Del bicentenario de la independencia y algo más / Por Guillemo Escobar Baena

Escrito para la revista Arrierías, por Guillermo Escobar Baena   06-09-19

Por los bellos países donde el verde es de todos los colores, los vientos que cantaron por los países de Colombia”AURELIO ARTURO en “Morada al sur”  *

guillermo escobarLeyendo por estos días  en el Mirador de los vientos  el libro de William Ospina: “Colombia, donde el verde es de todos los colores”, me llama la atención cuando afirma que “en los últimos tiempos, el destino de Colombia ha sido secretamente envidiar a los que tienen conciencia clara de su origen y en esa medida una idea clara de su destino”.** Justo, cuando  venía tratando de armar  este artículo sobre el bicentenario y algo más, me cae como anillo al dedo dicho texto ya que me permite  confirmar con él  la sospecha acerca de lo desmemoriados, por no decir amnésicos,  que somos los colombianos, con relación a nuestra propia historia y qué poco, o casi nada, conocemos de nuestro maravilloso país.

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Monumento Pantano de Vargas – Foto de la web.-

En este año 2019, se cumplen 200 años de un gran hecho histórico: Venezuela y la Nueva Granada se unieron para lograr una  gran victoria: la independencia de España. Un sueño llamado la Gran Colombia, cuya memoria debe prevalecer sobre quienes dos siglos después,  prefieren seguir agitando clarines de guerra. Ya en el 2010, se había celebrado el primer bicentenario, el del grito de la independencia del 20 de julio de 1810 y de la proclamación de la junta de gobierno de Santa Fe.

La celebración del bicentenario de la independencia que se prepara  este año, hace referencia a lo que la historia nos refiere en cuanto que el libertador Simón Bolívar, después de librar y ganar con los soldados patriotas  la batalla del Pantano de Vargas, se dedicó a preparar el discurso que pronunció ante los 26 delegados en el Congreso de Angosturas en el que se expresaron las bases del gobierno republicano que  eran;“la soberanía del pueblo, la división de poderes, la libertad civil, la proscripción de la esclavitud y la abolición de la monarquía ***.Lo que pasó después, y cómo el sueño de la Gran Colombia se deshizo entre rivalidades y caudillismos, hace parte de otro momento para recordar  y que nos reafirma como 200 años después, se sigue debatiendo el país en el dilema de las polarizaciones, olvidándonos de lo fundamental: de lo que han significado en estos dos siglos la ciencia,  la educación y las letras para el desarrollo de nuestranación  y  la importancia que éstas  tuvieron en los albores de nuestra república, contribuyendo a definir y fortalecer nuestra identidad y de nuestra vocación pacifista, y no guerrerista,  como lo han pretendido mostrar.

Poco, casi nada sabemos o si lo sabíamos no lo recordamos, por ejemplo de  la obra de Juan de Castellanos,  de origen andaluz quien  llegó muy joven al continente y gracias a Él y a su obra literaria, a su poesía, conocimos muchas crónicas del descubrimiento y  de la época de la  conquista a través de sus octavas reales y cantos poéticos que llevaron a considerarlo el fundador de la tradición poética en nuestro país y de al menos siete países latinoamericanos.

También poco recordamos de la obra de José Celestino Mutis, botánico, matemático, sacerdote y expedicionario que contribuyó a descubrir la riqueza natural de América mediante la expedición botánica, destacando la importancia de la quina, haciendo una representación icono gráfica de la flora y la fauna de la Nueva Granada y dando a conocer nuestra riqueza.

José Celestino Mutis quiennació en Cádiz, el 6 de abril de 1732 ciudad en la que se desempeñó como médico cirujano,  se interesó además por la física, la química, la fisiología, la patología y la historia natural. Motivado por la investigación se vino a América, a la Nueva Granada y
a pesar de la dureza del clima tropical, las continuas lluvias, la agresividad de los mosquitos y su limitada salud, se dedicó a la actividad médica. Quedó cautivado por la agreste y exuberante naturaleza tropical, lo que estimularía su estudio por la botánica americana.  Mutis se dedicó a observar y describir desde la medicina popular a los venenos animales, desde las propiedades medicinales de las plantas a la utilización de las aguas, desde la explotación minera a las lenguas vernáculas. Después de mucho insistir ante la corona española, en 1783, logró que se le autorizara adelantar  la real expedición botánica al nuevo reino de granada  que se inició bajo su mando ese mismo año y prolongó unos treinta años más. Esta expedición  fue englobada en el marco científico e ilustrado en el que se fomentaron las expediciones de su época y que se denominó como el «redescubrimiento deAmérica».

Entre sus colaboradores más notables, estuvieron Francisco José de Caldas, responsable de la observación astronómica, Francisco Antonio Zea, botánico y Jorge Tadeo Lozano, responsable de los trabajos zoológicos, todos ellos que aportaron a la fuente de la Historia natural del Nuevo Reino de Granada.

Aunque poco se recuerda o casi nada se  mencionó,  el año pasado, el 2018, se cumplieron 250 años del nacimiento de Francisco José de Caldas, (1768-1816),  precursor de la ciencia en Colombia, referente de diferentes disciplinas científicas  quien además de haber perdido la vida luchando por la independencia de nuestro país, dejó una amplia obra y  como expedicionario hizo grandes aportes a la botánica, a la astronomía, a la cartografía así como a la ingeniería proponiendo por ejemplo un nuevo método de medir las montañas por medio del termómetro, lo cual para la época era un importante aporte.

