ENTRE COMILLAS

“La peor de la crisis que sufre el país es la de los medios de información. Y esa crisis lo lesiona todo, pero, antes de nada, lesiona cualquier mínima posibilidad de paz” 1.
La semana pasada fue despedido de su trabajo periodístico informativo en la revista Semana Daniel Coronel, indiscutiblemente uno de los más connotados periodistas de nuestro país, hoy exiliado por la persecución violenta que el Estado o por la presión que los dueños del poder ejercen en contra de la opinión, de la libertad de hablar, de decir algo.
Muchos han sido los perseguidos políticos en Colombia por pensar distinto, por asumir una posición crítica frente a la sociedad, frente a los dueños del poder, frente a la ignominia: María Cano, tulio Bayer, José María Vargas Vila, el general José María Córdova, el periodista Fernando Garavito, por no citar sino unos pocos. Nada afecta tanto al ser humano perverso, maligno, al dueño del poder, como la capacidad que tiene alguien de debilitar un dominio sin utilizar armas para asesinar, sólo con la palabra, con su pluma.
Hace poco un conocido periodista nacido en el Valle del Cauca pero con cédula de arraigo firme en el Quindío, Gilberto Montalvo, se quejaba de la facilidad que tienen ciertos comunicadores sociales para lanzar al aire noticias o columnas sin averiguar la veracidad, el origen de las noticias, los comentarios que aparecen en las redes sociales y que son más noticias falsas o chismes de la farándula política. Nos recordaba la base que tiene el periodismo serio: la ética, la probidad y, fundamentalmente, la veracidad que sólo lo da la investigación juiciosa.
Esta apreciación de Montalvo, me llevó a recordar, precisamente, a uno de los periodistas más importantes en la historia de la denuncia política, de la investigación y el análisis con su pluma, a veces corrosiva pero tenaz: Fernando Garavito (1944-2010) quien murió en el exilio perseguido en Colombia por el gobierno de Uribe Vélez.
En agosto 12 del 2001 escribió en el Espectador una columna que tituló Por la calle del medio. Por la importancia del escrito y por la verdad que en ella revela el autor, sacamos o transcribimos un extracto de su trabajo:
“Violencia es el silencio de los medios en torno a determinados sucesos, a ciertas y precisas interpretaciones. Violencia es el simple relato del suceso inmediato sin una adecuada contextualización. Violencia es el desconocimiento de la historia. Violencia es el culto a la “chiva”, que nos ha llevado a extremos muy peligrosos. Violencia es la obediencia que muestran frente a sus fuentes. Violencia es el rumor y su publicación en las columnas y espacios de chismes manejados por señoritas descotadas. Violencia es el fallo que se dicta en la etapa sumarial, sin que la justicia haya llegado a una decisión definitiva. Violencia es la equívoca selección del material informativo. Violencia es el acorralamiento del receptor de las noticias., mediante una avalancha que le impide pensar. Violencia es la publicación de hechos que pasan directamente al receptor, eludiendo el tamiz de una mínima evaluación crítica. Violencia es lanzar noticias por la borda, a la topa tolondra (sic). Violencia es negar el derecho a una rectificación adecuada. Todas estas son formas de un ejercicio violento de la libertad de información, mejor dicho, del libertinaje de la información, que hoy es la norma de recibo diario entre nosotros”.
En otro artículo escrito en mayo del 2001, escribió una frase, inolvidable para mí y que refleja la crisis de credibilidad de muchos de los medios de información en Colombia y el mundo:
“El afán de protagonismo de los medios, su urgencia de la primicia y del flash informativo de última hora, la carga moral de la que no pudieron desprenderse (que los convirtió en Catones de nuevo cuño), la ignorancia supina que mostraron a lo largo y ancho del proceso alrededor de los procedimientos judiciales, todo eso y mucho más llevó a que la información fuera lo de más y la justicia lo de menos”. 2
- Garavito Fernando. El Vuelo de las Moscas. Editorial Hombre Nuevo Editores. Medellín 2003. Página 163.
- Ibídem. Página159.