Como la historia televisiva de los años 1988 a 1993, The Wonder Years, en la cual Winnie y Kevin nos encantaron con los amores y desamores, encantos y frustraciones de la prepubertad, pubertad e inicios de la adolescencia, mostrados desde la escolaridad, así mismo, cada uno de nosotros tuvimos una época inolvidable pletórica de recuerdos amargos y dulces de nuestro paso por la escuela y la secundaria.
Remontándonos tres generaciones atrás, para contextualizar al lector, joven o maduro que no vivió esa época, o no cree en lo que les cuenta el abuelo, o padre, describamos experiencias o recuerdos que parecen insignificantes pero que para quienes las vivieron hacen parte de ese cúmulo de cosas inolvidables que tallaron la personalidad y lo que somos hoy.
En honor a la verdad y fidelidad de los eventos, y como gratitud, no cambiamos los nombres de los personajes.
Algunos de los eventos parecen salidos del mundo irreal de realismo mágico garcíamarquiano, y se describen con adjetivos o verbos.
Terror: Segundo de primaria, escuela José Eusebio Caro, años 50, salón de clase. Evento: exámenes orales en presencia y asistencia del Señor alcalde, El Cura Párroco, el Inspector Escolar, el director de la Escuela, en la mesa principal, y los profesores y padres de familia alrededor y los alumnos, llenos de terror, sentados en el centro. Todo un tribunal de inquisición. La materia principal era, por supuesto religión, y obvio, el Catecismo del Padre Astete memorizado. Lo más inolvidable: la invitación a almorzar a un HOTEL, por parte de la orgullosa mamá quien sacaba pecho cuando el hijo respondía bien a las preguntas y que, a pesar de ser analfabeta había enseñado al hijo a leer y escribir.
Escuela José Eusebio Caro, profesor Wolfio Maya, quien se paseaba por los corredores esgrimiendo una regla tan larga y ancha que causaba pánico verla y más, sentirla cuando golpeaba a los niños en la palma de las manos dejándosela hinchada y enrojecida.
Alegría: Escuela José Eusebio caro, Profesor Antonio Restrepo y sus inolvidables paseos o caminatas hasta la parte de atrás del Colegio Bolivariano, unos 150 metros, donde el fiambre era devorado con alegría. El Profesor Restrepo, emérito docente, no podía caminar mucho y hacía un gran esfuerzo para llevar los niños esa corta distancia.
Años 60, Colegio Bolivariano. Acceder a esa institución era un logro mayúsculo, hacían examen de admisión. Pero los estudiantes de la Vocacional pasaban sin problemas. Don Dionisio Rodríguez, rector, quien en su discurso de bienvenida hablaba de un tren que va viajando por una carrilera con muchas estaciones donde se bajan unos y solo unos pocos llegan al destino final. Hermosa analogía del bachillerato que, para esa época, empezaban muchos y pocos terminaban. Era además un declamador insigne y su poema preferido comienza así:” A un Tamal”.
¡Esponjado tamal ¡Yo te saludo
¡Salve, mil veces, oloroso envuelto,
bien venido si traes entre tu vientre
dos grandes presas y un carnudo hueso……….
Poema de Juan José Botero, que, Don Dionisio, recitaba con toda la elocuencia y entonación delante el alumnado.
Envidia: mirar el pavoneo de los alumnos de diez y once quienes se paseaban gallardamente, delante de los grados inferiores, cual si fueran reyes del mundo. Belisario Marín, Mario Ramírez, Ancizar Villa, Ramiro Rodríguez, Humberto Escobar, Henry Espinal, Fernando Arbeláez, Álvaro Quiroga, entre otros, quienes encabezaban la fila del desfile hacia la iglesia, todos los domingos, marchando detrás de la imponente banda de guerra, y se daban el gusto de reemplazar a los profesores en las clases, el día del maestro. Un recuerdo para quienes ya no están.
Repugnancia: estar al lado o ver comer a un coordinador sucio y maloliente conocido como Castromota.
Admiración y orgullo: Recibir clases Gerardo Chamorro, un Ph. D, Philosophical Doctor, el título más alto en educación Universitaria, para ese entonces, que fue profesor del Colegio, y quien, viniendo de la Escuela Vocacional, con un grupo excelente de docentes, se vincularon al colegio y crearon la Sección Agropecuaria, formalizando, ante la Secretaría de Educación Departamental, el título y diploma de Capacitación Agropecuaria, que abrió la puerta a muchos para vincularse al mercado laboral. El grado era en cuarto de bachillerato y las niñas, pocas en ese entonces, recibían clases de culinaria, mecanografía, modistería, repostería, puericultura, bordados, pintura y glamour por parte de un excelente puñado de mujeres maestras, algunas ya desaparecidas.
