Definida como “las características esenciales del hombre”, la condición humana, aseguran muchos, que “el ser humano, no es un ser constituido de una vez y para siempre, él permanentemente está cambiando su propia condición gracias a lo que encuentra en su entorno y que le van creando cambios”.

Por el tiempo andado nos hemos dado cuenta de que estamos hechos de trocitos de vivencias: alegrías, desencanto, tristeza, regocijo, triunfos o fracasos y así recorremos el camino que nos toca vivir antes de que llegue el punto exacto que señala el olvido.
Es cierto que muchos seres humanos son capaces de realizar los más valientes actos de heroísmo y de bondad hacia sus semejantes; hay otros que no tienen límites para ejecutar las más crueles y despiadadas acciones de violencia contra otro u otros seres de humanos.
Así estamos hechos, así vivimos en este planeta que nos toca en suerte ocupar. A diario las informaciones dan cuenta de hechos repugnantes realizados en contra de niños, mujeres o personas adultas. La maldad no tiene medidas. Bombas que vuelven añicos edificios y personas. Golpes que dejan huellas en el cuerpo y en el alma de seres indefensos. Violaciones que causan horror y tristeza.

Pero por otro lado también diariamente, nos dan cuenta de actos de heroísmo, de personas que arriesgan su vida por otro ser humano que ni siquiera es su conocido. Acciones de valor para un rescate en las más escabrosas montañas o maniobras heroicas para robarles a las llamas de un incendio una vida a punto de extinguirse.
Esa es nuestra hechura: esa es nuestra condición de bestias y de ángeles. Nos habita la mayor bondad pero también la máxima crueldad y por eso, no logramos entender cuál es el detonante de del animal que nos habita o del santo que guardamos dentro.
Hace poco, se dio un hecho que ha servido para que los medios de comunicación reseñaran hasta el hastío un suceso ocurrido en el Senado de la República cuando el señor, José Obdulio Gaviria, sufrió un percance de salud.

Lo de su salud fue lo menos noticiado, lo que si fue destacado hasta el cansancio fue la acción de Julián Gallo, un hombre que perteneció a las guerrillas de las Farc, y que hoy es también senador, quien acudió a prestar los primeros auxilios a Gaviría, mediante “rudimentos básicos, de asistencia de primeros auxilios que teníamos nosotros en la guerra. Pero también de experiencias que hemos visto, digamos que es lo que se debe hacer inmediatamente», dijo Carlos Antonio Lozada, el ex guerrillero.

Lo que se ha destacado, como una ironía de la vida, y se ha ponderado como esas cosas de la condición humana, es que Lozada no haya dudado en prestar auxilio a uno de los más acérrimos críticos de los integrantes de las Farc que se acogieron al proceso de paz y quien no ha desperdiciado oportunidad alguna de dar a conocer su crítica reflexión sobre el particular.
Muchos entendemos ese gesto de Lozada porque en la guerra, tanto los que la hacen como quienes la padecemos, se aprende a valorar la vida.