmullo.
Sus plantas ávidas de distancia, incansables como la pezuña del oso y los bárbaros de los caballos de Atila, hienden la tierra en un connubio histórico de cuya cópula nacerá la criatura palpitante de un pueblo arrancado de las entrañas de lo imposible.
Son hombres tan libres como la hierba que se dobla a su paso, y, sin embargo, la eterna y grande Antioquia les ha quedado tan pequeña como la ruana que cubre sus invencibles pechos. Ignoran el artificio de los números.
Sus pupilas saben el mágico secreto de la multiplicación de los horizontes.
No tienen noticias del héroe homérico ni la talla del hércules mitológico, y, sin embargo, el monstruo vegetal tiembla ante ellos con sus millones de piernas y tentáculos.
Son hombres humildes, hombres de carne y hueso en cuyos rostros el clima ha vaciado el oro de la fiebre y la canícula ha tatuado el precio de la audacia junto al nombre indescifrable de lo invencible.
Sus nombres son tan pequeños como los poros de su piel, pero, ¿quién medirá las fuerzas de sus músculos, el poder de sus brazos, la intrepidez de sus hachas trizadoras de soles?
A su paso la selva se prosterna, huye la fiera, cruje el roble, crece el espacio en donde la luz va cayendo como evangélica semilla.
Sus frentes apenas las inclina el peso ciclópeo de una idea que será el óvulo fecundo de un nuevo pueblo.
En sus callosas manos va creciendo Colombia.
El pan de los colombianos se multiplica en la vigilia de sus vientres.
En su humilde léxico no mora la palabra economía, pero sus lenguas saborean la riqueza de todo un pueblo.
Esos hombres van descalzos pero las huellas de sus pies tienen la estatura del surco.
Daniel Gutiérrez Arango.
Alonso Gutiérrez.
José J Londoño.
Manuel Jaramillo.
Joaquín Parra.
Jesús María Ramírez.
José María Zapata.
Rafael Hurtado.
Calixto Laverde.
Cayetano Ayala.
Jorge Moreno.
Juan Francisco Díaz.
Jesús María Velásquez.
Rebén Vallejo.
Ángel María Beltrán.
Francisco Vera.
Paulino Henao.
Pedro María Ramírez.
Juan Gregorio García.
Marco J López.
David Sepúlveda.
Marco Grisales.
Enrique Gómez.
Jesús María Rodríguez.
Andrés María Valencia.
Xenón Baena.
Carmelo García.
Jesús Osorio.
Rafael Loaiza.
Damián Velásquez.
Hipólito Giraldo.
Andrés Henao.
Marco Emilio Ocampo.
Luis Zuluaga.
Lucas Albarán.
Félix Villa.
Marcos Castaño.
Sus nombres son tan pequeños como los poros de su piel, pero, ¿quién medirá las fuerzas de sus músculos, el poder de sus brazos, la intrepidez de sus hachas trizadoras de soles?
En la mañana del 3 de agosto de 1910 viene la brisa rehabilitadora de la tregua, y, estos titanes, el hacha a discreción, tienden su mirada de niños asustados hacia el vacío donde se alza como enorme trofeo el fruto de su lucha, la conquista de sus músculos, el milagro de sus manos: Caicedonia, doncella de luz, se yergue en medio de las montañas con prometeico estremecimiento.
Los cóndores antioqueños han hecho su nido en el propio corazón de la montaña en un des cuajamiento visceral cuya repercusión será molécula inmortal en la sangre de toda una raza.
El pueblo nacido de la angustia y el sacrificio de un puñado de hombres buenos, cristianos por tradición y valientes por temperamento, se alza en la mañana del 3 de agosto de 1910 con la imponencia majestuosa de un monumento histórico.
Setenta y cinco años y, Caicedonia, como si hubiera abolido el tiempo ofrece en plena infancia la adultez espartana de tu ángel en su estructura.
La prueba de fuego apenas si le ha añadido la virtud del acero toledano, el temple y la hidalguía.
Firme en la amargura, indeclinable en la tormenta, altiva en la derrota.
A la sombra de sus cafetales teje un futuro de progreso, mientras la raza de sus fundadores hila su historia en la rueca de un nombre que es orgullo y blasón del más humilde sus hijos.
♣ ♣ ♣ ♣
JAIRO SERNA SALAZAR.

Nació en Caicedonia en 1946.
Escritor y poeta. Cofundador de la Casa de la Cultura de Caicedonia, ha alternado el periodismo y la docencia. Difunde su poesía en recitales, programas de radio y revistas literarias.
1965 a 1967 director casa de la Cultura “El Prisma” de Medellín.
Recitales
Casa de la Cultura, Jardín del Arte. Emisora Universidad de Antioquia, “Música y Poesía para Usted”.
Casa de la Cultura Calima El Darién. Club Caicedonia Primera Semana de la Cultura.
Poeta invitado al VI Festival del Arte, Casa de la Cultura de Palmira.