Aprehensión: Sentir que el corazón latía más rápido ente la inminente salida de las niñas del Liceo Femenino y de la Normal, esperando ver a la que más adelante sería nuestra novia o esposa.
Expectativa y curiosidad: La llegada de niñas al Bolivariano, trasladadas del Liceo. Toda una novedad, llegaron en pequeños grupos pues el colegio era masculino, así como el liceo y la Normal, femeninos. Y, los alumnos, como machos demostrando su poder ante la manada y marcando territorio.
Huir: eso se quería, cuando un eminentísimo profesor, llegado de España, estudiante de medicina, impuso su método en anatomía de reconocer los huesos del cuerpo humano a vuelo de pájaro. De una caja, o en un esqueleto mostraba un hueso y debía decirse el nombre correcto. Nombres que nunca se olvidaron: Trapecio, trapezoide, grande, ganchoso, pisiforme, piramidal, semilunar, escafoides, astrágalo, calcáneo, navicular, cuneiformes, etc. Y la nota era cinco o cero. Entonces aparecieron esqueletos y partes de esqueletos robados del cementerio en las casas, para poder estudiar y ganar anatomía. Con este profesor hasta permiso para ver necropsias se consiguió. Hasta que el cura se emberracó y puso vigilantes en el cementerio y los familiares de los pájaros (bandoleros) a quienes se hizo la autopsia, amenazaron al profesor y a los estudiantes. Nunca más se volvió ni al cementerio a robar huesitos ni al anfiteatro a ver muertos. Este gran profesor, Ricardo Escobar, (QEPD), fue uno de los mejores rectores que el colegio ha tenido.
Modernidad: las materias fluctuaban entre 10 y 15, todas obligatorias y con cualquiera se perdía el año. El examen final valía el 40% y aunque llevara un tres, si sacaba menos de dos, o le anulaban el examen, perdía la materia. Los exámenes finales de sexto, (11), eran sellados, vigilados y atemorizantes tal como los Icfes, hoy.
Satisfacción: Guardando las proporciones, algunas materias exigían trabajos finales como tesis de grado, que podían valer hasta 1 punto en la definitiva. Asignaturas como Sociales, exhibían los mapas de Colombia, Europa, Asia y el Mundo al final del año. Las niñas presentaban el dechado, un mantel de tela con todos los modelos de los bordados. O, los trabajos finales de repostería, culinaria, modistería y puericultura, en un evento para todo el pueblo con ventas incluidas. Y el trabajo final de anatomía y miología, un álbum dibujado con tinta china, algunos tan bien elaborados que se conservaban en la biblioteca, y eran fuente de consulta tal como la anatomía de Testut.
Los avances tecnológicos eran el mimeógrafo, para sacar los exámenes y las conferencias, el proyector en seco, el retroproyector, el cine de 16 mm, y el increíble proyector de diapositivas, un aparatico que se cuidaba como a la niña de los ojos. Máquinas de escribir, de coser y equipos para repostería, culinaria, agricultura y zootecnia.
Los estudiantes salían con conocimientos de contabilidad, ebanistería, metalistería y ciencias agropecuarias, además una gran fundamentación académica para la Universidad.
El colegio fue pionero en la enseñanza de Regla de Cálculo, algo así como computación, hoy en día. Con ese aparatico se hacían conversiones matemáticas y funciones trigonométricas.
Conocimiento: No existían licenciados, ni especialistas o magísteres, solo normalistas y/o profesores con bachillerato completo o incompleto, pero dedicados, honestos en su labor y apasionados por la enseñanza.
Los años maravillosos de la escuela y colegio no los habrían sido sin los maestros y sin los compañeros, unos aún con nosotros y otros en la memoria.

La Regla de Cálculo, lo máximo en tecnología, años 1965-1966.

Diapositivas en vidrio para proyector. El profesor las iba explicando como si fueran una presentación en Power Point de hoy.

Regalo del colegio para que los maestros guardaran las tizas. Una Almohadilla fabricada en el taller por los alumnos.