“Era una llama al viento y el viento la apagó”.
Así cantaba el poeta Porfirio Barba Jacob en su poema “Futuro”, para hablar de la soberbia, pero también de la fragilidad de los seres humanos.
Simios erguidos, como nos definió alguien, para recordarnos que somos seres prepotentes recién bajados de los árboles para ejercer de dioses y demonios, porque en nosotros cabe toda la bondad y toda la maldad, según el camino que elijamos para caminar sobre el planeta que nos tocó en suerte habitar.
Pero somos frágiles, inmensamente frágiles y vulnerables, así nos lo han demostrado los desastres provocados por la naturaleza: ciclones, sequías, terremotos, inundaciones, huracanes, tsunamis, pueden borrar en pocos minutos de la faz del planeta, cientos, miles de seres humanos, sin respetar jerarquías, condición social, creencias, rangos.
La muerte se adueña, sin advertencia alguna , y se limpia de un manotazo, de su lomo redondo que vaga en el espacio, esos minúsculos seres con pretensiones de dioses que la habitamos.
Y si no es la naturaleza, somos nosotros quienes depredamos a nuestros semejantes por medio de las guerras. Millones de seres humanos que han fallecido en esos juegos de poder en los que el hombre mide su arrogancia. Desde tiempos inmemoriales el hombre asesina al hombre sin piedad y sin remordimientos: las guerras mongólicas, las llamadas Napoleónicas; la horrorosa de Vietnam; las primera y segunda guerra mundial y las de nuestro país, tan negadas pero tan horrorosas y letales y que aun padecemos.
Somos frágiles y arrogantes, y los poderosos lo son, hasta que de un momento a otro aparece la gran apaciguadora de la insolencia y entonces, esa arrogancia es vencida, doblegada, por enfermedades que le dan la medida de su fragilidad a los seres humanos: la Viruela; el Sarampión; la gripe española; la Peste Negra; el VIH; la gripe H1N1 y hoy el Covid-19 que tiene al mundo en alerta, alejado de las grandes aglomeraciones, recluidos en nuestras casas guardándonos de ser víctima de esta infección que ya ha causado tantas muertes y que hasta el momento no se ha encontrado la cura o cómo detenerla. Somo eso una arrogante fragilidad…
El Director