
Para. Revista digital Arrierías.
Completamos los caficultores del país más de dos años y medio trabajando a perdida por culpa, en gran parte, de los bajos precios del grano en el mercado internacional.
Y no es solamente la cotización internacional la que golpea el bolsillo de nuestros caficultores y campesinos en general: la falta de políticas públicas agropecuarias por parte del gobierno nacional (créditos blandos, control de precios en fertilizantes y agroquímicos, estímulos tributarios, etc.) y el desacertado manejo del fondo nacional del café, ha generado el abandono del cultivo, el desplazamiento de los cultivadores hacia cultivos ilegales y la migración de más de 30.000 familias a otros cultivos, recordando con nostalgia, que las familias caficultoras del país estaban estimadas en más de 550.000 al principio del 2.016.
Y como los ingresos por concepto de la producción del grano son inferiores a los gastos generados para tal fin, se ha empezado a notar en todos los departamentos del país, una disminución en las áreas cultivadas de café. Preocupa como solo en el departamento del Quindío, más de la cuarta parte del café que existía en el 2016 ya no está para futuras cosechas.
Testimonios de importantes dirigentes resaltan que los bajos precios del café están llevando a gran parte del país a una crisis humanitaria. No solo es el ingreso de los dueños de la tierra y de sus familias el que se ha visto afectado, sino, son los millones de recolectores que hoy están cesantes, es el abandono de muchas fincas caficultoras y la afectación de toda la dinámica comercial y de consumo que genera esta actividad agropecuaria.
Ver como la cotización del café en la bolsa de valores de New York se ha venido desplomando de manera constante, al punto que esta semana hizo el mínimo de los últimos nueve años, nos hace pensar que la caficultura en Colombia va de muy mal en peor.
Permita Dios que este oscuro panorama empiece a cambiar rápidamente, porque de lo contrario, la crisis económica y social que se está presentando en más de 800 municipios del país, que mezclado con el problema de otros sectores económicos y el migratorio, convierte a nuestro maravilloso país en una amenaza socialcon matices catastróficos.