Retratos poéticos de escritoras / Por Carlos Alberto Agudelo Arcila

DÍAS PARALELOS

Marguerite Duras

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Marguerite Duras – Foto de la web

(Francia, 1914 – 1996)

Dramaturga, novelista, guionista y directora de cine francesa. Debutó como escritora con la novela de corte neorrealista Los caballitos de Tarquinia, 1953. Afirmaba haber salvado la vida al compañero de resistencia, el ex presidente Francois Mitterrand. Trabajó como periodista y defendió con entusiasmo el movimiento feminista. Su primera novela importante fue Un dique contra el Pacífico (1950). Otras novelas destacadas son Moderato cantabile (1958) y El amante (1984), con la que obtuvo en 1984 el Premio Goncourt, ­el galardón literario más prestigioso de su país­, y se convirtió en un auténtico best-seller mundial. Estuvo influenciada por el Existencialismo.

 ESCRIBIR UN día. Escribir la sangre. Escribir el refugio. Escribir el viento. Escribir la palabra incierta. Escribir de lunes a lunes. Escribir la mujer ausente. Escribir el ropaje. Escribir la quimera. Escribir algo. Escribir el silencio. Escribir el filo. Escribir la coartada. Escribir el rasguño. Escribir el cuchillo. Escribir el salto. Escribir la música. Escribir la desnudez. Escribir el polvo. Escribir el humo. Escribir el esqueleto. Escribir, escribir, escribir. Escribir en una noche, donde tú me ayudes a dejar de escribir la mañana aquella, cuando no te conocí y viajaste no sin antes parar en la tienda vacía para escribir, que jamás nos llegaríamos a ver. Escribir, escribir, escribir. Escribir la silueta. Escribir el espejo. Escribir la memoria. Escribir el olvido. Escribir, escribir, escribir. Escribir la fábula. Escribir el rojo. Escribir el incoloro. Escribir el rostro desahuciado. Escribir el trigo. Escribir el vino. Escribir el pan. Escribir, escribir, escribir. Escribir, desaparecer entre el escribir. Escribir, escribir, escribir. Escribir, alimentarme de silencios, en seguida cavar en la fruta mi sed y el albor de la raíz. Me contengo, llego a la rutina, camino sobre hojas secas, tomo conciencia del verdor más allá de la brisa, donde columpia el día de olores clandestinos. Dejo de escribir, algo me hala, salgo a la calle con deseos de pensar. Me es imposible pensar. Regreso a mi cuarto para pensar. ¿Pero qué sé yo de pensar? Sonrío y comprendo que no puedo pensar. No soy nadie para pensar. Y si pensara qué importa pensar. No es mi arte pensar. ¿Es necesario pensar? La fruta madura pronto se va a podrir, así sea yo una mujer con capacidad de pensar. Hago un jugo sin pensar. Lo bebo sin pensar. Me acuesto y no me atrevo a pensar. Mañana, como todos los días de mi vida, será un nuevo amanecer, donde jamás voy a empezar a pensar. Y soy feliz, aunque a veces me entra la duda si es necesario pensar, para aburrirme un poco. De pronto, leo hoja a hoja los frutos del bosque. Leo trino a trino el plumaje en la altura. Leo luz a luz las sombras en el camino. Leo piedra a piedra los ríos del entorno. Leo nube a nube focos de azul en la lejanía. Leo poste a poste buitres al asedio. Leo hombre a hombre mujeres que limpian el día, del tercer canto del gallo. Leo tumba a tumba el pueblo por desaparecer. Leo ruido a ruido la ciudad, a la que nunca quisiera llegar. Leo niebla a niebla otro orbe, desde donde me observo en este mundo, en el que escribo palabra a palabra chamizos, coles, helechos, girasoles, esferas, barandillas y la pregunta de qué está encarnado mi silencio, cuando no escribo. Piedad por la idea que crucifica el destino inconcluso. Reciclo amaneceres grisáceos, junto al color fatigado del limonar. Días de desventuras, de sudor, de fraguar la huida del canto del gallo, por el tercer sendero. Me ensimismo y empiezo a vivir de silencios, del blanco de los ojos ciegos. A vivir de cosechas por sembrar, de silencios, silencios, silencios, de trigo y mirlas. Doy de beber silencios al sediento. Silencios, ventanales en el silencio, desde donde pienso, a los 18 envejecí. No sé si a todo el mundo le ocurre lo mismo…ese envejecimiento fue brutal. Observo mi semblante en el espejo, relamo el verbo y la arrogancia perversa de una burla semejante a un ganglio extirpado, podría engañarme, creer que soy hermosa como las mujeres hermosas, como las mujeres miradas, porque realmente me miran mucho. Pero sé que no es cuestión de belleza sino de otra cosa, sí, de otra cosa, por ejemplo, de carácter. Son las once, deseo que la barca donde lleven mis cenizas navegue en el rocío. Que desde sus riberas se escuche el danzar del tiempo. Se observe a la señora que lava sobre la piedra la vida misma, y yo quizá siendo un fantasma recorra cuartos y pasillos del buque silencioso, como ninguna vez lo hice en mi existencia. En alguna orilla divisar sombras andariegas, sombras de arbustos y niños encima de los arbustos de sombras abiertas, que dejan entrever las tardes de pueblos, que algún día visité. Sí, sombras como puertas de par en par, por donde se han de lanzar mis cenizas. Anochece, el mundo se encabrita río abajo. Nada queda. Nada acaeció, la historia de mi vida no existe. Eso no existe. Nunca hay centro. Ni camino, ni línea. Hay vastos paisajes donde se insinúa que alguien hubo, no es cierto, no hubo nadie.   

