Luis Antonio Calvo ¡vive! / Mauricio Ortiz.

Primera Entrega.

CAlvo 1
Luis A. Calvo – foto de la web

Sin duda alguna, mi experiencia al conocer la obra musical de Luis Antonio Calvo ha sido la más hermosa y enriquecedora desde que comencé a trasegar los difíciles pero regocijantes senderos de este hermoso arte. Puedo colegir contundentemente que Calvo me ubicó en un punto muy alto en relación con la exigencia que obliga a una profunda y verdadera apreciación musical.

Quiero comenzar mi análisis diciendo que, desde mi perspectiva, las poesías de Calvo son hermosamente construidas desde lo semántico porque aluden al amor, al desamor, a lo espiritual y a lo terrenal, al exponer con un lenguaje florido y metafórico, de maneras tácita y a veces muy concreta, el ambiente bucólico en el que se mueven vivencialmente sus obras. Pero la poesía de Calvo no se queda ahí, pues él también hace gala de una excelsa prosodia en la que articula bella y eruditamente las pronunciaciones y acentuaciones con sus fantásticas creaciones melódicas y armónicas.

Explorar y luego escudriñar las obras de Calvo sugiere, querámoslo o no, un placentero y nostálgico viaje entre los sentimientos más profundos y paradójicos del ser humano. Tal vez, y sin proponérselo, este gran maestro por medio de su obra dejó al descubierto su vida íntima y todos los sentimientos que lo regocijaron y abatieron al mismo tiempo durante su estancia en el leprocomio (ya desaparecido) del municipio de Agua de Dios, a principios del siglo XX.

Con las obras religiosas, por ejemplo, Calvo expone su generosidad al ofrecerles a las coristas religiosas de la época una gama inmensa de posibilidades melódicas que incitan a un súbito y delicioso viaje celestial. Y al mismo tiempo, con las obras religiosas dedicadas a los sacerdotes de la época que convivían con él y el resto de enfermos, el maestro Calvo exalta la condición magnánima del ser humano que prodiga amor a sus congéneres, desprovisto de todo interés material.

Las obras religiosas de Luis Antonio Calvo dedicadas a la Virgen María no sólo son un hermoso himno a este importante ícono de adoración de la Iglesia Católica, sino que también se constituyen en la excusa perfecta para entrelazar las voces de las sopranos, los tenores, las contraltos y los barítonos en un exuberante juego coral, que por pasajes permiten la exhibición individual de cada cuerda humana con exigencias interválicas de altura, de respiración y fraseo, al mejor estilo de las grandes áreas de ópera.

Sus obras profanas tienen unas características musicales que exigen de manera rigurosa al solista vocal, a atacar delicadamente las notas agudas, conducir debidamente los intervalos (algunos muy extensos), y exponer un fraseo apropiado para dar vida a cada contexto de los contenidos poéticos, tanto dramáticos como exultantes.

Uno de los componentes estéticos más sobresalientes de las obras de Calvo para voz y piano, es que este último, además de desplegar toda una variedad de ritmos y armonías acompañantes, también “canta” con la voz humana: hace melodía principal simultánea en algunos pasajes, hace melodía principal simultánea con una octava abajo en otros momentos, y más superlativamente, hace melodías contrapuntísticas para “vestir” los lides con sutiles filigranas.

  1. Amapola

–           Patrón rítmico: vals

–           Forma: A-B-C y repite A-B-C

–           Descripción: está presente la fuerza interpretativa del piano con acordes graves muy profundos que le impregnan animosidad a la poesía bucólica-romántica. El cantante (tenor) se mueve en una altura mediamente cómoda (entre LA(A) y FA(F)) que le permite hacer gala de los agudos y el lirismo al principio y al final de la obra.

