Los muchachos / Por Darío Rios Calle

Dario Rios Calle, se suma a nuestros colaboradores.  Poeta, escritor, de Trujillo, Valle del Cauca. Tiene en preparación un libro de cuentos y ha publicado el poemario “Pajaros de Vidrio”.- Bienvenido a Arrierias.-


Hace ya, unos años estábamos en casita mi esposa Fátima, mis hijos y yo disfrutando de un merecido descanso un viernes como a eso de las cinco de la tarde, recuerdo muy bien que la tarde era calurosa por lo cual yo estaba en pantaloneta y descamisado. Fátima me venía insistiendo que me vistiera porque ella presentía que podía llegar alguna visita. Tal vez lo decía porque aquella tarde rondaba un cucarrón por la casa y según dicen eso es anunciando visita. ¡Qué va! Con este calor quien va a venir, déjame estar cómodo, que me voy a vestir si nadie va a venir. ¡Bueno! Sentencio ella como amenazándome con la tal visita.

La verdad es que ella siempre ha poseído un don especial que es el de la premonición, pero no  para las cosas malas sino para las buenas. Por otro lado ella lee en los ojos de las personas las intenciones con las cuales se acercan a mi o a cualquier miembro de la familia y a veces se ha puesto intensa diciéndome que tenga cuidado con tal o cual persona; al principio yo no hacía mucho caso a dichas premoniciones pero con el paso del tiempo fui entendiendo que había que hacerlo, pues, por hacerlo ya eran varias las ocasiones que me había tenido que lamentar de los resultados de mi desobediencia.

Bueno, pues de un momento a otro, mi esposa anuncio con sarcasmo ¡Vio, se lo dije! ahí llegaron todos los muchachos. Yo de momento pensé que eran alharacas de ella para asustarme, pero de inmediato pude percatarme que era verdad; de varios carros empezaron a descender “LOS MUCHACHOS” eran mis más dilectos amigos quienes hacía bastante tiempo no venían a mi casa en son de visita. Pero lejos de ver muchachos mis ojos solo contemplaron un grupo de calvos, con gafas, algunos barrigones, otros demasiado flacos, sin contar a las damas que venían en el grupo a quienes por cierto el tiempo les ha respetado su belleza.

¡Los muchachos! Si estos son los muchachos como serán los viejos. Esto es un ancianato le dije a mi esposa y comenzamos a reír a carcajadas en compañía de ellos cuando les contamos la expresión con la cual mi esposa los había anunciado.

Recuerdo uno por uno de los que llegaron, Misael Arboleda con su esposa Blanquita Sabogal, Manuel Marín a quien hemos mencionado en varias oportunidades en este ejercicio literario mas conocido como  “El Bimbo” con Karina Mancera su esposa, Feliz Gómez Romero, Lieride Agudelo con Angelita su esposa de aquel entonces, después de ella se perdió la cuenta de las mujeres que nos ha presentado como sus compañeras, novias etc.  a Lieride  le decimos simplemente “Li” para abreviar ese nombre que le pusieron y que se hace casi imposible de pronunciar, Guillermo Rocha Padilla con una señora que era su esposa del momento, ya no recuerdo cuál de todas era aquella dama, vino también Nelly Amparo Ruiz a quien entre los amigos llamamos “La chili” porque cuando era una muchacha hace ya mucho tiempo, se disfrazaba como La Chilindrina y quedaba idéntica. Ese era su personaje favorito y  así la pusimos.

Ellos mismos empezaron a resaltar sus defectos y los de todos los del grupo y no parábamos de reírnos, uno de ellos venía medio agripado y traía una bufanda en medio de ese calor disque para que no le fuese a dar un resfriado; el otro pues que le había dado recientemente un dolor producido por unos cálculos renales, que la presión alta que la próstata y así cada uno anunciando sus dolencias a tal punto que el Bimbo propuso que compráramos un lote de terreno y que hiciéramos cada uno una casa para que viviéramos cerca los unos de los otros y que entre todos pues, compráramos una ambulancia para tenerla parqueada todo los días por si acaso.

Bueno ustedes podrán analizar los cuentos con los cuales nos teníamos la barriga de la risa, no falto la dama que tuviese que entrar al baño a orinar para no hacerlo allí en los muebles de la sala. Estos muchachos como empezamos a decirnos desde ese momento, son inmamables cuando de joder se trata, no hay quien los aguante y aquel que no tiene sentido del humor muy afinado es posible que hasta le parezcamos desagradables, irreverentes e irrespetuosos. Al bimbo no lo recomiendo, ese verraco es mordaz a tal punto que en varias ocaciones ha logrado disgustar a los asistentes a una reunión nuestra porque no se mide para hacer mofas a costillas de los presentes asi sea su esposa o su hijo o su propio padre.

Bueno son mis amigos de toda la vida, amigos con los cuales hemos sorteado penas, compartido épocas felices, desde la infancia y a veces nos vemos después de largos periodos de tiempo pero la amistad siempre es la misma y tenemos fama de ser tremendos cuando de disfrutar la vida se trata.

Después de aquella hermosa velada donde hubo poesía, karaoke, chistes, anécdotas, chismes y sacadas de cuero al sol, a mi se me quedó aquel calificativo  que Fatima había usado para referirse a mis amigos “Los Muchachos” de inmediato me senté frente a mi computadora y escribi este bello poema que puede ser dedicado no solo a mis amigos sino a los amigos de todos ustedes.

LOS MUCHACHOS

Ya rondamos los cincuenta

Y a muchos les falta pelo.

Otros usan las gafitas

De las que usaban los viejos

Y por haber empezado

Las labores muy temprano

Algunos ya son abuelos.

Amigos desde la cuna

Amigos desde la infancia

Amigos para la vida.

Recorriendo por las calles

De nuestro pueblito viejo

Repartiendo serenatas

En las noches de amoríos

Al pie de las ventanitas

Donde dormían las nenas.

Mirando la misma luna

Compartiendo nuestras vidas

Sorteando las mismas penas

Con un gran amor de hermanos

Que llego hasta los cincuenta

Amigos desde la infancia,

Amigos para la vida.

A veces poco nos vemos

Y el tiempo corre veloz;

Más cuando nos encontramos

Después de una larga ausencia

Con un abrazo de hermanos

Se refresca la amistad

Y se oxigena la vida.

Ignorando el tiempo acaso,

“Los muchachos” nos decimos

“Los muchachos” que alegría

Y estamos peinando canas

Pero si resulta alguna

Pa’darle una serenata

Que se tengan las ventanas

Porque nos sobran las ganas.

Cuando vuelvan los muchachos

Cantare con toda mi alma

Una canción a la vida

Para detener el tiempo

Amigos desde la infancia;

amigos para la vida.

Es de anotar que en aquella época rondábamos los cincuenta, hoy, rondamos los setenta y la amistad sigue incólume y cada día mas poderosa. Debo presentar excusas a aquellos grandes amigos que llevo en el corazón y que son tantos y tantos que sería dispendioso mencionarlos a todos. Para aquellos que me visitaron en mi residencia el día en mención y para todos aquellos que no he mencionado va este abrazo radiactivo. Para los que partieron a muy temprana edad, que vayan alistando alcobas para los que van detrás de ellos pues la rumba continua en el cielo.

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Dario Ríos – Poeta y escritor 

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