Revista Digital Arrierías.
La declaratoria de un organismo mundial recogiendo un modo de vida, un entorno y una historia, de una región colombiana, hace ya 9 años, trajo consigo un empoderamiento regional de los planes, proyectos, perspectivas y beneficios que se desprendían de esa nominación.

Algunos de los municipios y veredas acogieron recomendaciones de conservación y ajustaron sus Planes de Ordenamiento Territorial, los planes básicos, los proyectos administrativos y la reorganización creando nuevas dependencias acordes con lo sugerido con la declaración para beneficiarse de los apoyos y para perdurar en el tiempo con el tesoro propio de la región.
Vale la pena recordar el cómo y el cuándo se realizó esta acción que fue motivo de fiesta en los municipios cobijados. El Paisaje Cultural Cafetero de Colombia – PCC fue declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad durante la 35ª Sesión del Comité de Patrimonio Mundial de la UNESCO – Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, que se llevó a cabo en París entre el 19 y el 29 de junio del 2011.
La región declarada y delimitada como PCC, está conformada por 47 municipios y 411 veredas de los departamentos de Caldas, Quindío, Risaralda y Valle del Cauca, donde se encuentran ubicadas cerca de 24 mil fincas cafeteras, en las que viven aproximadamente 80 mil personas.
El PCC es un paisaje productivo vivo, dinámico, en el que se mezclan el trabajo familiar en los procesos de producción, recolección, beneficio y comercialización del café de ladera o montaña; la conservación de la tradición y el desarrollo de técnicas de producción sostenibles; la incomparable riqueza natural que le ha valido la denominación como una de las 34 regiones prioritarias para la conservación de la vida en la tierra; las utilización de técnicas tradicionales de arquitectura como el bahareque; las formas de poblamiento en los filos y pendientes de las montañas; y la riqueza, variedad y la originalidad del Patrimonio Cultural.
Esta declaración, a la luz de su entendimiento y cobertura, se quedó corta, pues dejó por fuera los lugares, que, sin ser montañas, ni laderas, están densamente poblados y no poseen los factores climáticos para cultivar el café, pero viven y sobreviven de su influencia. Por ejemplo, las veredas circundantes y de regiones planas de los municipios cafeteros.
Colombia tiene 8 reconocimientos de la UNESCO, haciendo parte del Patrimonio de la Humanidad, y el mundo tiene centenares, el turismo mundial se desplaza de un lugar a otro para conocer lugares nuevos con la marca de patrimonio. Esa es una de las razones de la afluencia de turistas en Quindío, Risaralda y Caldas. Un turismo avasallador, depredador, que llegó sorpresivamente, pasando de visitantes ocasionales a permanentes y propietarios, tornándose una sobrecarga para municipios como Salento, Filandia, Pijao, entre otros, desplazando nativos y turistas locales.
El turismo se diversificó, de artesanal, pasó a gastronómico, natural, artístico, religioso, sexual, rumbero y de relax. Todas estas modalidades se conjugan para atraer centenares de visitantes focalizados en los lugares que han aprovechado su entorno, lo que se demuestra en la disparidad turística de los municipios que conforman el PCC.
De todos estos tipos de turismo el más importante regionalmente, es el turismo natural, o de naturaleza, que como su nombre lo indica, se centra en la observación, deleite, recreación en ambientes naturales. Este turismo se desglosa en turismo de aventura, turismo rural y el ecoturismo.
Este último se entiende como un conjunto de actividades y prácticas que las personas realizan al aire libre, en áreas destinadas o catalogadas para esa función y con el fin de deleitarse con paisajes, flora, fauna, microfauna y microflora, así como con las expresiones culturales del entorno, a la vez que lo comprende, aprecia y conserva, pues hace parte de un programa colectivo o comunitario en el cual participan los miembros de la comunidad.
Una rama del ecoturismo es el AVITURISMO, que es la observación de aves en su medio natural, lo que se hace por esparcimiento, investigación o trabajos científicos. No es, observar aves en cautiverio que fulano de tal tiene en su finca, no, es con las aves en plena libertad y con irrestricto respeto y protección de los hábitats avícolas.
Tampoco es un senderismo sin planificar, el aviturismo debe estar certificado y con criterios éticos que aseguren la permanencia del entorno y la mínima incidencia negativa.
Existe un mandato para los observadores de aves, es: Leave No Trace, (LNT), que significa NO DEJE RASTRO, conocido primero por los guías como programa de capacitación y que permite un índice mínimo de efectos negativos y contraproducentes en las áreas de observación, bien sea senderos, parques naturales o entornos cerrados y definidos.
Lo que hoy llamamos “desarrollo sostenible” parte de la mínima invasión y alteración de los recursos naturales en esas visitas con visitantes guiadas por personas capacitadas y responsables.
En conclusión, antes de promocionar en eventos y reuniones de turismo un renglón turístico, que no está definido, debemos preparar las personas que hacen parte de una actividad orientada a la observación y acaso reconocimiento de aves, caracterizar áreas, comprometer propietarios, senderizar y hacer trabajos previos de campo con las personas encargadas de guiar a los visitantes.
Esta nota hace honor al Proyecto de ACUERDO N.º 023-017 Del 14 de diciembre de 2017 del Concejo Municipal, “POR EL CUAL SE ADOPTA Y SE IMPLEMENTA LA POLÍTICA PÚBLICA DE TURISMO DE CAICEDONIA, VALLE DEL CAUCA”. el cual especifica un horizonte en los planes y proyectos de turismo para el municipio, que deben estar, por lo menos, presentados, semi realizados, o acabados, pues con más de dos años de aprobado ya debería estar, en parte implementado.