Un pañuelo violeta / Por: Catalina Varela Castro. 

Caminando hacia la habitación de mi abuela, me pregunto -¿por qué se siente el olor de su perfume por toda la casa?, es domingo y generalmente la abuela se queda leyendo en su cuarto mientras disfruta de una bebida caliente, habitualmente con hierbas y frutas frescas, cuando estoy por llegar, ella sale de la habitación, se sobresalta y me dice -¡ay! esta muchachita me asustó, ¿usted qué estaba haciendo ahí?.

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Caatalina Varela C.

-Abuela, iba a preguntarle que para donde va, que huele tan rico

-¿Cómo así?, pa’ vieja

-Pues eso veo, pero en serio. -La abuela no dejaba de mirar su celular y sonreía pícaramente, mientras caminábamos hacia la cocina, me quedé en silencio y cuando levantó su mirada yo estaba estirando mi mano con un poco más de su bebida.

-Mírala tan bella, gracias, no pues voy a salir por ahí a bailar.

-A bailar abuelita, jajajajajaja. -No pude aguantarme la risa, cuando logré volver a respirar con tranquilidad estábamos en la habitación de la abuela y un arsenal de cosméticos y accesorios la esperaban, lo que más me llamo la atención fue un pañuelo violeta que no había visto antes.

-Mami, qué es lo que le da tanta risa, cuénteme.

-Me la imaginé en la viejoteca, bailando, y pues como casi siempre la veo es leyendo, se me hizo algo raro; pero mi abuela había vuelto a mirar su celular el cual sostenía con una mano y con la otra escribía rápidamente -mírala, y después me dice que yo no suelto ese aparato, Sol Ospina López. -dije con un tono de voz un poco fuerte.

-Ay mija, estoy hablando con el amigo con el que voy a salir, para que le dé más risa; respecto de eso.-dijo mientras se ponía el pañuelo violeta en su cuello. Esta salida tiene una gran historia, es decir, el hecho de que yo pueda salir esta noche a bailar al igual que muchas mujeres, es gracias a un movimiento social y político llamado feminismo.

-Yo he escuchado algo sobre eso en el colegio; hablamos acerca de las sufragistas, unas compañeras lo expusieron, la historia acerca de cómo las mujeres lograron ir a las urnas.

-Suena bastante sencillo cuando lo dice así mija, pero fue una gran travesía, en mi caso todo comenzó cuando tenía como 16 años por allá en 1966, cuando escuche a su abuela Tulia alegar con su abuelo Raúl porque ella quería exponer sus pinturas así como èl exponía las suyas; cuando él le dijo que el mercado no compraría una obra de arte firmada por una mujer, su abuela se fue para el cuarto y se puso a llorar, yo la seguí desde mi cuarto y le pregunté que su abuelo porque decía eso, ella levantó la mirada y me dijo que el mundo era complejo para las mujeres y que la ilustración había diseñado unos derechos que no incluían las singularidades de las mujeres y que el sistema había aprovechado eso para dejar a la mujer relegada a la labor del hogar.

-Abuela, pero la bisabuela Tulia hacia cuadros hermosos, aunque ahora que lo pienso un compañero no me quiso dejar jugar futbol porque supuestamente, “no es un deporte de niñas”.

-Ese tipo de creencias son las que cuestionamos las feministas, así mismo como el orden establecido, el cual beneficia a unos pocos; ya que nuestro discurso se basa en la justicia, es también una forma de ver el mundo mi chinita, sin embargo, este tema aún hoy después de 3 siglos de su surgimiento genera tanto en mujeres como en hombre una sonrisa burlona, como el año pasado cuando un grupo de feministas chilenas viralizó a través de redes social una consigna que evidencia la realidad social de las mujeres quienes vivimos el abuso de un sistema patriarcal que ha legitimado prácticas violentas contra la mujer y en sí ante la diferencia.

-Luego de lo que me ha contado abuela, tengo muchas preguntas, pero creo que usted se tiene que ir, me alegro mucho que ahora podamos salir, y si lo pienso bien, jugar futbol, usar el cabello corto y bueno lo que queramos, somos libres, aunque la lucha no se termina, me acuerdo de todos y todas riendo de ti cuando cantabas en la plaza la consiga de las chicas chilenas; creo que si le cuento a mis amigas podamos formar un equipo de fútbol.-La abuela Sol cruzó la puerta, se dio media vuelta, desató el pañuelo de su cuello y me dijo, espero que nunca le pierdas.

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