Para: Revista Digital Arrierías
Por: Mario Ramírez Monard
En nuestro anterior escrito hacíamos referencia a uno de los más grandes cronistas de la pos modernidad, el periodista polaco Ryszard Kapuscinski, el hombre que asombró al mundo con sus vivencias en zonas de conflicto, especialmente en África, describiendo a los seres humanos en aquellos lugares con sus dificultades, sus tragedias, sus desplazamientos, sus sufrimientos. Un verdadero recopilador de historias perdidas y vivencias increíbles conviviendo, observando y sufriendo en situ todas esas historias.

Desde la antigüedad, varios personajes se recuerdan como historiadores aunque sus relatos podríamos incluirlos en el género periodístico de la crónica sin existir, en aquellos tiempos, esa clasificación especializada en el mundo de las comunicaciones y la información actual.
Personajes como Heródoto, griego nacido en el siglo V antes de la era cristiana, dedicó su vida a viajar por zonas conocidas de influencia griega, como el mediterráneo, norte de África y región occidental de Asia, y dedicó toda su vida a escribir vivencias de las regiones que visitaba describiendo pormenorizadamente el desarrollo de las famosas guerras de los Medos o Médicas legando con sus escritos para la posteridad el conocimiento de culturas, entornos familiares, geografía y demás aspectos de la vida social de aquella época. Heródoto es considerado como el padre de la narrativa histórica.
Posteriormente aparece otro gran cronista de la historia en la antigua Roma, Cayo Suetonio Tranquilo, más conocido como Suetonio, hombre que describió pormenorizadamente la vida de los poderosos gobernantes de la época en una inmortal obra LOS DOCE CÉSARES, narrativa que nos permitió conocer las entrañas del poder y las intrigas que se vivieron en plena expansión de Roma para lograr el dominio imperial de todo el Mediterráneo y lugares remotos al sur de Europa, oeste Asiático y norte de África. La lectura de su obra atrapa al lector desde su comienzo. Conocer la vida desordenada de Calígula, Nerón, Augusto, Tiberio, Claudio y otros más que pasaron a la historia, no tanto por sus excelsas virtudes como gobernantes, sino por su lascivia, sus desórdenes sicológicos, su violencia y su estulticia.
En la época de la conquista española sobre América, uno de los más importantes relatores de aquella etapa de las grandes navegaciones, de Cristóbal Colón y otros, el más reconocido cronista fue, sin lugar a dudas, Gonzalo Fernández de Oviedo, historiador, etnólogo empírico, biólogo quien fuera escogido por el rey Carlos V como primer cronista oficial de la Corona.
Son muchos los personajes que han sobresalido por su coraje, sus viajes, sus narrativas que trascendieron la historia y dieron a conocer al mundo sus vivencias, el relato de lugares ignotos, costumbres, cotidianidad, sufrimientos e impacto en la historia, como lo hizo el famoso Marco Polo quien aportó al mundo el conocimiento de toda la región oriental asiática, de los Chinos, de la Ruta de la Seda.
En Colombia, uno dellos más grandes cronistas de la historia de los conflictos armados, especialmente los iniciados en la segunda mitad del siglo 20, sin lugar a dudas fue Alfredo Molano, el sociólogo de la universidad nacional que recorrió Colombia de sur a norte, de oriente a occidente en canoa, a pie, a caballo o mula, en cualquier medio de transporte para dar a conocer ese mundo poco conocido del campesino y sus desplazamientos; la guerra desde adentro, entrevistando guerrilleros, víctimas de la miserable guerra entre colombianos. Sus obras escritas como Selva Adentro, Los Años del Tropel, Historia de la Colonización de Guaviare, Relatos de Guerras, Tierras, Trochas y Fusiles, Aguas Arriba, Del Llano llano son, entre otras, la síntesis de la gran tragedia de la violencia en Colombia narrada en forma descarnada y desde su conocimiento directo, in situ como bien lo hacía el inmortal Kapuscinski. Con el fallecimiento del maestro Molano, se va uno de los más grandes cronistas de la historia real de Colombia, aquella que muchos pretenden desconocer o narrar desde sus mullidos sillones en las grandes capitales del país, sin visitar las zonas que describen. Molano fue un maestro en la narrativa del sentimiento, del sufrimiento y la desesperanza de millones de seres desplazados en medio de lágrimas mientras arrastran su miseria por ciudades y poblados en Colombia.
Sus escritos, su narrativa, su desenfadada forma de contar la verdad por encima de la verdad oficial le costó persecuciones, amenazas, asilos durante muchos años pero sus contradictores jamás pudieron amedrentarlo. Volvía y reiniciaba la tarea de escribir la crónica perversa de la guerra. Paz en su tumba, Maestro.