Cronistas de guerra / Por Mario Ramírez Monard

CONFLICTOS ARMADOS (1)

Para: Revista Digital ARRIERÍAS

Cuando tuve referencias de su nombre, su trabajo, su vida –información obtenida de uno delos más renombrados profesores de la universidad Carlos III de España, el profesor Eusebio Fernández-, empecé a comprender la magnitud del trabajo de un cronista social, de un hombre conocedor de la gloria, la miseria, el pensamiento del ser humano en territorios de conflicto.

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Empecé a leer uno de sus libros EBANO, una vez terminado el  Máster en Derechos Fundamentales. Recuerdo que me subí al avión y me embebí tanto en su lectura, que en un viaje de casi 10 horas desde que la gigantesca nave alzó vuelo del congestionado aeropuerto de barajas en Madrid para llegar a Bogotá, sólo vine a despegar mis ojos de su lectura cuando por los parlantes internos de la nave de Iberia anunciaban la llegada a la capital colombiana. Para nada sentí el largo y tedioso vuelo.

Su prosa, la forma de hilar el contenido, sus anécdotas, sufrimientos y necesidades en los largos viajes que emprendía para entender los conflictos en la convulsionada África; la exactitud en su narrativa y descripción de hechos, atrapa al lector una vez lee el primer párrafo del libro. Esa es la magia que hay en los escritos de Ryszard Kapuscinski (apellido con tildes en la s y en la n), un avezado periodista nacido en Polonia quien “con más pena que gloria, de aldea en aldea, de villorrio en villorrio, en un carro de adrales o en un autobús desvencijado” como se describe en la carátula de una de sus obras Viajes con Heródoto,(1)fue llamado el reportero del siglo por quienes conocieron su incansable trabajo investigativo para desvelar la miseria humana en medio de las guerras más atroces, especialmente en la ignota y muy desconocida África.

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Ryszard Kapuscinski – foto de la web

Mi interés por conocer la raíz de los conflictos, la violencia en los países y el impacto en la gente más pobre y desharrapada en zonas de conflicto; la miseria en los desplazamientos, las lágrimas de las viudas y sus pequeños hijos inocentes; el enriquecimiento miserable de los dueños del poder, de los dueños de las armas y, por supuesto de la guerra, me llevó desde muy niño a tratar de entender el por qué los hombres se mataban entre sí por supuestos conflictos ideológicos, como el caso de la mal llamada Violencia Política en Colombia, que más que política tenía un fin mediato y, por qué no decirlo, inmediato, de apropiarse indebidamente de un poder político para luego expropiar ilegítimamente a miles de campesinos o pequeños propietarios en mi país.

  • Mario -me dijo un día el profesor Fernández en una reunión de compañeros en la etapa final del Máster-, ustedes los colombianos, ¿por qué se matan entre sí?
  • Profesor, nuestra infame guerra tiene que ver con el conflicto de tierras bajo la excusa de una lucha partidista. Colombia es un país rico, con dos costas, inmensidad de ríos, quebradas, lagunas y fuentes de agua, tierras feraces de gran producción agrícola, especialmente el café. Tiene riquezas en el sub suelo, petróleo, minerales. He ahí la raíz de nuestra tragedia.
  • Le recomiendo leer a Kapuscinski –me dijo con profunda convicción-. En su libro Ébano, encontrará muchas de las inquietudes que usted puede plantearse en la esencia de los conflictos. Allí puede empezar el análisis y a encontrar los elementos básicos de la razón de muchos de los conflictos, como en el caso de la guerra entre Hutus y Tutsis (2)

 Mi profesor tenía toda la razón. Kapuscinski es un verdadero maestro en el campo de la narrativa de los conflictos. Viajó por varios continentes, estuvo en Colombia y en su amplio recorrido escribió obras de antología como La Guerra del Fútbol, El Emperador, El imperio, El Sha y la monumental obra Ébano que me abrió las puertas a ese mundo del conflicto llevado de la mano del gran periodista y escritor Polaco.

Como corresponsal de guerra, en los archivos de los periódicos a los cuales enviaba sus fabulosas crónicas, existe gran cantidad de reportajes, noticias, crónicas.

Remato este escrito citando de la obra escrita en sus visitas al África, una corta descripción que aparece en la contracrátula del libro en mención:

“En Ébano, Kapuscinski se ha sumergido en el continente africano, rehuyendo las paradas obligadas, los estereotipos,  y los lugares comunes. Vive en las  casas de los arrabales más pobres, plagadas de cucarachas y aplastadas por el calor; enferma de malaria cerebral; corre peligro de muerte a manos de un guerrillero; tiene miedo y se desespera. Pero no pierde la mirada lúcida y penetrante del reportero y no renuncia a la fabulación del gran narrador”.

POST SCRIPTUM: En nuestro próximo escrito nos referiremos a la guerra en Colombia (que algunos quieren negar a pesar de las evidencias) y los grandes relatos de nuestro evidente conflicto.

  • Heródoto fue uno de los más grandes cronistas de la antigüedad, antes de Cristo. Kapuscinski se consideró siempre su discípulo.
  • Nuestro autor describe, en forma descarnada, la gran tragedia de Ruanda y su terrible genocidio.

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