Comfenalco Palmira
Condecoraciones:
Medalla al Mérito Literario Casa de la Cultura de Caicedonia 1968 a 1972
Catedrático de español en el Colegio Bolivariano.
Inicia colaboraciones literarias en México, Cuba y Estados Unidos.
Narrativa
“El Milagro de Vereda Verde” “Sombras” y “Las Sombras de Sombras”.
Poemarios
Patinaciones y Anhelos 1965-1969
La Vida que nos duele 1970
Lo que no cuenta la historia 1972
Mensaje a los poetas sedientos 1977-1979
Agenda de Amor y Sueños a Pesar del Siglo XX contiene los poemas escritos entre 1965 y 1979.
La poética de Jairo Serna Salazar “Jaisersa” es conocida en México, Estados Unidos y Cuba. países en donde ha sido ampliamente difundida.
Brindis por Caicedonia, uno de sus poemas más conocido, fue el objetado por la redacción de Arrierías, cuando apareció premiado y adjudicándoselo, otra persona.
Brindis por Caicedonia
Brindo por ti, ciudad de la amalgama:
del pasado rojo-sangre y la verde-esperanza
que viste un día clarear tus bosques
por brazos nobles: corazón y hacha.
Hijos de la hidalga Antioquía,
dirigieron su mirada a tierra extraña:
escalaron montes, vadearon ríos,
desafiaron fieras, trazaron surcos
y, por fin; sembraron en sus huertos almas:
Y la tierra extraña desplegó su manto,
extendió sus brazos y aceptó ser patria:
Se acercaron pueblos: costumbres, anhelos…
Familias de puntos distantes: ideas y sangre…
Para formar -cual forma el poeta sus versos
en la silente soledad del sueño-
una raza altiva, un pueblo con nervio tan grande
que es imposible llegar a olvidarlo:
¡Cómo no amarte ciudad!
¡Cómo no amarte!
Si fuiste la causa de tantos pesares
y das el reposo, adentro en tu alma,
a los ascendientes que fueron mi sangre.
¡Cómo no amarte, ciudad!
Por ti, por ti que me has dado sonrisas y llanto,
en tu nombre brindo:
Porque sea más verde tu verde esperanza:
Y aunque fueras injusta en ciertos momentos
– si acaso lo fuiste por tus propios hijos-
se te perdona todo, mi ciudad del alma.
♦ ♦ ♦ ♦ ♦ ♦ ♦ ♦ ♦ ♦
MANUEL TIBERIO BERMÚDEZ

Caicedonia Valle. Periodista, Locutor, fotógrafo y escritor. Jefe de Prensa durante 4 años del Encuentro Nacional e Internacional de Escritores por la Paz de Colombia, que se realiza en el Municipio de Caicedonia.
Columnista de las revistas “Nueva” y “Viernes Cultural” del diario “El País”, y columnista del Diario Occidente. Invitado en IX Festival Internacional de Poesía de El Salvador 2010. Invitado a la Feria del Libro en Cuba 2011., III Semana de la Cultura New York 1995.
Autor de los libros: Gracias a Dios soy montañero y New York no es el cielo.
Director, editor y colaborador de la Revista Arrierías.
Historia del cafeto
¡Qué bellos cafetales!
dijo un día mi hermano,
mi hermano el más pequeño.
Sí –respondí-
el cafeto es bello
y también tiene historia,
escúchame y sabrás
la historia del cafeto
Hace mucho
pero mucho, hermano
llegaron a esta tierra
hombres humildes
de brazo fuerte
y de mirar sereno
desgarraron el velo a la montaña
para darle cabida a sus sueños
eran nuestros abuelos.
A coste de sudor
de fe y esfuerzo
vencieron la montaña
lucharon con las fieras
y nació éste, tu suelo.
Sembraron el cafeto
uno…cien…mil…
¡muchos cafetos!
parecía al comienzo
un reguero de esmeraldas
por el suelo.
Y en las noches
allá en el rancho tosco
nido de amor
de esperanzas y sueños
fumaba sus tabacos el abuelo
al son de bambucos y guabinas
y miraba ilusionado sus cafetos
que ya tenían flores
¡tan blancas!
¡tan sencillas!
que él comparaba
a luceros del cielo.
Pero, ¿por qué lloras?
me preguntó mi hermano:
mi hermano, el más pequeño
Hermano, le dije con tristeza
Un día ya mayor comprenderás
Que el rojo de los granos del cafeto
Lleva sangre también de los abuelos.
No crezcas pequeñuelo
para que nunca entiendas
la historia triste y cruel de los cafetos
y no te enteres nunca
que a fuer de sangre
por odio de banderas
es todavía más rojo
el noble grano de los cafetales.
Postdata: Las fotografías y notas biográficas son tomadas de la revista Arrierías Edición número 1, de febrero 4 de 2019, con la autorización de Manuel Tiberio Bermúdez.