Para: Arrierías
De: Comité de redacción
Contra el vacío
“Si la vida es el original, el recuerdo es una copia del original y el apunte, una copia del recuerdo. Pero ¿qué queda de la vida cuando uno no la recuerda ni la escribe? Nada”.
En las ciudades, pueblos y veredas de nuestro país hay personajes que no trascienden en la historia por su sencillez, por no pertenecer a las altas élites mediáticas, económicas o sociales; ciudadanos que eluden la fama, precisamente por su humildad y sencillez. Escritores, artistas, investigadores, maestros, poetas, científicos, en fin una serie de personajes con mucho más criterio y sensibilidad artística y/o social que tanto mediocre que pulula en la política y en los medios informativos; personas del común cuyos trabajos y obras trascienden para la posteridad.

En Arrierías queremos reconocer esos talentos, darles la visibilidad que no buscan como un homenaje a su aporte a la vida, a la sociedad y siempre habrá un espacio para ellos. Hoy iniciamos.
Hace poco llegó a nuestras manos una revista, RUIDO, de la facultad de artes de la universidad de Antioquia donde encontramos un escrito que resalta el trabajo de un bella chica nacida en Caicedonia, Paulina Ramírez Ramírez, hija de Héctor Fabio y Hortensia, de cuyo trabajo de grado final la docente e investigadora de la Facultad, Isabel Cristina Restrepo A. quien escribió, después de la frase inicial del gran escritor colombiano Héctor Abad Faciolince que encabeza esta columna, su criterio del trabajo de nuestra bella paisana. Aquí vamos:
“Recordar, olvidar; más que verbos, acciones y estrategias básicas para la construcción de identidad, para dar sentido estético, social y político a nuestras vidas. Entre el recuerdo y el olvido se da un matiz de transformaciones que oscilan entre la fijación y la extinción. Y es, precisamente entre el recuerdo y el olvido, en ese matiz de transformaciones que se sitúa la obra de Paulina Ramírez, quien a partir de sus memorias de infancia construye una bitácora de exploraciones artísticas en las cuales la imagen, formalizada en distintos medios –de dibujo, fotografía, video, instalación-, se pone a prueba como mecanismo de preservación de la memoria. Cada una de las propuestas de Paulina, se convierte en una suerte de apunte, en un pensamiento plástico, con el cual reiterarla dificultad que supone el tratar de fijar recuerdos maleables y fugaces, en una especie de lucha contra el vacío, como lo expresa ella misma. Así mismo, sus propuestas constituyen una bitácora de exploraciones materiales y espaciales, en sí mismas, que evocan con cierta nostalgia el lugar específico, cotidiano y cálido de la infancia, la casa de la abuela, ahora deshabitada.

Para dar cuenta de esta fugacidad, Paulina acude en muchos casos a exploraciones procesuales en las cuales la imagen se transforma en el tiempo, quedando tan solo el registro en video como una suerte de recurso mnemotécnico que al compartirse con otros, va más allá de la especificidad de la vivencia personal para devenir narración social, en la medida en que cada apunte, cada obra, nos convocan a un espacio de reflexión por nuestra propia lucha contra el vacío, una lucha que se da entre el recuerdo y el olvido”.
A nombre del director, el comité de redacción, los columnistas de Arrierías, y nuestros lectores, expresamos a Paulina, su familia y sus amigos nuestra felicitación y reconocimiento también reflejado por la docente de Uniantioquia quien hizo la reseña. De Caicedonia, hay una nueva artista para nuestro país. Un orgullo.