Para: Revista digital Arrierías.

Según relatos bíblicos, cuatro son los jinetes del apocalipsis que pondrán punto final al paso de los humanos sobre la faz de la tierra: la guerra, la peste, el hambre y la muerte.
Acabo de terminar la lectura de una novela eficientemente publicitada en la reciente feria internacional de libro en la ciudad de Bogotá, literatura entre la realidad y la ficción que relaciona todas las miserias humanas de la violencia, los demonios, la brujería y la fementida lucha entre el bien y el mal; relato novelesco que me llevó a repasar pasajes históricos de la persecución religiosa contra la mujer y la inquisición, quema en la hoguera de seres vivos bajo el espurio argumento de la brujería, posesiones diabólicos, en fin, el poder impositivo de sectas religiosas a través del miedo, el terror, para atrapar a los seres humanos con sus veleidades, sus angustias y la inane promesa de la salvación en la vida eterna al lado de un dios o unos dioses que sobresalen más por la vindicta y sus mensajes violentos que por la paz que deben estar inmensos en sus mensajes.

De esta novela (1), debo resaltar para los lectores de Arrierías, algunos apartes que considero de actualidad y que se enmarcan en la etapa apocalíptica que vivimos en el mundo y Colombia, especialmente.
- “Destrozamos el planeta entero, asesinamos a nuestras hermanas las aves, a nuestros hermanos los peces, a nuestros gemelos los mamíferos. Convertimos la tierra en un basurero y dejamos el aire pintado de negro, el smog. El siniestro logró apoderarse del planeta entero y cada uno de sus lacayos le sirvió de apoyo, fue su cómplice y su compinche. Armó guerras, bombardeó ciudades enteras, masacró poblaciones completas y convirtió un paraíso verde y florido en un infierno atiborrado de latas de gaseosas y plásticos que no son biodegradables. Y nadie se dio cuenta, nadie se quejó, nadie se indignó por ello”.
“Entre los horrores del mundo está el aumento de la lascivia que lanza a los hombres como animales sobre las mujeres para reproducirse de una manera desenfrenada. Y el templo del cuerpo femenino es vilipendiado y tratado como un depósito seminal. Es la degradación de lo divino, de lo puro, de lo sagrado, hasta el punto de convertirlo en otro objeto más para echar al basurero”. (2)
Finales del siglo 19, especialmente las dos últimas décadas, todo el siglo 20 y los 19 años en curso del presente siglo dan una medida del verdadero significado de la catástrofe del apocalipsis, del colapso humanístico en el mundo: guerras, hambre, enfermedades y muerte son la normalidad en el convulsionado mundo contemporáneo. Miles de miles de seres humanos vilipendiados, atacados, heridos, violentados, asesinados y doblegados por poderes políticos al servicio de unos pocos, de una élite que todo lo posee y poco da al pobre, al necesitado, al menesteroso. Los gobiernos son elegidos por ellos, los jueces y las leyes se adaptan a esa élite y nadie puede salirse de la normatividad violentamente establecida. (3)
Conozco a Colombia, mi país. La he recorrido para hablar con la gente, el campesino, el indígena, el trabajador. Estudio su historia, su geografía y he concluido que la naturaleza nos ha dado un territorio privilegiado: dos océanos, riqueza piscícola abundante, tierras fértiles, gente trabajadora, en fin, todas las características para que podamos vivir en forma digna, sin pobreza, pero unos pocos usufructúan y explotan desmedidamente sus recurso y quien lo impida, pues, simplemente, hacen uso del poder, de las armas y de los tres poderes públicos doblegados. Miles y miles de campesinos desplazados de sus tierras o sacados en forma violenta a través de guerrilleros, paramilitares y/o políticos serviles del poder económico.
Ahí está nuestro verdadero apocalipsis. La infame guerra política cuyo origen no está en la doctrina sino en el manejo del odio a través de sectas llamados partidos políticos y mediante la utilización de otras sectas mucho más peligrosas: las de las diferentes religiones, que han desatado ladestrucción como forma de apoderamiento de bienes, el hambre que sufren miles de campesinos y obreros sin trabajo que se desplazan en busca de lugares donde pueden soliviar un poco sus estrecheces económicas, sus angustias, la peste enmarcada en enfermedades mal tratadas o no solucionadas por infames gobiernos y la muerte de cientos de miles de personas, indígenas, negros, obreros, sindicatos, líderes sociales.
- “Hace poco sobrepasamos los siete mil millones de personas. Dos individuos nacen cada segundo. En pocos años hemos triplicado la población mundial. Y en dos o tres décadas más alcanzaremos los nueve mil millones, una cifra escandalosa, salida de toda medida razonable. Lo que la gente se empeña en no entender es que el agua no crece exponencialmente, ni la comida, ni los demás recursos. El dinero, menos. ¿Qué significa eso? Que si en este momento hay más de mil millones de personas con problemas para tener acceso al agua, en pocos años esa cifra será mucho mayor. Cada vez la gente estará más pobre, más hambrienta y más sedienta. He ahí el futuro.
El exceso de vida nos está matando y está aniquilando también a las otras especies. Traer más vida mata. Es todo lo contrario de épocas pasadas. Si antiguamente la moral era reproducirse para asegurar la supervivencia de la especie, hemos llegado al punto en el que todo se dio la vuelta: la única posibilidad de que la especie sobreviva es no reproducirse más. Se trata de una nueva moral de la cual debemos entender que la multiplicación de nosotros mismos es la causa de nuestra extinción y de la extinción de las demás especies”. (4)
Los colombianos somos depredadores de nuestra naturaleza: tala inmisericorde de bosques primarios, incluidos los pertenecientes a la Orinoquia y la Amazonia igual que los bosques de la bella costa pacífica. El arrasamiento de ríos en búsqueda de minerales, el desvío de fuentes de agua parael servicio de empresas agrícolas o grandes magnates; la importación de vehículos diesel que envenenan el ambiente; la guerra inmisericorde ante la mirada absorta o cómplice de los distintos gobiernos y el silencio, también cómplice, de millones de colombianos que hacen mutis por el foro y callan ante la ignominia.
Este es nuestro Armagedón y no hay un Cristo redentor que nos salve
- Mendoza, Mario. AKELARRE. Editorial Planeta, 2019.
- Óp. Cit. Página 190
- Ese mundo de élite puede leerse en la obra investigativa del periodista Daniel Estulin, EL CLUB BILDERBERG. Divulgación actualidad.
- AKELARRE, Óp. Cit, página 302.