
Estuve del 23 al 27 de septiembre participando del II Festival Internacional de Arte sin fronteras por la Paz de Colombia en la ciudad de Pitalito, Huila.
En compañía de una veintena de cultores de las artes participamos en todos los eventos programados por los organizadores: charlas en colegios y universidades, exposiciones, recitales y la redacción de un manifiesto por la Paz.
Los artistas, desde Pitalito, enviaron un mensaje para todos los colombianos mediante un manifiesto que llamaron MANIFIESTO DESDE PITALITO POR LA PAZ DE COLOMBIA y que en algunos de sus apartes dice:
“Los creadores que participamos en el Segundo Festival de Arte sin fronteras por la paz de Colombia, pedimos a nuestros compatriotas que se tenga en cuenta este manifiesto para que de una vez y para siempre alejemos a los niños de la guerra y busquemos por medio de la educación y el ejemplo, hacer de ellos mejores seres humanos”.
Por considerarlo de interés general comparto a los lectores de Arrierías el texto completo del manifiesto:
MANIFIESTO DESDE PITALITO POR LA PAZ DE COLOMBIA
A los cultores del arte nos gusta que nos convoque la alegría, la amistad, las razones bellas para vivir. Es por ello que desde nuestras actividades con el color, con la imagen, con la palabra y con las letras, celebramos cada día el milagro de la existencia.
Y es por ello, que los creadores que participamos en el Segundo Festival de Arte sin fronteras por la paz de Colombia, pedimos a nuestros compatriotas que se tenga en cuenta este manifiesto para que de una vez y para siempre alejemos a los niños de la guerra y busquemos por medio de la educación y el ejemplo, hacer de ellos mejores seres humanos.
Y aunque pareciera que vivimos ensimismados en nuestros quehaceres, no podemos sustraernos a la realidad que nos rodea, por eso la pintamos, la fotografiamos, la señalamos con nuestras voces, la recreamos en nuestros escritos, sin mucho alboroto, quizá seamos poco sonoros, pero salen del alma para contar el entorno que vivimos, para mostrar las injusticias, para festejar lo festejable.
A este “Segundo Festival de Arte sin Fronteras por la Paz de Colombia”, hemos venido de todos los puntos cardinales de la patria y del exterior, para, desde nuestras diferentes maneras de expresarnos, pedirle al resto de colombianos que hagamos un frente común en contra de la guerra que ha vuelto a asomar su rostro aterrador en el horizonte.
Luego de los Acuerdos de Paz de la Habana, firmados hace tan solo tres años, la mayoría de los colombianos teníamos la esperanza de que este sería un sendero definitivo para construir un país diferente, un país en donde por fin, pudiéramos vivir sin el miedo a las balas que por más de 50 años resonaron en pueblos y veredas sembrando la desolación y el llanto en casi todos los hogares.
Las cifras de muerte son aterradoras: “La guerra en Colombia ha dejado 262.197 muertos: casi la misma población que habita el área urbana de Sincelejo, Sucre. De este total de víctimas fatales, 215.005 eran civiles y 46.813 eran combatientes. Esta es una de las principales conclusiones del Observatorio de Memoria y Conflicto, del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), que documentó los hechos ocurridos en el conflicto armado colombiano entre 1958 y julio del 2018”.
“El Observatorio de Memoria y Conflicto documentó, en total, 353.531 hechos. Estos son algunos de sus hallazgos: la guerra dejó 80.514 desaparecidos (de los cuales 70.587 aún siguen desaparecidos), 37.094 víctimas de secuestro, 15.687 víctimas de violencia sexual y 17.804 menores de 18 años reclutados”.
“Las cifras corresponden a las diez principales modalidades de violencia del conflicto armado: acciones bélicas, ataques a poblados, asesinatos selectivos, masacres, atentados terroristas, secuestros, desapariciones forzadas, violencia sexual, daños a bienes civiles; reclutamiento y utilización de niños, niñas y adolescentes; minas antipersona y munición sin explotar. Del total de víctimas fatales de esas diez modalidades, 94.754 son atribuidas a los paramilitares, 35.683 a la guerrilla y 9.804 a agentes del Estado”.
Cuesta mucho aceptar que el 82% de los muertos, eran civiles. Cuesta mucho más, entender que el 20% de nuestros paisanos desaparecidos, sigue sin regresar a sus casas. A nadie le cabe en la cabeza que, 17.804 niños hayan sido obligados a dejar de ser niños para irse a la guerra.
No queremos que este espantoso panorama, de guerra, muerte y odios, que parece haber resucitado el pasado 29 de agosto, cuando varios excomandantes de las Farc anunciaron que vuelven a retomar las armas, sea el que miremos o escuchemos otra vez cotidianamente.
Por ello, estamos aquí, en Pitalito Huila, prestando nuestras voces para hacer un llamado a la solidaridad de todos los colombianos que sueñan un futuro mejor para sus hijos.
Estamos acompañados de los niños de este Municipio para que ellos, quienes serán los ciudadanos de mañana, tomen conciencia de la importancia de tener un país en el que no duela vivir y que sean ellos los encargados de construirlo. Recordemos que entre todos podemos edificar la paz, porque la guerra ya vivida nos ha enseñado que nadie está libre de su abrazo de crueldad y dolor.
Los trabajadores del arte reunidos aquí en Pitalito, estamos comprometidos a levantar nuestras voces para pedirles a quienes pueden propiciar la paz, el Gobierno y los alzados en armas, que depongan la arrogancia, que cesen las hostilidades, que es urgente continuar lo iniciado en busca de consolidar la Paz, sin soberbia y con el corazón dispuesto para pedir y otorgar el perdón y hacer de Colombia un lugar mejor para todos los que en ella vivimos. Celebramos la cordura de los miles de guerrilleros que siguen creyendo en el proceso de reincorporación y avanzan en la lucha por afianzar su futuro lejos del horror de la guerra.
Pedimos a los poderosos que tengan en cuenta al pueblo trabajador, por ser el productor de sus riquezas; a los campesinos, quienes con su esfuerzo nos proveen la comida; a las amas de casa, por ser quienes más sufren las consecuencias de la guerra; a los estudiantes, los adalides del mañana que empieza hoy; a los artistas, escritores, intelectuales y poetas, por ser quienes trabajan con la imaginación, que tal vez es lo que falta para construir un mundo menos injusto.
A los poderosos, les sugerimos que piensen en los que solamente pedimos un poco de bienestar, dignidad y tranquilidad para quienes aspiramos a tener un remedo de calma para construir la patria que nos merecemos y poder vivir en paz con nuestras familias.
También les pedimos a los medios de comunicación, que tienen la forma de llegar a todos los rincones donde los seres humanos hacen su vida cotidiana, que se pongan del lado correcto de la paz, que no hagan del horror la noticia de consumo obligado porque tenemos el alma cansada de la desesperanza que nos lanzan amplificada por todos los medios. No pedimos su silencio, les rogamos que no multipliquen el miedo y no difundan la desazón del pesimismo sin remedio, y que el análisis, visto los dos lados de la noticia, sea el núcleo de lo que informan.
Invitamos a todos los colombianos para que no sigamos esperando a que otros nos entreguen la paz, queremos que sea un propósito de todos y la exigencia de cada familia que esta patria habita.
Nosotros hacemos lo que nuestra conciencia dicta y, desde los hechos culturales, construimos la paz que soñamos. A veces en solitario, otras en plural y esta vez con los niños, los jóvenes y los habitantes de un país que si sigue clamando la paz es porque aún no la tiene.
Pitalito, Huila 27 de Septiembre de 2019
