Para: Revista Digital Arrierías
La terrible pandemia que azota el planeta tierra -donde todavía no se conoce el verdadero origen del Corona Virus-, ha dejado ver el alma escondida, la verdadera conciencia del ser humano dentro de una tragedia de, hasta ahora, incalculables consecuencias en la sociedad, en la naturaleza, en la individualidad.
Lo cierto es que, como siempre, sacaron sus putrefactas y perversas uñas los criminales de siempre: políticos, gobernantes, contratistas y demás “yerbas del pantano” quienes aprovechando la falta de justicia en Colombia, su dominio del poder y la estulticia propia de criminales avezados, para apropiarse de los dineros del pueblo colombiano destinados soliviantar un poco las necesidades de sobrevivencia por el encierro obligado y conveniente para salvar vidas. Ante la ausencia de justicia en nuestro país y la politiquería que domina las instituciones de control estatal, lo cierto es que nada pasará. Sólo unos pocos, generalmente mandos medios, son los que llevarán “del bulto” y pagarán por sus jefes inmediatos, por los “dueños” del establecimiento, por los verdaderos culpables del desastre económico y, a su vez, determinadores del robo descarado al erario público. Pienso, y lo digo con conocimiento de causa, que estos hechos tipifican un delito internacional llamado Crimen de Lesa Humanidad.
Contrario a los hechos de criminalidad de los arriba citados, hay casos de solidaridad, de confraternidad, de relación de amor y afecto entre los colombianos. Algunos, en medio de sus limitaciones, sacan de sus propios mercados o del dinero o mesada de manutención familiar, algo para ayudar a los demás. Esto lo he visto en mi pueblo, Caicedonia y también conozco de algunas personas en el departamento del Quindío. He aquí algunos casos de solidaridad de personas que ayudan a los demás sin buscar réditos sociales, políticos o económicos. Lo hacen por humanidad:
Mario Hernández, un reconocido empresario colombiano, en palabras sinceras y sin aspavientos asegura que “los políticos no aportan un peso al desarrollo económico de Colombia”. Hecho verídico. Por el contrario, aseguro yo, esquilman o meten sus manos sucias en el presupuesto nacional, regional o municipal. Hechos ya comprobados en esta crisis. El señor Hernández, en forma sincera y clara asegura que los empresarios ya han ganado dinero con sus empresas y que, por tanto, no se deben perder empleos y si se afectara la economía personal, “ya hemos ganado y podemos partir de cero, pero siendo solidarios con nuestros empleados. Tendremos tiempo de recuperar lo perdido”. Es más, invita a los políticos a leer las teorías sobre el dinero, el interés y el empleo de Maynard Keynes, el reconocido economista británico. ¿Sabrán los políticos quién es Keynes?
En el Quindío, un reconocido profesor ya pensionado de la Universidad del Quindío, Manuel Gómez Sabogal, empezó una campaña para recolectar dinero y/o mercados para una población minoritaria pero sufrida, violentada, excluida, perseguida y vituperada: los trabajadores sexuales de la comunidad LGTB. Doloroso saber que existen mentes perversas, muchas de ellas que confiesan y siguen al dedillo las normas cristianas, sean las más insolidarias, perseguidoras y señaladoras de unos seres humanos que escogieron ese camino por circunstancias dolorosas de vida. Manuel, con su campaña, ha logrado ayudar sostenidamente a una parte de esta población. Sin duda alguna, necesita más aportes y sé de la solidaridad de los quindianos para estas causas.
Otro Quindiano, Mauricio Arroyave, músico, compositor, arreglista, grabador y profesor universitario está haciendo la misma campaña de recolección que Manuel, pero dirigida a los músicos de la calle, a los mariachis, los serenateros. Aquellos seres humildes que recolectan unas monedas cantando en buses o en esquinas determinadas, aún con la infame persecución policial, y que hoy no pueden salir de sus hogares para obtener el sustento diario para sus familias.
En Caicedonia, Jairo Ernesto Sánchez, un Caicedonita radicado en Londres y hoy confinado en Caicedonia por fuerza de las circunstancias, hizo una colecta entre paisanos, algunos colombianos y no pocos británicos para comprar mercados en nuestro pueblo y repartir entre la gente más humilde del pueblo. El emprendedor Jairo Ernesto tuvo la genial idea de comprar los mercados, no en supermercados del pueblo sino en las tiendas. Ayudó a surtir algunas y luego les compró el surtido para que, con las ventas, volvieran a surtir y hacer crecer los pequeños negocios. Una idea luminosa, edificante y de emprenderismo no personal para beneficio de personas humildes de Caicedonia. En el sector rural La Camelia, nuestro amigo ha impulsado y refrendado su idea.
POST SCRIPTUM: Ninguno de los arriba citados sabe de esta referencia periodística pues son personas que no buscan reconocimiento, aplausos, contratos o prebendas personales. Son seres humanos con un sentido de la solidaridad que sobrepasa la costumbre muy colombiana de arrasar o acabar con el contrario, de imponer. En Caicedonia la administración municipal ha recibido parte de esos mercados y, en compañía de Jairo Ernesto, han visitado los lugares más deprimidos para ayudar un poco a sobrellevar la crisis. Felicitaciones inmensas para los cuatro personajes aquí referenciados. Sé que en otras regiones, en otros pueblos hay seres humanos con una dimensión solidaria y humana única que nos lleva a pensar que no todo está perdido en Colombia. Aplauso general para todos los humanistas y solidarios de nuestro país.
Muy edifican te saber que hay personas con un verdadero sentido social y humanitario haciendo lo que los politiqueros no han querido aunque se rompan el cuello gritando que el nuestro es «un Estado Social de Derecho» jair estrada Ocampo.
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