Para: Revista Digital Arrierías.
Viajar, ya sea a la ciudad, pueblo o vereda más cerca de nosotros. Viajar, ya sea en bicicleta, en bus, en tren o en avión. Viajar, de cualquier forma, es primordial para aprender a entender a los seres y situaciones a nuestro alrededor.
Es necesario viajar para darnos cuenta que hay lugares donde las condiciones de vida son precarias y somos privilegiados de vivir donde vivimos. También es necesario para darnos cuenta que hay lugares mucho más desarrollados, más ecuánimes socioeconómicamente, más seguros y que podemos aspirar a un día ver nuestro pueblo, ciudad o país con esas mismas condiciones.
Hace tres años comencé la experiencia más enriquecedora de mi vida. Con una mochila en mi espalda me aventure a viajar a Europa sola y sin un plan de viaje. Era una viajera mucho más vanidosa y menos práctica. Con el mejor estado físico de mi vida, lo que me permitió cargar 16 kg de cosas innecesarias en la espalda por más de un mes sin parar.

En casi cada parada me reencontré con personas muy especiales, todas con la misma pregunta ¿Por qué este viaje sola? Ni yo misma sabía por qué, pero viéndolo ahora en retrospectiva fue la mejor decisión de mi vida. Tres años viajando en bus, en moto, en tuktuk, en lancha, en primera clase de los aviones más grandes del mundo, en lo que sea con un propósito ¡Abrir mi mente mientras recorro el mundo!
Con el transcurso del tiempo me di cuenta de que eso de no planear un viaje no es del todo bueno; un plan así sea flexible es necesario tanto en la vida como en un viaje.Sin embargo,la falta de planeación ofrece la flexibilidad de vivir la experiencia como lo deseemos. Levantarse tarde o temprano según la energía, irse de una ciudad antes o después de lo pensado, desviarse de la ruta de viaje porque apareció un mejor plan, etcétera.
Desde aquel verano, he estado en lugares que me han quebrado emocional y mentalmente y otros que me han recargado y motivado para comerme el mundo. En algunos lugares la pobreza material le rompe el corazón a cualquiera. Que un niño en pleno crecimiento no tenga acceso a agua potable o la alimentación adecuada para su edad, llena a cualquiera de impotencia e indignación. Sin embargo, en estos lugares con tanta carencia material me encontré con la gente más rica emocional y mentalmente.
Personas que con lo que tenían vivían agradecidos y felices, como no vivimos muchos los que vamos de los países más desarrollados del mundo. Niños con unas sonrisas alentadoras que encontraban el gozo en jugar con tierra en vez de uniPad. Personas que no les costaba compartir lo poco que tenían de comer con un visitante con tal de compartir un momento agradable. En otros lugares, como es el caso de Singapur, me encontré con la representación más palpable del primer mundo. Organización, limpieza y desarrollo evidentes en todo desde sus baños hasta sus ostentosos centros comerciales. Singapur es un lugar realmente despampanante;sin embargo, sumada a todo su esplendor, encontré una desconexión humana proporcional a todo su desarrollo. Un lugar donde ninguna persona en la calle me miró a los ojos y donde no recuerdo que alguien me hubiera sonreído casualmente.
Cada uno de mis viajes ha sido único, con enseñanzas particulares que me he traído a casa. Desde viajar sola y con el celular extraviado por Turquía, quedarme estancada al otro lado de donde tenía que estar en la frontera Bolivia-Perú debido a protestas, vivir la final de la copa mundo en Paris y vivir la euforia francesa tras su victoria,hasta recibir el primer año nuevo en Sydney, Australia, mis viajes me han dejado mil cosas y una mente cerrada no es una de ellas.
Los viajes me han ayudado a crear nuevos patrones de pensamiento y creatividad. Me han ayudado a comprender el comportamiento de los que me rodean. Inevitablemente, me han hecho una mujer más compasiva. Han dejado en mi un gran reto, que es tolerar a esas personas que no han vivido mis mismas experiencias y son a veces rápidas al momento de juzgar toda situación.

Viajar, bajo cualquier circunstancia, me ha abierto la mente y una mente abierta jamás vuelve a percibir las cosas de la misma manera.
¡Viajemos más y hagámonos el favor de ponernos en los zapatos de otros antes de juzgar su comportamiento!