Maestra de maestros / Por Guillermo Escobar Baena.

Para la revista ARRIERIAS.

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Puerta Principal Normal María Inmaculada

Para ser maestro de niños es completamente necesario ser como un niño, olvidar lo que sabemos y que hemos llegado al término de los conocimientos. Si se quiere ser un verdadero guía de niños, no hay que pensar en que se tiene más edad, ni que se sabe más, ni nada por el estilo; hay que ser un hermano mayor, dispuesto a caminar con los niños por la misma senda del saber elevado y de la aspiración. Y el único consejo que puedo daros en esta ocasión, si habéis de dedicaros a enseñar a los hijos del hombre, es este: que cultivéis el alma del niño eterno.”

Rabindranaz Tagore, Premio Nobel de literatura, 1913, obra escogida.

Quienes   tuvimos la fortuna y el privilegio de estudiar en la Normal Superior María Inmaculada de Caicedonia, de formarnos como Maestros y además, tener la oportunidad de ejercer esta honrosa profesión laborando en la misma institución,  contribuyendo también  a formar nuevas generaciones de educadores, sabemos que dicha educación y singular experiencia,  nos marcó positivamente en nuestras vidas dejando tanto una impronta del carisma Cristiano-Vicentino como del amor por la pedagogía, la ciencia y la cultura.

Esa doble fusión  del fervor religioso Cristiano y de la vocación Mariana acompañado del espíritu de solidaridad que nos legaron Vicente de Paul  y Luisa de Marillac, transmitido por las hermanas Vicentinas que fundaron la Institución en el año 1940 en nuestro municipio, junto con el amor por la palabra,  las ideas, los principios y leyes que explican el universo, la naturaleza y la sociedad desde las diferentes ciencias y disciplinas, en fundamentos impartidos por sus docentes,  sólo se entiende cuando se conoce la obra de  teóricos religiosos como Pierre  Teilhard de Chardin,* quien con sus estudios y reflexiones filosóficas logró hacer compatibles la religión y la ciencia, la fe y la razón.

La Normal Superior María Inmaculada, como institución educativa formadora de maestros es una de las pocas que quedan en el Valle del Cauca y ha logrado en sus setenta y nueve años de historia formar muchas generaciones de jóvenes, hombres y mujeres que eligieron como profesión la de la docencia y hoy se desempeñan en muchas partes de la geografía regional y nacional destacándose como educadores en los distintos niveles educativos,  por su idoneidad pedagógica, su capacidad didáctica,  pero ante todo por su integra formación como personas éticas, dando testimonio de la formación recibida en la que consideramos “Templo de sabiduría con calidad humana”.

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Dicha formación ética e integral, con calidad y pertinencia la recibimos y la compartimos gracias al gran número de educadores, Maestras y Maestros tanto religiosos como laicos que con gran sentido de responsabilidad, con vocación y espíritu de servicio, con dedicación y esmero no sólo impartieron los conocimientos veraces y pertinentes  desde las diferentes áreas y disciplinas del saber sino que con su ejemplo, su rigurosidad y disciplina lograron templar nuestros espíritus y forjar en cada uno de nosotros al Maestro investigador, inquieto, imaginativo y capaz de transmitir a los estudiantes el amor por el conocimiento, la aptitud para transmitirlo y el deseo de superación.

En este año que transcurre, ya próximo a terminar, nuestra Normal Superior María Inmaculada ha sufrido infortunadamente la pérdida de tres de sus educadoras: La Licenciada Nelly Patricia Flórez Montoya, quien perdió la vida en un absurdo accidente y fue por varios años docente del área de inglés, muy querida por sus estudiantes y compañeros de docencia. La Licenciada Gloria Lucía Idárraga García, profesora del área de lengua Castellana, con gran reconocimiento por su excelente labor y, en el último día de noviembre, registramos con gran tristeza también el sensible fallecimiento de la Licenciada Ligia Rodríguez Luna, quien ya estaba pensionada.

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Ligia Rodríguez

Ligia Rodríguez Luna,  junto con Miriam Osorio Idárraga  y Yolanda Piedrahita Ochoa, las tres del área pedagógica,  ya se han reunido en el cielo y Ellas, al igual que muchos otros docentes de la Normal ya fallecidos como Lida Rosa  Mejía Muñoz, Hernando Cortés Delgado,  Francisco Javier Escobar Restrepo , y, de la querida compañera  Leda Londoño López (del área administrativa),  perdurarán en la memoria agradecida de sus estudiantes así como   de quienes tuvimos la fortuna de compartir no solo sus enseñanzas sino también su alegría, su calidez humana, su entrega al servicio de la educación. Particularmente, quienes se formaron en el bachillerato pedagógico, luego en el ciclo de formación docente y últimamente en el programa de formación complementaria, no olvidarán los fundamentos de pedagogía, la rigurosidad de las prácticas, la experiencia de las didácticas, las trasnochadas preparando clases  en las distintas áreas pero ante todo, la formación ética, la pulcritud y  responsabilidad en el desempeño tanto en el aula como fuera de ella, con la correspondiente misión de servir a la comunidad y de dar testimonio con el ejemplo, de la virtud Mariana y del apostolado Vicentino, como  fundamentos de la solidaridad cristiana valores éstos que por el pasar de los tiempos se ha venido perdiendo en el ejercicio formativo.

Una evocación muy sincera se hace de las educadoras Sor Hilda y Sor Estela, de la comunidad Vicentina, quienes hoy día hacen parte de la pléyade de educadoras desaparecidas que dieron lustre y proyección a la Institución, en su momento.

Sus enseñanzas, sus formas de ser y sus vivencias que muchas veces compartimos son lo que ahora tanto valoramos y extrañamos, porque con todas ellos, formamos lo que denominábamos un gran “combo”. Hoy entendemos que se están cumpliendo ciclos vitales de los que no somos ajenos y que tarde o temprano también seguiremos ese camino hacia la eternidad para encontrarnos con Ellos.  Lo que nos queda hoy, es su legado, sus hermosos recuerdos, el compartir como en familia, pero, sobre todo, el orgullo de haber contribuido como lo hicieron todos y todas MAESTRAS DE MAESTROS, MAESTROS DE MAESTRAS, a cumplir con la Misión que una vez se nos ocurrió mencionar como la posibilidad de “SER PARA FORMAR Y FORMAR PARA EL SER”, desde una perspectiva cristiana y humanista.

* Pierre Teilhard de Chardin, * fue un religioso jesuita, paleontólogo y filósofo francés que aportó una muy personal y original visión de la evolución.

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