Ser o no ser / Por Mario Ramírez Monard

 

Para: Revista Digital Arrierías

“Ser o no ser, esa es la cuestión”. Esta pequeña frase de uno de los más grandes dramaturgos, poetas y escritores de la historia de la civilización, William Shakespeare, inglés nacido en 1564 y fallecido el 23 de abril de 1612, encarna el dilema constante del ser humano: pienso -no pienso, -hablo – me callo-, denuncio – miro hacia el cielo-, la llamo – me aguanto, -escribo – no escribo, en fin,  toda acción dubitativa que obliga a  los seres pensantes y vivientes a estar siempre inmersos  en definir una acción, una reacción, un enfrentar, un aguantar.

El monólogo inicial perteneciente a su inmortal obra Hamlet, inicia con una oración que hoy nos hace meditar-parece escrita en la presente década- ante la incertidumbre de los gobiernos y el poder dominante que esclaviza, desaloja, asesina por el poder, detiene, compra conciencias, es corrupto. Es como si hubiese tomado los fundamentos expresados por el gran Maquiavelo en su obra el Príncipe.Por eso el gran Shakespeare literato, escritor y poeta tiene vigencia en el siglo XXI. He aquí una parte de su pensamiento en el soliloquio inicial:

“¿Qué debe hacer el alma noble entre sufrir de la fortuna impía el porfiado rigor, o rebelarse contra un mar de desdichas y afrontándolas, desaparecer con ellas?” Más adelante continúa: “¿Quién aguantaría la lentitud de los tribunales, la insolencia de los empleados, las tropelías que recibe pacífico el mérito de los hombres más indignos, las angustias de un mal pagado amor, las injurias y quebrantos de la edad, la violencia de los tiranos, el desprecio de los soberbios?”

Maquiavelo escribió sobre la forma de ejercer el poder y dejó sentadas unas bases como dogmas para el poder absoluto:

“El que llega al poder debe estar en capacidad de manipular situaciones a través de todos los medios”; uno de sus principios es el reflejo actual del poder: “Se debe ser diestro en el engaño para conseguir la felicidad a través del poder”; otro principio brutal: “para fortalecer el Estado se puede recurrir a la astucia, al engaño y, si es necesario, a la crueldad” y una de tantas con las que finalizo esta parte del escrito: “Si el interés de la patria exige traición o perjurio, se comete”.

Lo de Maquiavelo es mandato, en cambio lo de Shakespeare es  reflexión. Para estas épocas plenas del renacimiento, ya los políticos y los escritores empezaban a tomar partido directo en la conciencia del ser humano para actuar en la posesión del poder sin mirar o medir acciones o para actuar y hacerlo conscientemente, reflexivamente.

Quise hacer este escrito pensando en las grandes posibilidades que tiene el ser humano de ser parte activa de la vida social, económica o política dentro de su entorno vivencial. Ser o no ser es el dilema que debemos resolver en conciencia. Son muchas las personas que se asombran cuando un periodista, un escritor, un poeta, un literato, un historiador se arriesga a escribir sobre lo que piensa, lo que siente y más aún cuando quien lo hace se sale del molde tradicional de la escuela que se ha implantado para defender el statu quo. Muchos quieren expresar sus sentimientos, sus inquietudes  pero no se atreven ya por miedo, ora por las críticas o el temor a las correcciones que se hagan por plasmar su pensamiento. Eso lo hemos sufrido todos, desde los más connotados y con experiencia hasta quienes apenas empezamos a escribir.  Hay que perder el miedo a ser y no que lo venza el no ser.

Con mis experiencias, he clasificado los críticos “literarios” en la categoría de los perversos, la de los insustanciales, los que destruyen y los que construyen. Las críticas hay que recibirlas si se hacen con respeto pero hacer caso omiso de quienes jamás se han atrevido a escribir una carta infantil al niño Dios y utilizan la perversidad que genera la envidia contra alguien que quiera expresar un sentimiento. Hay muchos que leen una obra y comienzan con una cháchara fastidiosa: “yo lo hubiera escrito así”, “me hubiera gustado que cambiara esto”, “y este por qué escribe” y una serie de expresiones que generan miedo en los débiles pero mucha fortaleza en quienes queremos aprender de nuestro errores y continuamos nuestro camino de expresar con respeto lo que pensamos, sentimos o creemos.

Amigos, los invito a ser, atrévanse. Si nos equivocamos, corregimos, si nos leen y felicitan es un aliento que fortalece la voluntad de seguir. Continuaremos haciendo lo que nos gusta. No desfallecer “esa es la cuestión después de superar el no ser.

A escribir, se dijo.

POST SCRIPTUM: ¿Sabían ustedes que el famoso comediante mejicano, el del Chavo del 8, Roberto Gómez Bolaños, tomo su nombre como “chespirito”del inmortal dramaturgo, poeta y escritor Shakespeare?

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