AMAPOLA

Novia del campo amapola que estás abierta en el trigo

amapolita, amapola, ¿te quieres casar conmigo?

te daré toda mi alma, tendrás agua y tendrás pan

te daré toda mi alma, toda mi alma de galán

Tendrás una casa pobre, yo te querré como a un niño

tendrás una casa pobre llena de sol y cariño

yo te labraré tu campo, tú irás por agua a la fuente

yo te regaré tu campo con el sudor de mi frente

Amapola del camino, roja como un corazón

yo te haré cantar al son de la rueda del molino

yo te haré cantar al son de la rueda de la vida

te abriré mi corazón, amapola de mi vida

  1. Ángelus

–           Patrón rítmico: canción

–           Forma: A-B-C-A

–           Descripción: con una gran variedad de arpegios, el piano expone una nostalgia delirante, y conduce al cantante (tenor) a moverse en una altura muy exigente de la escala. Ahí está la esencia de esa gran carga emocional y triste de la obra que le imprime más dramatismo a la poesía. En mi caso personal, Ángelus me obligó a practicar un sin número de veces los SÍES y LAES sobreagudos que aparecen en un pasaje aparentemente corto, pero que retan al cantante a dosificar la respiración y al mismo tiempo a hacer los intervalos con mucha sutileza para que ese tramo no pierda su intencional dramatismo.

ÁNGELUS

La arboleda está dorada en el viento vespertino

va la música acordada de un doliente clavecino

y la tarde está llorando como un niño su tristeza

y la sombra va doblando sobre el pecho la cabeza

Por las sendas silenciosas se oyen llantos de cristales

¿y las rosas? ¿dónde viven los rosales?

¿y las rosas, jardinero? ¡ay de mí!

si yo supiera dónde vive, caballero, la divina primavera

Mi jardín está ya viejo, y os juro por mi suerte

que en la fuente yerra el dejo de las aguas de la muerte

  1. Gitana

–           Patrón rítmico: canción

–           Forma: A-A-B-B-A-A. En la grabación, Lezlye y yo decidimos abolir las repeticiones de las partes B y A final, y optamos por repetir con sólo piano la parte A, con gran dramatismo y lentitud para introducir el fragmento final de la voz. Así, entonces, quedó: A-A-B-A.

–           Descripción: en la introducción, el piano sugiere una pequeña fuga que complementa después con una interpretación más lenta para exponerse melódicamente a la par con la voz del tenor. En los interludios, el piano recurre a una propuesta romántica de arpegios que refuerzan la intención romántica y de desamor de la poesía. Gitana es una obra lírica-popular por excelencia: se mueve en intervalos entre el FA sostenido (F#) y el SOL sostenido (G#), agudos.

GITANA

A través de la reja de tu ventana

dirijo a ti mis quejas, bella gitana

despierta pues, señora, tal es mi empeño

el ser que por ti llora trunca tu sueño

Para decirte cosas que tú no sabes

para obsequiarte rosas puras y suaves

nacidas estas flores en campo yermo

ellas son los amores de un pobre enfermo

Que sueña con tus ojos abrasadores

y con tus labios rojos torturadores

pero sigue soñando, gitana hermosa

mientras estás soñando duerme, reposa

  1. Libélula iri

–           Patrón rítmico: vals

–           Forma: A-B-B-A-B

–           Descripción: desde el principio, los arpegios pianísticos recrean el aleteo de una libélula, que son al mismo tiempo el contrapunto de la voz del tenor. Mi gran reto en esta obra fue el fiato, pues en los pasajes más románticos hay unas descripciones metafóricas de los sentimientos humanos que le exigen al cantante dosificar la respiración durante muchos compases, con el compromiso de transmitir dulzura y enamoramiento. La interválica cómoda, entre el FA(F) y el SOL(G) agudo, le dan al cantante la oportunidad de deslizarse tranquilamente con el fraseo para recrear el fondo fresco en el que se “mueve” la “libélula”.

LIBÉLULA IRIS

Corre a mis brazos, zagaleja mía

mi amor, mi alegría

fulgor de los cielos, rumor de alegría

corre a mis brazos, zagaleja mía

Yo quiero en tu boca, fundir los panales

de mis otoñales, jardines perenes y de mis rosales

libélula iris, sultanita amada

vienes sonrosada, cual rayo de Osiris, mi ilusión dorada

libélula iris, sultanita amada

Cautiva te adoro, bajo oscuro techo,

y contra tu pecho

que es luz y decoro, mis labios, estrecho

cautiva te adoro, bajo oscuro techo

Ya escucho tus pasos y dentro del alma

palpita la calma como aire de estío a través de una palma

ven acá y reposa, mariposa mía

sobre la agonía de estos turbios ojos, donde muere el día

ven acá y reposa, mariposa mía

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