Por Mario Ramírez Monard
Para: Revista Digital Arrierías
EL GRAN CAMPEÓN
“Las caídas sirven para levantarme”. “Mi principal rival, soy yo mismo”.
Estas frases parecen ser de un filósofo, un andante de larga trayectoria en la vida, un adolescente en tránsito a una universidad, pero no, son de un niño que está empezando su adolescencia. Nació un 18 de octubre de 2006 y frisando los dos años de edad vio a una pequeña hacer sus primeros pinitos encima de un patín y desde allí empezó su amor por este deporte. Lloró, pataleó y sus padres, sosteniéndolo de los bracitos, le acondicionaron por primera vez los patines que han sido y son su pasión, su vida, su disciplina.
Cuando rogó a sus padres que le compraran como regalo la base de este deporte y ante la negativa por ese temor sobreprotector a una caída, una lesión, trataron de llevarlo hacia otras disciplinas para que desfogara su fortaleza de niño en un deporte menos duro, menos peligroso, según ellos. Calladamente, sin protestar, ahorraba su mesada y un buen día apareció en su casa con unos patines comprados por él mismo. Nada se pudo hacer. La voluntad del pequeño y su afición desmedida hizo que sus padres accedieran a su pretensión de patinar y hacerlo en forma competitiva.
No hay absolutamente nada ni nadie que perturbe su concentración cuando inicia una de las tantas competencias en las cuales ha participado. A pesar de su corta edad, lleva siete de ellos dedicado completamente a este deporte que tanta gloria internacional ha dado a nuestro país. Es excelente estudiante, gusta de la lectura y, por supuesto, el patinaje que es su máxima pasión.

Cuando llega de su colegio empieza su primera obligación de dar cumplimiento a los trabajos académicos impuestos y luego se prepara para iniciar su trabajo deportivo. Cuatro horas diarias de preparación, seis días a la semana y su constancia le han permitido ser una de las joyas más valiosas del deporte del patinaje. Llega al sitio de entrenamiento donde realiza su preparación enfrentando a jóvenes de mayor categoría. Su balanceo es perfecto y la mirada fija en la pista siempre atento en observar detenidamente a quienes están a su lado compitiendo. Mide bien los tiempos y, bajo ninguna circunstancia, jamás abandona los primeros lugares, siempre al acecho para salir en el momento oportuno al ataque que le permita ser el mejor, no solo en los entrenamientos sino en las grandes competiciones en las cuales ha participado.
Posee una gran técnica que deviene del trabajo realizado por sus entrenadores y la cual practica día a día, en forma constante dando siempre la sensación a quien lo observa, que será uno de los más grandes deportistas del patinaje en Colombia. Sus profesores lo llaman y saludan como el “monstruo” y sus compañeros y amigos del colegio fraternalmente le llaman “el teso”. Sonríe sin aires de prepotencia sacando a relucir su gran humanidad y su respeto hacia los demás. Hace de la humildad, que la siente y la vive, una forma de enseñanza como indicando que todos podemos lograr lo que queremos, con empeño, disciplina y constancia pero sin desconocer los méritos de los demás seres humanos.
Su nombre ya llena páginas deportivas departamentales y nacionales. Es Juan Diego Yepes Restrepo y sus padres Diego Fernando y Marcela siempre han estado a su lado apoyándolo, animándolo.No le gusta perder y, sin embargo, felicita a sus competidores cuando le ganan en competencia leal, aunquetambién se molesta, sin agredir-por supuesto-, cuando alguien utiliza triquiñuelas como el codazo, el cierre doloso en pista o los bloqueos de que regularmente es objeto porque sus competidores saben de su calidad. A pesar de estas circunstancias, es un ser humano sencillo, cálido y olvida fácilmente los sinsabores de perder cuando compite.

Jamás olvida su primera medalla y su cuarto, ordenado, es un verdadero museo que muestra con orgullo e interés. Ha ganado cerca de 160 medallas en oro, plata y bronce, además de los reconocimientos, diplomas y trofeos que, ordenadamente, hace relucir en su cuarto. Fue considerado el año pasado como el deportista nacional en su categoría. Espacialita en fondo y velocidad, cuando empiezan los últimos metros de la competencia estalla toda esa fuerza y en forma rauda llega para levantar sus manos, elevar las manos al cielo y relucir su sonrisa de satisfacción. El esfuerzo y la disciplina de su arduo trabajo semanal le han dado esos frutos. Sus padres sonríen y su bella hermanita Silvana disfruta como si fuera ella la ganadora.
Su padre no supo de momento responderle cuando cierta vez le dijo:
- Papá, quiero pedirle un favor
- Si hijo, dime.
- Cuando termine mi bachillerato quiero tener un año sabático en mis estudios para consagrarme de lleno al patinaje competitivo. Quiero ser campeón mundial y darles muchas satisfacciones a ustedes, a mis compañeros del colegio San Luis Rey (donde estudia), a mi pueblo Caicedonia, al Quindío donde he recibido todo el apoyo y, especialmente, a Colombia.
- Cuando se le pregunta por su referente en el deporte que ha acogido con tanto rigor, no vacila en responder: es Andrés Felipe Muñoz, doble campeón mundial de patinaje cuyo abuelo, don Alfredo Muñoz fue alcalde de Caicedonia. De él guarda fotos, recortes de prensa, entrevistas y es su modelo a seguir.
Sus padres accedieron y dada su alegría en el vivir cotidiano, la fuerza de voluntad y disciplina en los entrenamientos y su bella forma de ser, seguro lo logrará. Así se forman los grandes campeones del mundo.