Costosa y cariñosa / Por Esteban Marin Gómez

Universidad del Valle, Sede Caicedonia

Taller de Periodismo Literario.

Para: Revista Digital Arrierías.

Esteban Marin Gomez
Esteban Marín Gómez

En el patio tres de un  Centro Penintenciario; con veintitrés años de edad, se encuentra Aurelio Arias, alias “La perra”, como le gusta que le digan. Cumple una condena de 6 años, que, gracias al buen comportamiento le ha valido una rebaja en la sentencia de 2 años.*

Durante las visitas al Centro Penitenciario he notado como ella sobresale dentro del grupo de internos que participan en las actividades conjuntas que realizan  los compañeros de la universidad.

Desde sus trece años, “La perra”, decidió salir de su casa y buscar trabajo. Empezó a vender droga en las calles del pueblo, especialmente por la “Calle Perdida”, la zona en la que, por historia y por los mismos habitantes, ha sido designada para el expendió de sustancias psicoactivas.

No completó sus estudios, pues tan solo llegó a octavo de bachiller,porque estar en la calle y trabajando era mejor. Allí conoció más personas con las que se incorporó en la venta de estas sustancias, consiguió otro novio, y comenzó a consumir marihuana y perico.

Al cumplir 18 años, empezó a trabajar en cuestiones diferentes de las drogas, es allí en el momento cuando decide trabajar con su cuerpo y ofrecer servicios sexuales, mejor dicho, como ella lo describe, “fufurufiando”, en diferentes pueblos del Departamento, me cuenta que ha sido muy afortunado en cuanto a su trabajo, pues es apetecido por diversos clientes que llegan a pagar sumas altas de dinero, lo máximo que le han pagado es $400.000 por un trabajo que duró aproximadamente media hora.

Fue capturado cuando se encontraba campaneando a unos vendedores de drogas en la 10, e ingresó al Centro Penitenciario con tan solo 20 años de edad, me relata diversas experiencias que ha vivido dentro del centro y también sobre su trabajo. Aún consume marihuana, dice que esa no la va a dejar por que le encanta y no pierde la oportunidad de hacerlo, igual que su trabajo en la calle, pues, al salir espera seguir trabajando en bares de pueblos. Se expresa de forma muy jocosa y algo callejera, pues cuenta que prefiere trabajar dando culito, que robar.

Dentro del centro ha vivido varias experiencias, ha sido cambiada de patio en tres ocasiones, empezando del patio ocho donde tuvo un novio pero que deja porque como ella mismo lo describe era un mal polvo, en pocas palabras “pichamaluco” de allí paso al patio numero uno donde tuvo problemas con los internos por dinero, y así paso al patio actual, al numero tres.

Me cuenta con algo de emoción la atracción que siente por algunos auxiliares y guardias, -es que hay unos muy buenos- dice.

En el sexo como en la vida diaria no se deja pegar, pues no le gusta, aunque pelear sí, y cree que le va bien cuando le toca enfrentarse a alguien más.

Dentro de su trabajo le gusta estar maquillada y bien arreglada, aunque usa ropa de hombre, y no le gusta que la conejien, porque ella lo hace por gusto y no porque la obliguen, asi que por eso espera que todos le paguen, lo único que dentro de su trabajo evita es hacer sexo oral.

De cabello corto y de adornos en el cabello,  “La perra”, algo afeminado y con voz aguda, aunque la modula y ratos se le va y sale su voz mas gruesa, extrovertida, alegre,y trabajadora, pues suele hacer trabajos a los otros internos, como lavar la ropa y demás, y buena amistad con varios de los compañeros. Lleva varios tatuajes porque le encantan y quiere hacerse más.

Pues, por errores de la vida está allá, afirma, pero sabe que a ciertas cosas no debe regresar, es por eso que solo se va a dedicar a su trabajo como acompañante sexual.

*. Se han cambiado nombres y lugares para proteger la identidad.

 

Esteban Marín: Estudiante de literatura, Universidad del Valle

 

 

 

 

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