Para: Revista digital Arrierías
Fotografías, cortesía de Héctor Mario López. (Polaco estudios.)
No son mediáticos, no hacen política, tienen escasos recursos económicos para hacer sus trabajos. La pobreza, la necesidad, pero también el arte, las ideas y el trabajo maravilloso de sus manos los lleva casi que en forma obligada a presentar sus obras. Muy pocos tienen acceso a estudios superiores en escuelas de arte, pero son artistas consumados. Trabajan el oro, la plata, los textiles, la gastronomía, los desechos que convierten prodigiosamente en objetos que la gente adquiere y ubica en lugares especiales de sus casas como una muestra del buen gusto. Son los artesanos quienes siguiendo el ejemplo y la tradición de cientos de miles de años, han dejado al mundo verdaderas joyas en todos los continentes.

Siempre utilizan lo del entorno, lo que da la naturaleza; y de objetos aparentemente inútiles o que están en estado de abandono, van haciendo verdaderas obras. Así ha pasado en África, en Asia, en Europa, en Oceanía en América y, por supuesto, en los más ignotos lugares habitados del planeta.
Las muestras artesanales en Colombia han ido adquiriendo una posición importante en el mundo de los negocios al detal y en forma personalizada. Si usted viaja a la bella pero abandonada zona de la Guajira en el norte del país, la etnia matriarcal de los Wayú presenta sus bellas hamacas, sus sombreros y especialmente, los bolsos hilados por las tejedoras ancestrales, sus hijas y nietas. Estos elementos ya hacen parte de la industria de la moda y ellas siguen allá, en medio del abandono estatal, tejiendo hilos y esperanzas para dar un poco de asistencia vital a sus familias.

Podríamos quedarnos en la reseña analizando región por región, pueblo por pueblo, vereda por vereda en nuestro país y esos artistas, callados, silenciosos y humildes están ahí trabajando su arte como medio de subsistencia.
En el Eje Cafetero, Armenia y su feria artesanal en las tradicionales fiestas de octubre ya tiene consolidado un espacio artesanal de fama nacional e internacional, las buenas y grandes instalaciones del colegio INEM. Allá llegan los turistas y sus habitantes de la región a visualizar y comprar los bellos objetos que los artesanos elaboran.

En las recientes fiestas de Caicedonia, uno de los espacios más visitados y de obligada parada de Caicedonitas y turistas fue la zona asignada para artesanías. La recorrí dos veces y allí estaban nuestro paisanos con sus cafés de origen, los alimentos, bisutería, trabajos en guasca de plátano, textiles, kit de chocolates y café, sellos especiales, en fin, variable oferta que la gente visitante adquiría con alborozo y preguntaban, -“¿en realidad, todos estos artesanos son de Caicedonia?”. La respuesta, -sí, son de acá. Quienes recorrían el lugar comentaban -“Están hechos, son unos artistas y merecen presentar sus trabajos en cualquier lugar de Colombia”.

Un orgullo, de verdad, pero empiezan a surgir una serie de inquietudes alrededor de estos paisanos y sus trabajos, bellos trabajos artesanales:
- ¿Porqué, como en el Quindío, no les abren un espacio cubierto para esta bella exposición?
- Las condiciones ambientales de calor y estrechez deben mejorar. Que expositores y los visitantes, locales o de cualquier parte del país, puedan recorrer despacio, en forma tranquila; que haya un buen servicio de sanitarios.
- ¿Por qué sólo hacen este evento cada año? Si los artesanos, en forma organizada y con el apoyo de entidades privadas y la administración municipal presentan sus trabajos cada 15 días o cada mes a través de una previa difusión nivel regional y nacional, la afluencia de público sería constante y una forma de dinamizar la economía del pueblo. Esta exposición debe ser, necesariamente, local y no permitir la llegada al espacio de nuestros artesanos al espacio especialmente asignado.
- Como política pública, debe establecerse un servicio educativo trayendo artesanos expertos en orfebrería, fabricación de instrumentos musicales, cocina tradicional y demás. Se educa, se forma y los beneficios sociales son inmensos.
- Ahí queda la idea que no es exclusivamente personal sino que sale del comentario y el sentir de la gente que nos visita y, por supuesto de nuestros coterráneos. Esta es una forma sana de hacer política social que permite generar trabajo y es, por supuesto, un camino a deshacer los factores de violencia que nos aquejan.
Todo lo planteado anteriormente es lo ideal, que nuestros artesanos, oficio creciente ante el desempleo en Caicedonia, tengan unas condiciones mínimas para que puedan ejercer su orgullosa labor. Lastimosamente ya un “alto” funcionario de la administración les advirtió que ese espacio estrecho, incómodo y con grandes dificultades de movilización por la gran visita de turistas en las pasadas fiestas, no les sería ASIGNADO el próximo año. ¿Entonces? Tonta determinación que va en contra de los deseos de los políticos de perpetuarse en el poder, porque cerrar esta fuente de empleos directos e indirectos, hará reaccionar en contra a la gente. Ojalá esto sea sólo un rumor. Propongo, para el próximo año, las instalaciones de la escuela José Eusebio Caro (así se llamaba hace años), al frente del Colegio Bolivariano para que los artesanos puedan estar allí al menos una semana en período de fiestas. Ahí les queda la inquietud.
Adjuntamos unas pocas fotografías, cortesía de Polaco Estudios, que nos muestran la calidad y variedad de lo visto en la muestra artesanal de estas festividades.