
Su nombre verdadero era Alfredo Sánchez Luna y nació en Caracas, el 22 de febrero de 1930. Su madre una mujer incansable y luchadora, enfermera y costurera, en medio de los rigores de una economía hogareña precaria, se preocupó por darle una educación orientada hacia las artes plásticas. Alfredo mostraba entonces una gran inclinación por la pintura. Tenía 7 años de edad cuando presentó en la Escuela 19 de abril, una exposición de sus habilidades pictóricas.
A los 16 años trabajaba como caricaturista en el diario de La Esfera, en el seminario Fantoches, dibujante publicitario de la Agencia McCann Erickson, trabajaba en una dependencia oficial, terminaba su bachillerato, seguía un curso de música con los salesianos y empezaba a cantar en los programas de aficionados… y esto último lo hacía porque le gustaba… nunca pensó en llegar a ser un cantante profesional… su aspiración era ser pintor.

Pero eso no era su destino… En 1948 le grabó a su amigo el compositor José Reyna un pasodoble dedicado al torero venezolano El Diamante Negro y el disco resultó un éxito extraordinario. La gente preguntaba: ¿quién es ese Alfredo Sadel que canta tan bien?
Esa feliz circunstancia definió su porvenir. Dejó a un lado todas las labores relacionadas con el dibujo, renunció al puesto que tenía y se dedicó de lleno a la música. Se cambió el nombre, comenzó sus presentaciones en la radio, en los clubes, teatros, la grabación de más discos y surgió Alfredo Sadel…
El origen de su nombre artístico es muy curioso. Alfredo era un ferviente admirador de Carlos Gardel. A su apellido Sánchez, le dejó las dos primeras letras SA y las unió con las tres últimas de GARDEL y obtuvo entonces el SADEL, con el que hoy lo conocemos…
En los dos años siguientes ahorró 12.000 dólares y se fue para los Estados Unidos en 1950. Estuvo allí hasta 1954. Se presentó en el Latin Quoter, en la NBC Televisión, en el Shoreman, y al final triunfó en el Chateau Madrid, pero económicamente no obtuvo lo que esperaba. Únicamente sobrevivió y se gastó los 12.000 dólares. Cansado de luchar y sin dinero, decidió salir de los Estados Unidos. Cuando ya tenía su fecha de regreso, la A.P. lo designó como el artista latinoamericano más popular en la televisión de ese país. Al fin llegaba el anhelado éxito… pero su decisión de partir ya estaba tomada.
De esta época, es la grabación del L.P. MI CANCION, que realizó para la RCA Víctor y que le abrió las puertas de la fama en Latinoamérica; una verdadera joya discográfica. Un repertorio cuidadosamente seleccionado con 12 piezas maestras de la canción romántica, con arreglos orquestales de ese genio musical que fue Terig Tucci, una magnífica orquesta y la voz extraordinaria de un tenor venezolano que se llamaba Alfredo Sadel… así lo conocimos…
Viajó entonces a Cuba, en donde triunfó artísticamente, pero sin mayores logros económicos. Siguió a Venezuela y en ese mismo año regresó a Cuba en condiciones diferentes. Estuvo tres meses y siguió luego a México. Entre 1955 y 1960, participó en seis películas: Tú y la mentira, con Evangelina Elizondo y Miguel Aceves Mejía; El ratón, con Ratón Macías; Tres balas perdidas con Rosita Quintana y María Victoria, además, El buena suerte, En cada feria un amor, Martín Santos el Llanero. Entre película y película realizó giras al Canadá, Colombia, Argentina y Cuba. Volvió a los Estados Unidos en 1958 y firmó un contrato por siete años con la Metro Goldwyn Mayer para trabajar en el cine: 1.000 dólares semanales mientras comenzaba a filmar y.… pasaron 18 meses en Hollywood sin que nada sucediera. Únicamente cobraba y estudiaba. Mientras tanto se presentó en algunos programas de televisión, hasta que Alfredo Sadel se cansó de esperar la oportunidad de ser la estrella de cine que buscaban. Renunció a la Metro y se fue para Europa en 1961…
En 1961 contrajo matrimonio con un viejo amor: Rosita Rodríguez y se instaló en Milán para seguir allí estudios superiores de canto. Estudió el idioma italiano y estuvo también en Austria aprendiendo el alemán.