Clarice Lispector

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Clarice Lispector – Foto de la web

(Brasil, 1920 – 1977)

La biografía de una de las grandes escritoras de Latinoamérica, convierte a la brasileña en heredera de Kafka y desentraña los mitos que rodean su obra de resonancia universal, como cuenta Benjamín Moser, en el libro Por qué este mundo, sobre Clarice Lispector. Según el traductor Gregory Rabassa recordó haberse “quedado atónito al conocer esa persona extraña que se parecía a Marlene Dietrich y escribía como Virginia Woolf”. Autora de Cerca del corazón salvajeAprendizaje o el libro de los placeresLa manzana en la oscuridad y La hora de la estrella, entre muchos otros libros. Cuando murió, el poeta Drummond de Andrade escribió: Clarice procedía de un misterio y regresó a otro.

Hoy tengo un lenguaje de desafío, de devorar la presencia, de sangre fatal, de captar la cuarta dimensión del instante, de palpitar incierto, de agua desolada, de grifo cerrado al mundo, de anhelos y plumas en el estanque. Hoy mi lenguaje se va entre el hocico, para luego verlo aullar en el bosque, hasta tropezar con la abuela cuando se dirigía a casa de su nieta, donde se cocinaba rugido de tigre, trinos de espantapájaros y aullido de zorro. Hoy voy a conciliar la palabra, con mi caminar desprevenido. Hoy el vocablo está sombreado de abismo, donde el incienso aproxima lo indecible de la noche. Hoy vierto el río en el aluminio, donde se escuchan gritos de auxilio, caudal que arrasó con los habitantes del pueblo. Hoy mi palpitar coincide con el paso, seguido por huellas fantasmales. Hoy me siento culpable de haber nacido, de mirar a la anciana cubierta con la noche helada. Me siento culpable de la sombrilla, del sol y el arado. Me siento culpable de creer en la rama y no en el fruto del sudor de cada día. Me siento culpable por aquellos que nacieron, para ser condenados por la verbena a olfatear la rutina de nada en su mesa. Me siento culpable de cuanto no sucede. Me siento culpable del aire que me deja fisgonear el danzar de la penumbra. Me siento culpable del olfateo de fantasmas. Me siento culpable de la luz desprendida del vientre de mi madre, hasta la ulterior sombra de mi sangre. Me siento culpable de mis huesos, de mi carnalidad que han de hospedarse en el sitial de los gusanos. Hoy acontece una mudez escalofriante, algo sucede, son los intrusos, nadie quiere hablar de los intrusos. Llegan y se van sin dejarse ver. No son fantasmas. No son espíritus malignos, no obstante, los intrusos existen, aunque nadie lo quiera comprobar. Ellos son los dueños, de la casa abandonada. Ninguno quiere conversar sobre los intrusos. Las casas de vez en cuando salen de la niebla, y detrás de ellas los intrusos. Intrusos que dejan huellas malolientes. Los intrusos. Siempre los intrusos. Los intrusos. Los intrusos llenan sus cabezas de pájaros, aves que madrugan a permear los aleros con silencios extraños, como los intrusos. Los intrusos son seres invisibles, entre las sombras de los gatos, que maúllan desde el tejado frente al sol. Los intrusos llevan entrañas de nuestras entrañas, merodean sin reconocernos desde allá del otro lado. Los intrusos. Siempre los intrusos que somos. Hoy soy tan misteriosa que ni yo misma me entiendo. Camino por un atajo hasta observar un lugar tranquilo, reflexiono y siento que este es el pueblo de la muerte, sus habitantes no tienen amarguras son serenos, sus miradas brotan de agujeros ásperos, se les observa sin prisa, cada paso por darse lo consultan con el oráculo, desconfían de la aurora, sus memorias olfatean alguna sopa vinagrosa, un pan descompuesto, una carne putrefacta, se regocijan. Se dirigen a la mesa de la longitud del universo, donde se observan otros comensales, cuando vociferan la noche de la noche. En esta comarca hay un resquicio, por donde se vigilan algunos visitantes. Los pobladores de este territorio temen, porque pueden llegar a ser aplastados por la indiferencia de esas vidas. Hoy profano el brillo de la época imposible y entonces se escuchan los grillos mojados. La luz del miligramo no altera la oscuridad. Pues la oscuridad no es iluminable, la oscuridad es un modo de ser: la oscuridad es el nudo vital de la oscuridad, y nunca se toca en el nudo vital de una cosa. Hoy el universo gira alrededor de la hormiga, el viento y la hoja hacen un pacto de quietud. El viento se forja en hoja, la hoja se vitaliza de viento, vertebra en el aire olor a polvo estancado. Hoy quiero decir la mañana y el éxtasis compenetrándose en el punto más oblicuo del ventanal. Hoy giro alrededor de la silla de polillas. Hoy me entrego al oficio de extraer del estanque mi propia mirada. Hoy hay muchas cosas por decir que no sé cómo decir. Me faltan las palabras. Pero me niego a inventar otras nuevas. Las que ya existen deben decir o que se consigue decir y lo que está prohibido. Y lo que está prohibido lo adivino. Si hubiese fuerza. Más allá del pensamiento no hay palabras: se es. Mi pintura no tiene palabras: está más allá del pensamiento. En ese terreno del se es soy puro éxtasis cristalino. Se es. Me soy. Tú te eres.

