
Columna Palabra Empeñada
Sé que hablar del coronavirus resulta para muchos un tema tedioso, estresante y hasta depresivo. Pero bien dijimos en la entrega anterior que esta tormenta perfecta que vivimos hoy en todas las latitudes de nuestro planeta tierra, se asemejaba a la combinación de la pandemia de la peste negra y la segunda guerra mundial.
Hoy estamos frente a la mayor crisis contemporánea de esta humanidad y nos enfrentamos a una pandemia que está cambiando el panorama mundial a tal velocidad, que desde hoy podemos decir sin temor a equivocarnos, que el mundo no volverá a ser igual en temas de: salud, economía, política y cultura como mínimo.
Ese fatalismo que vemos y sentimos lo experimentamos con angustia y miedo porque, y gracias a los medios de comunicación, nos damos cuenta del impacto en el tema de salubridad y supervivencia de la especie humana frente al exponencial número de muertos en todos los países. Pero además, vemos cómo avanza la escasez de alimentos y materias primas, como se incrementa el hambre y el desempleo y como caen los precios de los principales indicadores económicos de los países y se estanca la productividad, es decir, se siente desde ya una tremenda recesión económica mundial.
Por eso, muchos han publicado, y debido a los reales impactos en las vidas y en las economías, que lo que estamos viviendo es generado por la mano humana y está siendo utilizado como un arma para acabar a grandes colosos económicos y étnicos, tipificándose como una verdadera guerra.
No va a ser fácil encontrarle salidas y soluciones ante tan descomunal trastorno. Sin embargo, debemos concientizarnos que: la crisis genera angustia, pero la angustia bien manejada debe generar creatividad en cada uno de nosotros, y la creatividad es el motor de la inventiva y los descubrimientos, y estos últimos, utilizados estratégicamente, deberán generar el progreso necesario para retomar el sendero de la prosperidad.
Y muchas lecciones estamos aprendiendo a vivir en estos días de escases, aislamiento y reflexión: es primordial la fe en Dios, la importancia de la familia, la necesidad de la solidaridad, el cuidado del medio ambiente y, de que necesitamos de una dirigencia que vuelva a ver en el campo y su vocación agropecuaria, la gran salida a los problemas sociales, de seguridad alimentaria, de generación de empleo y crecimiento económico.
Durante muchos años fue el cultivo del café la alternativa en las post-guerras para generación de empleo y estabilidad social y económica como lo evidenciamos en el que hoy ostenta ser el segundo productor de café en el mundo: VIETNAM.
En un país como el nuestro, privilegiado en tierras, aguas y gentes, el campo va a ser la gran salida a este nudo gordiano que vivimos los que habitamos el planeta tierra.
¡Colombia, tierra querida!
Entre todos vamos a salir adelante!
Que viva el campo!