EXTREMISMOS CULTURALES (I)
Para la Revista digital ARRIERÍAS
“Dios Todopoderoso creó el deseo sexual dividido en diez partes; de ellas, dio nueve partes a la mujer y una al hombre”. Alí, Marido de Fátima fundador del movimiento Shií. (1)
Antes de empezar a desarrollar la tesis central de este escrito, es preciso aclarar que, en su sentido, no hay la más mínima pretensión de menosprecio ni exclusión de ideas de tipo religioso, político o de menoscabo hacia tradiciones culturales milenarias en los distintos continentes donde los seres humanos se han establecido y organizado con las vivencias de usos y costumbres que les son propias.
De hecho, partimos de la base de que muchas de esas costumbres son desconocidas por las sociedades humanas que desarrollan su entorno de vida en sitios distantes y, por tanto, una costumbre, un comportamiento o muchas acciones humanas que se siguen o se respetan por una tradición, algunas chocan frecuentemente con los usos y costumbres de otras sociedades atrasadas o más desarrolladas.
Este escrito que hoy presentamos para Arrierías 6, hace parte de un trabajo de investigación para un libro que tenemos en proceso de revisión(2) que pretende denunciar la situación de la mujer en los conflictos armados o la discriminación generada por violencia de género en las sociedades humanas.

El encabezamiento de esta columna nos da una idea del contenido de la misma, pues ese axioma de tipo sexual es uno de los establecidos en el mundo musulmán, en el Islamismo, siendo el Islam, por definición, la sumisión que sus adeptos o seguidores deben tener respecto de los postulados establecidos en el Corán(relato), el libro sagrado de los musulmanes -como la biblia lo es para católicos y cristianos-. Musulmán es, entonces, el que se somete a la voluntad y a las leyes de Dios. Toda ley islámica, proveniente del Corán, se conoce como la Sharia.
No vamos a entrar en disquisiciones teóricas y/o históricas sobre la aparición de esta variable religiosa monoteísta, ni de su creador o inspirador, el profeta Mohamed o más coloquialmente conocido como Mahoma, historia de iniciación que se remonta al siglo VII de nuestra era, esto es, muchos siglos después de la aparición del cristianismo para el mundo religioso. Es un hecho real que su creador, Mahoma, nació en la península arábiga en medio de una cultura de pastores nómadas y de hombres dedicados a la guerra donde las niñas o las mujeres tenían un valor muy limitado, tanto así que hay registros históricos de niñas abandonadas en el desierto una vez nacían por ser para ellos “una carga” y no estar preparadas naturalmente para la guerra. Apreciaciones como “los hombres tienen a cargo a las mujeres, porque Dios ha hecho a los unos para aventajar a las otras, y porque gastan sus propiedades”, o esta otra sentencia: “las mujeres son más emotivas que los hombres, porque Dios las ha designado para que se ocupen de los hijos”; otra más brutal y diciente: “respeta a las mujeres que te han dado la vida, pero si las mujeres son desobedientes, amonéstalas, mándalas a otro lecho, castígalas”.

Todos esos mandatos anteriores no son muy lejanos de la apreciación que tenía uno de los más renombrados líderes del cristianismo primitivo: San Pablo, el evangelista quien sostenía una tesis referente a la supuesta culpabilidad histórica de la mujer en el supuesto y etéreo “pecado original”, diciendo que “la mujer fue el instrumento de la caída del hombre en el Edén y por eso no podían ir descubiertas en su cabeza cuando entraban a la “casa del Señor”. (3)
El Corán (Azora XXIV: “La luz”), empieza a establecer muchas limitaciones a la mujer que, en sentido estricto, no lo son para los hombres, por ello dice a la letra: “Di a las creyentes que bajen sus ojos, oculten sus partes y no muestren sus adornos más que en lo que se ve. ¡Cubran su seno con el velo!” De hecho, en los países islámicos fundamentalistas la exigencia de estas normas obliga, sin excepción, a todas las mujeres dentro del territorio, incluidas mujeres extranjeras.
“En muchos países musulmanes las mujeres son custodias del honor de sus parientes masculinos. Si una mujer comete adulterio o una hija tiene relaciones sexuales antes del matrimonio, o incluso si se sospecha que ha podido hacerlo, deshonra a su padre, sus hermanos y a veces a la familia entera que lleva su nombre. Disminuir o eliminar el placer sexual es disminuir la tentación; un recurso en caso de que los preceptos religiosos sobre el velo y la reclusión fallen de algún modo en su cometido”. (4)

Para aminorar esos “perversos deseos en la mujer”, algunos países han tomado determinaciones como la aplicación de una especie de contrato llamado Sigheh, que estaremos desarrollando en nuestra próxima entrega.
POST SCRIPTUM.
En el mundo actual, a pesar de los avances en cuestión de Derechos Humanos (DDHH y el Derecho Internacio0nal Humanitario (DIH), la situación de la mujer con respecto al hombre está en desbalance. La desigualdad, la misoginia, la exclusión, el esclavismo y la violencia generalizada son hechos cotidianos. En algunos países se avanza. En otros, como Colombia, aparecen unos derechos fundamentales expresamente determinados en nuestro ordenamiento jurídico donde aparecemos como un ESTADO SOCIAL DE DERECHO, pero la mujer continua viviendo y sufriendo la violencia de género. Otros países, con sus usos y costumbres, siguen viviendo en épocas arcaicas y la mujer debe seguir en sumisión, por mandato de secta o religioso, costumbres sociales o determinaciones políticas. Una vergüenza.
Próxima entrega: La violencia sexual.
- Brooks, Geraldine. Un Mundo bajo el velo. La vida oculta de las mujeres musulmanas. Editorial Grijalbo, España 2001
- Ramírez Monard, Mario. Tu Historia, Mi Historia, Nuestra Historia. En proceso de investigación para edición y publicación.
- Brooks, Geraldine. Óp. Cit. Página 27
- Ibídem, página 62
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