La Calandria / Por Mario Ramírez Monard

CRÓNICAS DE MI PUEBLO

Para: Revista digital ARRIERÍAS

Por: Mario Ramírez Monard

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Hace muchas décadas, cuando Caicedonia, mi pueblo,  estaba en pleno crecimiento por la llegada masiva de colonos, comerciantes, agricultores,  empresarios, finqueros  en razón de la creciente industria cafetera(siendo este pequeño poblado uno de los más grandes productores de la pequeña y valiosa fruta que daría gran empuje al desarrollo de Colombia), en una esquina del marco de su parque central apareció un Volkswagen, -pequeño auto popular de origen alemán ideado en la época Nazi- que tenía barro en sus láminas y vidrios.

En la parte delantera, colgada del espejo retrovisor interior, una pequeña jaula que contenía  una calandria, hermosa ave canora de trino bellísimo. Un curioso pintor artista, y bohemio reconocido, Pepe Hernández, escribió sobre el fango y suciedad del carro algo que sería el reconocimiento para la posteridad del dueño del auto.  No hizo, como era la costumbre, frases, burlescas, denigrantes o mensajes de amor, apodos o el frecuente:¡lávelo, cochino!; el reconocido y empírico pintor  escribió  sobre el vidrio trasero en letras grandes y visibles: “LA CALANDRIA”, al observar la pequeña jaula y la figurita del ave.

El auto en mención pertenecía a un reconocido comerciante antioqueño radicado en nuestro pueblo de nombre Antonio Jesús Jaramillo Tobón. Si usted, amigo lector, pregunta en mi pueblo por este nombre, estoy seguro que nadie podrá saber de momento por quién pregunta. Pero si indaga por Chucho “Calandria”, inmediatamente identifican a uno de los personajes histriónicos más reconocidos de Caicedonia. En nuestro bello municipio los personajes más representativos, por no decir toda la población, se identifica más por su apodo que por su nombre original y Jesús Jaramillo, el Chucho de esta historia, no fue la excepción. Debe su apodo al pintor de marras.

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Nacido en Andes, Antioquia, desde joven, y luego de pagar su servicio militar, llegó a nuestro pueblo a casa un tío quien lo puso a trabajar en la prendería de su propiedad donde nuestro personaje aprendió ese oficio.  Jamás, en su vida de trabajo, bonhomía y relaciones sociales, abandonó su tradición paisa, su respeto por la familia patriarcal.

Era entrador, de fácil palabra, bromista, chistoso, bohemio, jugador y amigo de todos, sin excepción. Formó una bella familia con una hermosa damita quindiana y aún, con la tristeza de la muerte súbita y accidental de su hijo menor, no dejó de ser el hombre auténtico, solidario. Su dolor y el de su familia por la rápida partida del hijo siempre la llevó por dentro y muchas veces lloraba en silencio su dolor, pero trató de continuar su vida normal con Belma, su esposa y sus tres hijos restantes. (1)

Era el personaje central de las fiestas pueblerinas. Siempre participaba en cabalgatas montando caballos de paso y se divertía con disfraces en bailes y reuniones en los pequeños clubes o reuniones sociales del pueblo. Participaba, también, en las corridas de toros en Caicedonia donde,  generalmente, se “toreaban” animales criollos o cebúes descomunales que siempre tiraban al bulto, Pues cierta vez, dándoselas de torero, un eral lo embistió y ahí terminó su presentación activa  en la tauromaquia.

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Ya propietario de la afamada prendería, peña o montepío (nombres usuales donde la gente le salía al paso a sus necesidades económicas inmediatas, dejando objetos en préstamo a determinado interés), un día llegó al negocio un joven a empeñar un radio

  • Don Jesús, buenos días
  • Hola joven, ¿en qué puedo servirle?
  • Pues vengo a empeñar este radiecito a ver cuánto me puede prestar, por dos meses, mientras resuelvo un problema personal.