A partir de 1962, se dedicó casi completamente a la interpretación del género operático. Presentó en ese año 3 funciones en el Carnegie Hall, con la zarzuela: Cecilia Valdés, al lado de Marta Pérez y luego siguieron 27 presentaciones que hizo en Lima (1964), en el Colón de Buenos Aires, en el Teatro Municipal de Caracas (1964), en el Palacio de Bellas Artes de México (1965), en la Academia Musical de Brooklyn, N.Y., el teatro Colón de Bogotá (1966) y en el Brooklyn Fox Theater (1967).
Después siguió a Belgrado, Alemania, Yugoslavia, Bulgaria, Rusia (en dos ocasiones), Siberia, Suiza, España y Estados Unidos, presentando La Traviata, Bohemia, El barbero de Sevilla, Tosca y Rigoleto. Hasta 1972, cuando su esposa se cansó de las largas ausencias y regresó con sus dos hijos a Caracas. Alfredo desesperado renunció al éxito que alcanzaba en Europa y también regresó a Venezuela para estar con sus hijos. En los países en donde se presentó cantando el género operático se hizo llamar con su nombre verdadero.
Fundó en 1973 en Caracas el Plan de la Opera de Venezuela, trabajando en ese programa hasta 1976. En 1978, fue a Cuba habiendo recibido un homenaje apoteósico en sus presentaciones. Y volvió a grabar música popular en 1979, un L.P. con canciones de Los Panchos que tuvo records de venta, otro con tangos, evocando a su admirado Carlos Gardel.
Sadel se estableció en Nueva York en 1985 y después de algún tiempo regresó a Caracas. Se presentó en varias ocasiones en Colombia en donde se le tuvo un gran cariño, especialmente en la ciudad de Medellín.
Decía Alfredo que su mejor año había sido 1988 porque se le habían abierto muchas puertas, entre ellas la posibilidad de presentarse en el Metropolitan Opera que era una meta que él se había impuesto. Su voz alcanzaba su plenitud entonces.
Su estado de salud se desmejoró notablemente a finales de 1988. En diciembre de ese año hizo sus últimas presentaciones en Manizales y en Cali ya no pudo terminar el concierto. Al regresar a Caracas lo venció la enfermedad: un cáncer en el colon que lo llevó a la tumba el 28 de junio de 1989. Moría así el último de los grandes tenores románticos que tuvo la América latina. Y nos dejó para siempre el gran amigo. He extrañado mucho su ausencia. Cuando llegaba a Bogotá me llamaba para que lo acompañara a desayunar y se nos iban las horas conversando. Cuando supe que estaba tan grave fui a verlo a Caracas en el mes de mayo y conversamos una hora. Ya estaba muy mal. Había que esperar el desenlace.
A partir del L.P. Mi Canción grabó unos 80 discos más, en los cuales dejó unas 900 canciones en el acetato. Fueron famosos además sus álbumes Nocturnal, Sadel 4 a.m., Fiesta Latinoamericana, Dominó, Con ardor, dos con canciones de Los Panchos, varios con tangos del repertorio de Gardel, muchos con canciones venezolanas y antes de morir alcanzó a ver su Antología: 15 L.P. en donde se recogieron sus mejores grabaciones. Me regaló una colección que me dejo con Gonzalito.
Sería muy largo enumerar las canciones y los boleros que fueron éxitos en su hermosa voz: “Vereda tropical”, “Traición”, “Incertidumbre”, “Tu retrato”, “Congoja”, “Desesperanza”, “Amor de mis amores”, “No te importe saber”, “Siempre te vas”, “Tú no comprendes”, “Júrame”, “Nocturnal”, “Perfidia”, “Noche de luna”, “Lloraste ayer”, “Fuego en el alma”, “Aquellos ojos verdes”, “Escríbeme” y muchos, muchos más.