Para la revista ARRIERIAS,
Hay experiencias gratificantes que desde muy pequeño le marcan a uno la vida. Una de las que más recuerdo y ha quedado grabada en mi memoria como una gran aventura, es la de aquel momento que, a mis seis años, tuve la felicidad de montar por primera vez en un campero Willys y de visitar con mis padres la finca del abuelo Miguel y la abuela Eulalia, en la vereda el Frontino, ésta, del municipio de Caicedonia, porque también en Antioquia hay otro Frontino, del cual debió derivar el nombre de nuestra vereda.

Por unas trochas que aún no calificaban de carretera por lo agreste y enlodado el terreno y por estar aún entre cafetales, este campero, cual si fuera una mula, se desplazaba lentamente con su rugir característico y con gran fuerza y, al llegar a unos pantaneros en donde el carro patinaba sin avanzar, el conductor, Bejarano, gran conocedor de esas lides, se bajó y colocó a sus 4 llantas unas cadenas y, doblado y con bajo, logró sacarnos con gran pericia de ese lodazal. Esa que fue mi primera gran aventura en la zona cafetera hizo que desde entonces me enamorara de estas tierras, de estos paisajes y, claro, también de los Jeep Willys.
Con el tiempo, ya crecidito como dicen los mayores, tuve la oportunidad de pasar varias vacaciones en el campo, en las fincas de mis tíos disfrutando con mis primos las travesuras de las caucheras, de la pesca en las quebradas, de subirnos a los árboles, de comer guamas, de perseguir y coger ardillas y también de ayudar en algunas faenas propias del campo como coger café, “volear azadón” y “garitiar” a los trabajadores, encerrar los terneros, montar a caballo y ayudar al ordeño de las vacas. Fueron las vacaciones más agradables quepasé de niño y después de joven, las cuales se veían ya interrumpidas por el nuevo año escolar que debía iniciar.
Fue justamente en una de esas inolvidables vacaciones en que tuve la fortuna de conocer la vereda de Samaria, cercana a la del Frontino, en visita que hicimos a unos amigos y familiares. Aún recuerdo sus casas de bahareque con cercos de guadua en solo dos calles largas que conformaban el naciente caserío y algunos pequeños negocios y toldos alrededor de la pequeña plaza que a la vez servía de cancha de futbol, en esa época, con grandes árboles alrededor y la capilla todavía en proceso de construcción. Con unos hermosos paisajes de cafetales con guamos y otros árboles que les daban un gran sombrío.

Hoy Samaria, la vereda en que felizmente me encuentro ya como residente, ha progresado: tiene ahora dos templos, caseta comunal, un polideportivo, varios negocios, estación de policía, puesto de salud, acueducto propio, cancha de futbol, cementerio, hogares de bienestar para los niños, un gran colegio que ofrece desde pre-escolar hasta grado once y dos miradores turísticos, dos hostales y una discoteca. Y, por fortuna, conserva aún varias de las viejas casas de bahareque y guadua, muy pintorescas y conservadas sus fachadas como fieles testigos de lo que fue la colonización antioqueña, con sugran colorido característico de la arquitectura paisa que ya poco se conserva en los pueblos y ciudades.
Cuentan sus habitantes,los que hoy en su centro poblado suman unos seiscientos, que Samaria fue fundada un doce de octubre de 1928, por don Luis Enrique Hoyos Gómez y su hermano, don Francisco Eladio quien figura entre los fundadores de Sevilla. Ellos, especialmente don Luis Enrique, se radicó con su numerosa familia en este territorio e inició con sus hijos el proceso de derribo de árboles, a abrir montaña y montar fincas para aprovechar la tierra sembrando maíz, frijol, plátano, caña, pasto y luego el café.

Como era tan grande la extensión de los terrenos que abarcó y con su familia no alcanzaba a atender las necesidades de mano de obra, don Luis Enrique consiguió en esa época a un experto en topografía para trazar el caserío y repartir lotes a quienes le ayudarían luego en las labores del campo. Además de las pequeñas casas, se empezó a construir la capilla en donde un sacerdote de apellido Patiño, le cambió el nombre con el que inicialmente se conoció al naciente caserío: la “trampa del tigre”, debido a que, junto a la plaza, cerca del tanque del que se abastecían del agua, cazaron al jaguar que les estaba causando la muerte a los terneros, atrapándolo mediante una red y dándole muerte allí mismo. El nombre de Samaria lo propuso el sacerdote quien había visitado tierra santa y sebasó en algunas lecturas bíblicas que compartía con sus feligreses en una primera misión que se adelantó en la vereda.
Sus primeros habitantes y colonos venían de Antioquia y del viejo Caldas como sus fundadores, pero luego llegarontambién los Hurtado, Quintero, Garzón, Mejía, gallego y se fue poblando el caserío y la vereda con familias provenientes de otros departamentos como Tolima, Cundinamarca, Cauca, Nariño y los Santanderes.
Hoy Samaria, vereda que goza de gran tranquilidad, se encuentra ubicada a 18 kilómetros de Caicedonia, a una altura de 1550 m.s.n.m., se perfila como un destino turístico en la ruta del café, ya que es una de las 411 veredas que forman parte de los 51 municipios reconocidos por la UNESCO como Patrimonio Cultural Cafetero, (P.C.C.) considerado patrimonio de la humanidad, y es por ello que con sus pobladores se adelantan campañas de conservación del patrimonio ambiental y cultural, para brindar a sus visitantes y turistas la mejor atención con una amplia y rica oferta gastronómica, una tienda de cafés especiales en el Mirador de los vientos, en donde además de degustar de las delicias del Café Sello Mujer, y otros cafés de origen, también se puede disfrutar de la vista a 360° del hermoso paisaje cafetero y del avistamiento de aves, de caminadas por senderos ecológicos con guianza turística especializada. Se amenizaademás la estadía de los visitantes, con la música colombiana interpretada por Los arrieros de Samaria, dueto musical que contribuye a conservar la tradición de la música de nuestra patria.
La Samaria de ayer que conservo aún en mi memoria sigue teniendo su encanto natural que hoy disfruto como residente con mi esposa Gloria María y la familia, no sólo por su lindo entorno rural, por su biodiversidad y maravillosos paisajes sino ante todo por la calidad de la gente que la habita, por la seguridad y tranquilidad y por los proyectos que con sentido comunitario adelantamos para contribuir a mejorar las condiciones de vida de sus queridos habitantes y de manera muy especial, a conservar la naturaleza, a defender los recursos y el patrimonio ambiental que permitan desarrollar obras de progreso pero con criterios de sostenibilidad y responsabilidad ambiental.

Samaria, conocido ya como Pueblito de la Cultura cafetera, con sus 91 años de historia, es el mejor espacio para rendir culto a la vieja generación de sus fundadores y de nuestros antepasados que formaron parte de esa gran aventura como fue la colonización antioqueña, a mis abuelos y padres que con tenacidad y esfuerzo lograron contribuir a forjar un pueblo que como Caicedonia hoy se perfila como una gran ciudad pujante y que quiere incursionar por la senda del turismo aprovechando las oportunidades que se tienen en nuestro país para generar riqueza, la que debe servir para alcanzar mejores condiciones de vida de sus habitantes, con progreso, equidad y bienestar para todos. Por eso, cuando ya creo haber cumplido mi misión con la sociedad en mi vida laboral, disfruto de las labores del campo y manejando mi propio Jeep Willys que junto a su placa reza: “Samaria es mi destino”.-
Guillermo Escobar Baena. Mirador de los Vientos agosto 30 de 2019