En el fondo del negocio, su hijo Luis Carlos, popularmente conocido como Lucas, observaba y escuchaba el diálogo de su padre con el recién llegaba mientras organizaba un traje de torero, de esos que llaman de luces. Hicieron el negocio por una suma determinada.

A los tres días el personaje que hizo el préstamo regresó al establecimiento

  • Hola don Jesús, ¿cómo está?
  • Qué más, home, (apócope de hombre, expresión muy paisa), y vos, ¿cómo estás? ¿Viniste por el radio?
  • No señor. Quiero pedirle un favor muy grande
  • Sí, dígame.
  • Cuando vine con el aparato para el préstamo, el joven que está allá- dijo señalando a Lucas-, estaba revisando un traje de luces, de esos originales de torero que se utilizan en las grandes plazas por toreros reconocidos.
  • Ah, sí. Es de alguien que vino a dejarlo en consignación mientras paga un dinero que le presté.
  • Don Jesús, yo sé que usted es un hombre que le gusta ayudar a la gente. Yo soy novillero y estoy empezando mi carrera en medio de grandes necesidades económicas. Hay una feria en las fiestas de Sevilla y quiero participar. Usted conoce a la familia Ramírez, en Sevilla que tienen fincas. Ellos pueden dar fe de quién soy, pues me conocen. ¿Puede alquilarme el traje?
  • No home, qué pena, Yo no puedo disponer de un objeto que no es mío y debo responder a quien lo dejó empeñado. No puedo hacer eso.
  • Don Jesús, créame, mi carrera va a ser muy reconocida, estoy empezando y de ello depende mi futuro, la estabilidad de mi familia, mis estudios. Usted tiene hijos y hace lo que sea por ellos. –clamaba mientras señalaba a Lucas.
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Lucas Jaramillo

Fue tanta la insistencia, que el buenazo de Chucho accedió a la petición con la condición de que viniera el sábado en la mañana –día de la corrida en las fiestas de Sevilla Valle- y el mismo día, en horas de la noche o en horas de la mañana del día siguiente, lo trajera limpio. El novillero firmó unos papeles, dio un dinero por el préstamo dio un teléfono y una dirección donde residía. Y sellaron el convenio. Por supuesto, Jesús llamó a la familia Ramírez en Sevilla para averiguar bien sobre el personaje y sus amigos certificaron lo dicho. Era novillero y una buena persona.

Pasó una semana y Chucho “calandria”, preocupado porque el novillero no aparecía. Viajó a Sevilla hasta la casa donde, supuestamente, residía el joven. Tocó y apareció una señora de luto, con cara de tristeza y lágrima pronta.

  • Señora, ¿aquí vive fulanito de tal, torero?
  • Sí señor, ¿usted quién es? – Dijo compungida la señora-. Yo soy la mamá.

Chucho narró la historia del préstamo del vestido de luces y el compromiso solemne de que el novillero, el mismo día o el domingo en horas de la mañana entregara el traje.

  • He venido por el vestido porque lo necesito urgentemente.

La señora rompió a llorar y en medio de su tristeza y sus lágrimas, exclamó

  • Ay señor, ese traje, ¡no se lo podemos entregar!
  • Cómo así, y ¿por qué?
  • Pues porque el día de la corrida un toro mató mi hijo y nosotros…… ¡lo enterramos con el vestido puesto!

Afortunadamente para nuestro personaje- Chucho Calandria-, el verdadero dueño del traje jamás apareció a reclamarlo.

  • Jesús fue uno de los icónicos personajes que fueron fuente principal en la elaboración, relatos y emisión del libro ANÉCDOTAS, EXAGERACIONES, MENTIRAS, CUENTOS Y CACHOS DE MI PUEBLO. Tipografía Atalaya 2011. Autor: Mario Ramírez Monard.

Jesús Jaramillo (Chucho Calandria)

 

Un comentario

  1. Son de los mejores chucho gran hombre gran amigo Lucas la réplica de tu padre
    Historia nostálgica y al final feliz con matices los quiero con todo mi corazón
    Huellas como estas no se pueden olvidar 🙅‍♂️🙅‍♂️

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