Del libro inédito DÍAS PARALELOS,

 

audeloCARLOS ALBERTO AGUDELO ARCILA:                                                                             

Poeta, minicuentista, aforista, novelista y ensayista.

Libros publicados:

ANTIDIARIO (Aforismos, 1988)

DESENTRAÑISMOS (Aforismos, 2003)

¿DE QUÉ COLOR ES EL AZUL? (Poesía, 2007)

PERROS METAFÓRICOS (Poesía, 2008)

USOS DE LA NOCHE (Poesía, 2017)

LA MÁS BLANDA GOTA DEL OLEAJE (Obra seleccionada, por la Gobernación del Quindío, para ser incluida en la BIBLIOTECA DE AUTORES QUINDIANOS. Poesía 2019)

Aparece en las siguientes antologías:

ESCRIBIR EN CRISIS (Convocatoria mundial de escritores, libro publicado por la revista LETRALIA, donde Carlos Alberto Agudelo Arcila, aparece como único colombiano)

ANTOLOGÍA HISPANOAMERICANA DE POESÍA ENTRA –MAR (Edilson Villa)

ANTOLOGÍA POÉTICA DEL SIGLO (Carlos Alberto Castrillón)

PAPELES Y RAZONES (Taller literario del Quindío)

BREVE HISTORIA DE LA LITERATURA EN EL QUINDÍO (Héctor Ocampo Marín)

CAICEDONIA TESTIMONIO DE VIVA VOZ SOBRE LA HISTORIA (Miguel Antonio Gualteros Forero)

MINIFICCÓN QUINDIANA (Bibiana Bernal)

AUTORES DE CAICEDONIA (Henry M. Espinal)

POESÍA ERÓTICA Y AMOROSA DEL QUINDÍO (Diego A. Pineda)

 Ha dirigido las siguientes revistas de literatura y poesía

CASCADAS DE POLVO (Plegable)

PROSA RESOLUTA (Revista)

CASCADAS DE POLVO (Segunda época como revista)

ANDARINA (Revista)

FLORESÍA (Plegable con textos originados de los niños que participaban en los talleres de lecto-escritura)

KANORA (Revista. Cofundador)

Jurado interdepartamental de cuento profesores COMFENALCO.

Tallerista literario y conferencista en educación superior, básica media y primaria.

Gestor del Encuentro Nacional Luis Vidales, sede Caicedonia.

Su obra poética hace parte de la investigación, que como tesis de maestría presentó en la UTP la estudiante y profesora de Cartago Valle Liliana Agudelo.

Su obra poética también fue estudiada por el estudiante Danilo Mora, para su tesis de grado en la Universidad del Quindío.

Colabora con sus columnas en el diario EL ESPECTADOR y Las2Orillas.

Colabora en la revista virtual TEXTALE y UNIÓN HISPANO MUNDIAL DE ESCRITORES.

Columnista del diario virtual EL QUINDIANO.

Ha publicado en la revista: MANOS DE TIZA, CUENTO CON USTEDES, UN CUENTO AL DÍA, la revista española ALMIAR.

Publica en diferentes revistas y periódicos de España, EE.UU. y otras partes del mundo.

 LIBROS INÉDITOS

DÍAS PARALELOS (Retratos poéticos de escritoras)

MARTES DE NUNCA LLEGAR (NOVELA SURREALISTA)

DOMINGOS PARA BEBER CON AGUASOLA (Poesía)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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