Así mismo, ya casi nadie valora la obra del geógrafo Alexander Von Humboldt,  primero en concebir la naturaleza como un gran sistema, como una gran red, apartándose con ello de la visión mecanicista y taxonómica que hasta entonces regía las ciencias naturales. Fue también  el primero  en percibir la existencia de los pisos térmicos y su influencia en la fauna y en la flora, detectando además el cambio climático provocado por el hombre. Hizo  correría  como expedicionario por el  paso del Quindío en 1905, igual que lo hicieron tanto conquistadores y  próceres de la independencia que viajaban en sus caballos y mulas en largas jornadas desde Santa Fe  de Bogotá hasta Popayán, en su recorrido hacia el sur, lo que  sirvió sin duda alguna, para un primer reconocimiento de nuestra geografía nacional.

 Esta importante obra de Mutis, de Caldas y de Humboldt,   es posible que  haya podido aportar también al conocimiento de nuestra geografía que continuó  el ilustre militar de oficio Agustín Codazzi, viajero incansable y geógrafo de corazón, italiano quien desde los 17 años se alistó para combatir en los ejércitos de Napoleón Bonaparte y después de la batalla de Waterloo decidió, emprender un viaje de aventuras por el norte de Europa llegando hasta Holanda. En este último país, decide embarcarse hacia Estados Unidos, para participar en el proceso de independencia latinoamericano, como Comandante de Artillería.En 1819, ya en Sur América,  conoce en Bogotá a Simón Bolívar  y debido a su convicción republicana desempeñó diversos cargos militares en Venezuela. Tras la disolución de la Gran Colombia (1829-1830), José Antonio Páez, General en Jefe de la Independencia de Venezuela, le encomienda el levantamiento de un mapa de su país, Venezuela, elaborando no solo datos geográficos, sino físicos  y estadísticos de cada región.

En 1849, Agustín Codazzi continúa su labor de cartógrafo, pero esta vez en la Nueva Granada (Colombia); Codazzi se comprometió en seis años, a realizar una descripción completa del país y levantar un mapa corográfico de cada una de las 36 provincias en que estaba dividido el país en ese momento. Además, después de cada expedición debía presentar un informe sobre el curso de los ríos, caminos, puntos militares, etc. En 1850, con varios especialistas a cargo conformó la Comisión Corográfica, que tuvo como objetivo registrar los recursos naturales de la Nueva Granada, la topografía, el clima, el relieve, la geografía humana, y en especial hacer la cartografía de todo el país.

En este marco de la celebración del   bicentenario, no podemos tampoco  olvidar la obra de Jorge Isaac, (18371895)  autor de la novela La María, a quien se le recuerda  más por escritor pero poco se menciona que este gran personaje  fue un hombre polifacético que se destacó como  político, periodista, explorador  y etnógrafo, que se preocupó por fortalecer la educación en el país como base del desarrollo y fue testigo y protagonista de un turbulento período de nuestra historia en momentos en que se consolidaba la república, época que se caracterizó por las guerras sucesivas entre el poder civil y militar.

Aracataca, la Sierra Nevada de Santa Marta y La Guajira, fueron las principales regiones en donde  realizó sus viajes de exploración etnográfica, de los cuales quedaron informes publicados en el Diario Oficial y en diversos periódicos, y que posteriormente quedaron compilados bajo el título ´Hulleras de Aracataca’. Isaacs, también dejó un trabajo de tipo etnolingüística, ‘Estudio sobre las tribus indígenas del Magdalena’ (1884), en el que daba cuenta sobre las lenguas businca, motilona y guajira.

 En mis reflexiones y lecturas en torno al bicentenario, desde el bello paisaje cultural cafetero de Samaria, vuelvo al libro de William Ospina para entender la relación de todos estos elementos desde la memoria histórica en honor a nuestros expedicionarios y en el libro ya mencionado, el escritor  cita cierto prospecto de una agencia de viajes francesa anunciando así el país a sus viajeros: “Si Usted quiere conocer el Caribe, viaje a Cuba o República Dominicana; si prefiere el Pacífico, vaya a Chile; si su interés es la Cordillera de los Andes, conozca El Ecuador; si busca la experiencia de la selva amazónica, vaya al Brasil; si quiere conocer las culturas precolombinas, piense en Méjico o en el Perú, pero si quiere ver todas esas cosas reunidas, vaya a Colombia”.

Con esto lo que se confirma es que tal vez de manera intencional, se desvía nuestra atención y también nuestra memoria sobre lo que realmente es nuestro país y se desdibuja su riqueza y su identidad cultural por privilegiar la historia guerrerista y violenta, olvidando que una nación  se construye más por el conocimiento, por la economía, por el  trabajo honrado de sus gentes, por la cultura, el arte y la civilidad que por las guerras y los enfrentamientos entre los falsos líderes que por defender sus propios intereses sacrifican el interés general de un pueblo que después de 200 años de historia, lo que quiere conquistar es  la paz.

*AURELIO ARTURO en “Morada al sur”

**WILLIAM OSPINA. “Colombia, donde el verde es de todos los colores”.2013

*** SEBASTIÁN VARGAS.“El bicentenario de la independencia en Colombia”.

 

 

 

 

 

 

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