Para: Revista digital ARRIERÍAS.

“Lo mismo que un san Jerónimo: hueso, pellejo y raigambre/, llorando estoy a tus puertas mis pecados capitales/. Los siete no, los catorce, que a catorce cientos caben/, que cada uno de los siete que en el catecismo se abren/, se hicieron siete y setenta y setecientos azares/, solo por ti, por el gozo pecador de…. ¡aprisionarte!”.
Terminando el bachillerato en el colegio Bolivariano de mi pueblo, Caicedonia, empezó mi afición por la lectura de textos de poemas y la declamación como un arte especial de comunicar sentimientos a través de la palabra, el fraseo, la expresión directa. Trataba de seguir la forma pausada, la entonación y la regularización de la voz acentuando determinadas palabras especiales dentro del texto siguiendo con alborozo y dedicación a uno de los más grandes declamadores de la época que hizo varias grabaciones en un disco de larga duración, el antioqueño, Rodrigo Correa Palacio, hombre de voz profunda, grave, de extraordinaria dicción y vocalización quien en la década de los años 60 revolucionó la radio con sus libretos y la cultura que impulsó desde los micrófonos. Podría asegurar que fue mi maestro ausente en mis inicios en la radio como locutor que luego me servirían para dirigir, programar y trabajar en la UFM Estéreo, la emisora emblemática del eje cafetero perteneciente a la universidad del Quindío.
Los Siete Pecados Capitales, un poema creado por el dramaturgo español José Antonio Ochaíta (1905-1973) tiene como sentido profundo la protesta de un ser enamorado que sufre los sinsabores del desamor ante una bella mujer. Retoma el autor una de las esencias, uno de los códigos básicos del cristianismo, los 7 pecados capitales, a saber Lujuria, Ira, Envidia, Pereza, Soberbia, Gula y avaricia para aplicarlos y dedicarlos a la persona que lo hacía sufrir.
Los siete pecados capitales como doctrina esencial de la iglesia católica, se debe a Gregorio Magno (540-604) quien trató de dar a conocer, según su criterio, los vicios más frecuentes en la sociedad con la obligación de ser superados por los seguidores doctrinales del cristianismo porque se oponen a la moral cristiana.
¿Por qué retomo este escrito poético del español Ochaíta dedicado a la mujer? Pues porque, simplemente, pienso que esos vicios que fueron recopilados en el siglo VII perduran en la sociedad mundial actual y porque creo que son los vicios que están llevando a nuestro país al borde del precipicio sin contar, por ahora, la violación permanente de tanto cristiano o católico de misa y olla que pecan constantemente y violan también, constantemente, los diez mandamientos que son la base doctrinal de estas creencias religiosas. Empezamos:
- SOBERBIA: Es uno de los males de la sociedad más representativos en Colombia. Una élite que cree que por tener poder, dinero, títulos universitarios o linajes mandados a recoger, pueden hacer del país lo que les viene en gana. La soberbia antagoniza con la solidaridad. Es soberbio quien humilla, quien discrimina, quien se cree superior a los demás. De esos bellacos está lleno nuestro país.
- AVARICIA: Principal generador de violencia en Colombia. “No es la riqueza la que corrompe a los hombres sino la ambición de ser más ricos” Los grandes conflictos en nuestro país se han originado por la propiedad de la tierra y han estado encubiertos por luchas partidistas. Tener, tener, acumular, hacer trampas para lograr acumular, asaltar, robar a través de la corrupción al erario público, nuestros impuestos. Bancos y entidades financieras cuya avaricia está llevando a Colombia a una pobreza indignante. La trampa y el engaño son la fuente de muchas riquezas en Colombia de sujetos que posan como “ciudadanos de bien”, pero son asaltantes de cuello blanco, muchos de ellos formados en las universidades más costosas de Colombia y el exterior. Estas acciones son, muchas veces, impulsadas por las mismas familias: “hijo, el dinero hay que conseguirlo legalmente, pero si no puedes legalmente, el dinero…. ¡hay que conseguirlo!
- Lujuria: No implica sólo el sexo para el objeto de nuestro análisis. De la lujuria viven los proxenetas, los violadores de niños, el machismo y la posesión delirante de la mujer a través de la violencia, pero también implica la lujuria de la posesión de bienes. Tanto sicópata que ven en la posesión de bienes el poder lujurioso que les facilita la violación y el estupro.
- IRA:Es la violencia desenfrenada del ser humano cuando sus propósitos, sus fines, se ven frenados, menguados y desatan su frustración contra los objetos o las personas. Se utiliza la difamación, el ataque frontal contra quien o quienes están frenando sus ilusiones, sus deseos, sus fines. Aquí entra en juego toda la población: hinchas frustrados por la pérdida de un partido; protestas sociales que desembocan en asonadas, asaltos y crímenes varios; ambiciosos terratenientes que a través de terceros permiten o contratan bandidos para desalojar de sus predios a ciudadanos inermes ejecutando toda suerte de atropellos y violaciones a los derechos humanos; machistas que ejercen toda su frustración y su ira contra sus familias, sus mujeres o poblaciones minoritarias: negritudes, indios, población discapacitada o LGTB; políticos que incitan desde sus curules o las tribunas a la violencia. Se convierten en apologistas del delito, pero nada pasa porque tienen el poder.
- ENVIDIA: Mal que corroe a toda la población y está muy ligado a la avaricia. Se siente envidia por cobardía, por frustración o por incapacidad. Vemos al exitoso como la persona que se debe destruir. A la mujer bonita que rechaza un enamorado, se le asesina o se le daña su rostro. Cuando se utiliza a la mujer como objeto, la pretensión es reformarla a través de cirugías para convertirlas en muñecas intocables de un solo tenedor porque mi opositor, mi “amigo” mi vecino, tiene otra más bella y curvilínea.
- GULA: Élites o personas con gran poder económico que tiran la comida a la basura mientras que cerca de sus mansiones mueren niños y familias de hambre. Tragan y tragan y luego vomitan y en ese vómito sale la maldad que incuban sus almas. La acumulación y el desperdicio están completamente ligados a la avaricia, así como la envidia señalada anteriormente.
- PEREZA:Mal que corroe la capacidad inmensa que tenemos los colombianos de crear, de trabajar, de ser solidarios. Personas que con un buen trabajo se inventan enfermedades que no tienen, para poder asistir a partidos de fútbol o como forma malintencionada de descansar de las bebetas y fiestas de un fin de semana atentando contra el derecho a la salud de todos los colombianos. Son muchos los sinvergüenzas que aprovechan el sentido del Estado Social de Derecho en cuanto a la solidaridad, para inscribirse en Familias en Acción o en el Sisbén. Son delincuentes que ofician como desamparados, sin serlo, para minar la capacidad del Estado colombiano en el servicio a los más pobres y desamparados.
POST SCRIPTUM: Quedan en el tintero más reflexiones respecto a la esencia de los Siete Pecados Capitales. Usted, amigo lector, puede agregar otros males vivenciales que encajen en estas observaciones y, con seguridad, podrá deducir que el vicio en nuestro país, es una forma de vida, reprochable, por supuesto, pero aunque duela, hay que asumir estas realidades para empezar a cambiar. Si tomamos conciencia de lo aquí expuesto, creo que nuestro país puede empezar a dar el salto a la verdadera dignidad que como objetivo aparece en nuestro Ordenamiento Jurídico.